martes, 11 de octubre de 2016

El 12 de octubre tengo algo que celebrar

Es verdad que en la colonización, conquista y posterior gobierno de los territorios de ultramar se cometieron barbaridades, pero también se hicieron muchas cosas buenas. En el balance, me gusta la civilización europea que llevaron, la considero un avance (con todo lo negativo que también debe recordarse) con respecto a unos pueblos que por muy originarios que sean, ya no son los míos.
Yo mismo soy descendiente de europeos, por todos los costados (Della Costa, Brüggemann, Piaggio, Krämer, Echevarría, Swindt, etc... son apellidos de mi familia, mapuches de pura cepa, como se ve). ¿Y eso qué? ¿el hijo de europeos no puede ver una injusticia europea y denunciarla? ¿no puedo como inmigrante europeo estar en contra de la colonización? ¿el hecho de que yo sea de origen europeo me incapacita para denunciar la barbarie europea?
No, si realmente pensara que la conquista implicó una injusticia total, una barbarie en el pleno sentido de la palabra, tendría todo el derecho de denunciarla, haciéndome al mismo tiempo cargo de reparar la injusticia, y abandonando inmediatamente el continente, desde ya. 
Pero la pregunta es más compleja de lo que parece: la conquista abrió un proceso histórico largo, del cual mi propia existencia es sólo un eslabón, ¿puedo entonces rechazarla de plano?
Suponiendo que en el origen de los pueblos americanos actuales hubiera realmente sólo genocidio, expoliación y barbarie (y es seguro que no hay sólo eso, y tal vez ni siquiera hay eso!), el sólo hecho de que los que somos herederos del proceso civilizador estamos rectificando con nuestra propia existencia la historia, hace que el proceso histórico sea fundamentalmente bueno, y no fundamentalmente malo.
Camus lo escribía respecto de la sangrienta historia europea del siglo XX: "todo el continente se revuelve buscando una justicia que pretende ser total", y en el mismo artículo (El destierro de Helena, si mal no recuerdo): "no podemos vivir odiándonos".
Los procesos históricos son conducidos por personas que aparecen, obran un poco bien y un poco mal, y luego desaparecen, mueren, y nuevas generaciones de personas, que obrarán también en la medianía de lo bueno y lo malo, los reemplazan. La justicia total no es un posible histórico. No se trata de la grandeza de la utopía, sino de la vaciedad de lo imposible. Aunque fuera cierto que la tierra de mis tatarabuelos era de los mapuches, la tierra que yo piso es tan justo devolvérsela a los descendientes de los mapuches originarios como dejármela a mí, porque ninguno de los dos somos parte del momento de injusticia, los dos sufrimos con cualquier opción que se adopte. Lo justo, entonces, no es llenarse la cabeza con rectificaciones imposibles del pasado, sino realizar algo conjunto en el presente.
La historia sólo avanza en una dirección, aunque nunca podamos en un punto saber cuál es.
En Centro y Sud América hay un gran sustrato indígena, cosa que no hay en el Norte. Sólo eso muestra que no hubo tal aniquilación generalizada de Río Grande para abajo. La independencia de los estados americanos se hizo en nombre de la racionalidad y la libertad, la autonomía, y no sé cuántas cosas más que nos iban a curar de los males de haber pertenecido a la bárbara España, y ahí tenemos: 200 años de dar tumbos, con la racionalidad a cuestas, sin saber qué hacer para ser buenos pueblos, así que dejen de echarle la culpa a Colón si América la pueblan seres humanos que roban y expolian hoy.
Yo me alegro de mi idioma, y de los demás idiomas que conozco, me alegro de haber hecho una carrera universitaria en una universidad heredera de los bárbaros del siglo XII, me alegro también de que me hayan evangelizado, y me hayan permitido que a 12.000 Km de Europa, mi país perteneciera a una civilización como la que pertenece.
Y ahora que estamos a tiro de la racionalidad europea, ahora sí a inventar una nueva forma de vida, que sea verdaderamente americana, sin tanto llantito vacuo por un pasado que no podemos modificar y que ni siquiera sabemos valorar en su justa verdad.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Poietés

De normal hablamos del lenguaje binariamente: mensaje y forma, comunicación y expresión, y hasta la grosera "envoltorio" y "contenido" (como si se tratara de caramelos). Pero el lenguaje no es binario sino -como mínimo- trinario:
-el lenguaje siempre habla desde una Forma. La forma me es dada, no la puedo inventar yo, la puedo ir modificando, y en la medida en que las modificaciones van desindividualizándose, haciéndose patrimonio común, van enriqueciendo la Forma.
Es mucho más que el "código" en el esquema de la comunicación, porque la Forma da forma real a la comunicación en todos sus aspectos: antes de que haya Forma, ni yo sé lo que quiero comunicar, es en la Forma, que me precede, donde la comunicación adquiere realmente sus contornos.
-y apareció el segundo elemento: la comunicación, el "mensaje", el "contenido"... sólo concesivamente hablo de "mensaje" y "contenido". En realidad la comunicación envuelve más: también el proceso por el cual el destinatario toma contacto con él; no se sabría decir dónde acaba el "contenido" y comienza la recepción.
-y está finalmente la "expresión", la forma concreta desde la que me apropio de la Forma y la digo: nunca la Forma da forma en abstracto, siempre es en concreto, en cosas tales como un "estilo", unas maneras personales: este escrito, que es una poesía o una prosa, que es un soneto o una elegía que canta la muerte de un señor, es la elegía indudablemente cantada por J. o por R.: sólo él se ha apropiado de la Forma de tal manera que deviene SU expresión. Es su Poeta.

Dije "y finalmente", pero en realidad se podrían desglosar quizás nuevas dimensiones. A mí me parece que estas tres dan suficiente cuenta del transmitirnos unos a otros las palabras, pasarlas de mano en mano e ir dejando en cada uno más -y no menos- de lo recibido. Y quién lo dice es siempre "poeta", "poietés", a lo griego, porque fabrica la palabra, una palabra que sólo a veces es poética.
Siempre me pregunto cuándo una palabra es poética. Ya sé que mucha gente tiene en claro el asunto, pero yo no. Con lo importante que me resulta que haya una palabra en el mundo que sea poética, sin embargo no sabría cómo decir cuándo una palabra es poética:

«No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor...»
(Juanele, De las Raíces y del Cielo, "Ah, mis amigos, habláis de rimas...")

Es hasta el día de hoy la única "definición" que me parece aceptable: la palabra poética nos saca de nuestros aposentos, nos lleva a cielo abierto, al raso, en el frío de las noches sin ninguna guarida ni escondrijo cerca. Nos deja allí, a la intemperie, a mirarla.
El peligro de la palabra: «Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?» (Juanele, "Deja las letras..."). Nos envuelve en sus redes sensibles, "ay, qué sutil", o "qué agradable", "mira qué profundo este verso", "increíble que el poeta haya podido decir esto"... ¿el poeta? ¿quién dijo que es el poeta el que lo dice? El poeta es posiblemente poietés de todas las palabras, excepto de la palabra poética. También el poeta ha sido llamado en ella a ese desierto donde, crucificada, la encuentra hablando en la intemperie, y allí se queda. Al revés que el esclavo de Platón, que libre de sus cadenas sale a la luz, el poeta, que podía ser libre, votar, gozar con la fantasmagórica anomia de las ciudades queda ahora encadenado a la intemperie: ya no ve, es de noche; ya no elige, es esclavo; ya no puede amar.
¿Y todo esto para qué? me dirán. Único remedo humano, simbolema del mundo trascendente donde Uno se entrega por otros para que todos puedan entregarse. "Para el invento del amor", dice Juanele. Y aun sobre ello, en palabras más prosaicas pero con experiencia de la palabra poética dirá A. Schökel: «la capacidad de engendrar una experiencia vicaria, o sea, de hacer entrar al lector en situación y permitirle revivir a su modo la experiencia comunicada.» (L. Alonso Schökel: Los Profetas, I, pág. 15).

domingo, 20 de septiembre de 2015

Traición de un retruécano

El Papa ha citado una vez más ese retruécano popular «quien no vive para servir, no sirve para vivir», en la homilía de hoy en La Habana. Además lo ha dicho con toda "solemnidad", pesando las palabras.
No pretendo hacer ninguna crítica "de calado" a la homilía; al contrario, creo que el Papa habla hermosa y sencillamente, y del conjunto emerge una guía accesible a todos para una vida concreta en sintonía con el evangelio. Sin embargo no es la primera vez que el Papa cita esa frase popular, muy ingeniosa por el retruécano, pero bastante poco cristiana, aunque se atribuye a la Madre Teresa, o a San Agustín.
La fe cristiana se caracteriza por reconocer que la vida que Dios nos da está por encima de lo que personalmente merecemos... ¡incluso el mayor pecador "sirve" para vivir! como lo dirá el mismo Jesús en la cruz al terminar exculpando a sus propios verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Ese corazón del evangelio, esa aceptación de todos, hasta del mayor pecador, sin condiciones, nos distingue de las ideologías, incluso de las que, con buena voluntad, están también a favor de los débiles y desposeídos.
Eso está siempre presente en los discursos del Papa, y de ninguna manera pretendo juzgar su decir por sólo una frase que contradice un largo discurso en favor de la aceptación, la misericordia universal, los brazos abiertos a todos. Es sólo una frase, pero lamentablemente es la frase que los medios (los medios más cristianos, incluso News.va) han escogido para titular y resumir esta homilía del Papa, y de alguna manera su pensamiento.
Yo creo que cuando el Papa cita esa frase, realmente no se ha parado a pensar en lo que significa en su conjunto. Traiciones que nos hacen los retruécanos y en general las frases hechas que, a veces, sin darnos cuenta, piensan en lugar de nosotros.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Algunos aspectos negativos de la apologética por internet



Quiero dejar claro de antemano que no rechazo la apologética católica como tal; creo que cumple una función insustituible: desde estar allí prontos a deshacer un equívoco sobre la práctica religiosa, sobre el funcionamiento de la Iglesia, etc. hasta ayudar a desmadejar más en profundidad los juicios contrapuestos de nuestro propio espíritu, que muchas veces no nos dejan ir a Dios con una confiada entrega de sí mismo.
El problema es que hay apologética buena, medianita, peorcita y decididamente mala. Alguna apologética hay que es un simple "argumentario" que contrapone al argumentario del mundo su propia tira de interpretaciones, y el resultado es que la persona simplemente se ve abocada a aceptar ideológicamente las cosas, no a comprender y crecer.
Hoy leí un artículo interesante que se titula «Asistir a la iglesia, clave para la buena salud mental entre los mayores europeos»; parece el típico "un estudio de la Universidad de Michigan demostró (en una muestra de tres seres humanos) que los que comen tomate hablan mejor", pero las escasas explicaciones prometen (lástima que seguramente no habrá forma de hacerse con el estudio entero).
Se trata de un estudio científico, así que si está bien hecho va a lo suyo y punto, el que quiera encontrar significado apologético que lo encuentre. Naturalmente, ese significado no se hizo esperar, y así viene el tuit de Mons. Munilla (@ObispoMunilla):

Pequeño tuit, pero que contiene lo que a mi entender son dos errores apologéticos habituales en la apologética católica, y que nos hace tan antipáticos:

1- No entender que nadie tiene obligación de querernos, de entendernos, de aceptarnos...
¿Por qué voy a llamar "censura laicista" a que los grandes medios no estén interesados en promocionarnos? No tienen por qué: no publican todos los estudios científicos de todas partes del planeta, publican los que sirven a sus gustos, a conformar a su público, etc. es decir: lo lógico.
Si quieres que alguien conozca ese estudio, publícalo tú, en tu tuitter, en tu facebook, si eres Mons. Munilla, envíaselo a la COPE, que es de la tribu, habla con algún amigo del Mundo a ver si a cambio de algún favor quiere publicar la noticia.... pero no esperes que quieran publicarla porque eres católico y tienen la obligación de darse cuenta que tienes la verdad de tu parte...
Tal como está redactado, el tuit genera mal clima, no es apologético: se dirige más bien a los de adentro, para mostrarle lo pobrecillos maltratados que son, no hacia el mundo para hacernos llegadores. Y por supuesto a partir de una errada interpretación de lo que es ser "maltratado".

2- La noticia misma es dudosamente apologética:
Lo único que muestra es que puedes "sentirte bien" yendo a la iglesia; el mismo experto añade:
«no está claro para nosotros cuándo esto es debido a la misma religión en sí, o si puede ser motivado por el sentido de pertenencia y de no ser socialmente aislados».
También hay gente que se "siente bien" con una tarde de promiscuidad en el sauna, viendo Telecinco, o en mil otras cosas que nos hacen sentir subjetivamente bien, aunque objetivamente sean poco recomendables... :-)
La noticia no es inmediatamente apologética; tomada como tal consolida una religiosidad ya excesivamente antropocéntrica: «la religión es buena porque te hace "sentir bien"».
Podría ser apologética si se presenta indirectamente; "mira qué curiosidad esto", o "van a la Iglesia por Dios, pero reciben la añadidura", algo que deshaga la idea de que ese estudio capta en algo nuestra experiencia personal y religiosa de ir a la Iglesia.
El peligro de una mala apologética en este aspecto es prometerle a la gente algo que luego no se le cumple. Posiblemente la gente que se "siente bien" yendo a la parroquia es gente que ha ido toda su vida, que conoce por nombre hasta las baldosas de la sacristía, y entonces forma parte de esa estructura y allí "se siente bien"; pero invita a cualquiera de la calle a la parroquia, incluso bien dispuesto hacia nuestra fe, o incluso siendo un buen creyente, mételo en una de nuestras parroquias, con todas las pruebas que hacemos pasar a la gente para aceptarlos, con las cuchilladas que nos tiramos unos a otros todos el tiempo por todo, con el cotilleo que hay, con toda la negatividad de las parroquias (normal en gente que no es santa sino que sólo pretende ser hecha alguna vez tal), y luego vemos si "se siente bien".
No vamos a la iglesia a "sentirnos bien", aunque a menudo ocurre que nos sentimos bien yendo, pero es un efecto colateral, teológicamente es una añadidura (Mt 6,33), no algo que deba ni siquiera darse por supuesto que lo ofrecemos, porque no lo podemos ofrecer, y cuando lo hacemos, es simple propaganda engañosa.

martes, 4 de agosto de 2015

¿Por qué no una mujer cardenal? Una dirección de respuesta al P. Fortea

No he leído el libro del P. Fortea sobre el tema, sino que he leído el articulo de AciPrensa que menciono en este escrito; así que mis opiniones sobre las opiniones del P. Fortea, y la idea sobre él que me hago a partir de esas opiniones están mediatizadas por la selección de citas que ha hecho AciPrensa, y no valen más que para la dialéctica de este escrito.

¿Podría una mujer ser creada cardenal? Famoso exorcista Fortea responde en nuevo libro

Bastante dudosa es la autoridad que le da el ser "famoso exorcista" como para escribir sobre este tema. Desde luego que no más que la mía para responderle.

Al abordar la posible creación de mujeres cardenales por parte de un Papa, en el capítulo “Mujer y Cardenalato”, el sacerdote español advirtió que esta es “una de las cuestiones que la presión social planteará con más frecuencia” en los próximos años.
Ya empezamos mal, ¿por qué la "presión social" y no el "interés en profundizar en la eclesialidad", por qué la "presión social" y no el "interés por renovar para mejor la Iglesia, e incluso en cuanto a justicia"?

Comenzar por situar la cuestión dentro de la "presión social" es negarse a ver nada fuera de lo ya visto: si algo cambia es porque "se rindieron los que tenían que custodiar que NADA cambie". Con muchos P. Fortea en la Iglesia inicial.... ¡no tendríamos iglesia! Porque vaya si la Iglesia inicial, y los siglos II, III, IV, V, etc... cedieron a la "presión social", es decir, simplemente a lo adecuado para cada momento histórico, que puede ser distinto y nuevo respecto de lo anterior.

“Los que están a favor de esta posibilidad, alegarán que el cardenalato es una dignidad, no un sacramento. Y que, por tanto, solo depende de la voluntad papal”, señaló.
No se trata de estar previamente a favor o en contra. La gente altamente ideologizada cree que todos los demás también lo están. No es un problema de estar a favor o en contra, es que realmente es una dignidad, creada por voluntad papal, no un sacramento.

El P. Fortea indicó que quienes “están a favor de elevar a la mujer a la dignidad cardenalicia, lo hacen o desde la equivocada idea del sacerdocio de la mujer o desde la idea de que el Colegio también debe representar a las mujeres dentro de la Iglesia”.
Él entiende (lo dice luego) que representar en los dirigentes de la Iglesia a todos los miembros de la Iglesia es lo mismo que parlamentarismo, por tanto es normal que con esa falta de imaginación la única alternativa que se le plantea es "o sacerdocio femenino o parlamento", como si no hubiera más motivos por los cuales fuera bueno que hubiera mujeres en el Sacro Colegio Cardenalicio.

“La posibilidad del sacerdocio para la mujer ya está perfectamente contestada por el magisterio ordinario de la Iglesia”.
Eso es, sencillamente, falso, y muchos persisten en engañar a la gente diciéndole eso. No está cerrado porque SS Juan Pablo II no lo cerró, pudiendo hacerlo. Produjo una declaración suficientemente ambigua para que no sea una declaración dogmática en forma, pero que los P. Fortea y Cia pudieran usar como si lo fuera. Eso mismo, el hecho de que lo haya hecho en esa forma y no con claridad muestra que SS Juan Pablo II no consideraba aun que fuera el tiempo de cerrarlo en forma.

Puede ser que el sacerdocio femenino sea una vía cerrada, así como la Iglesia estaba en conjunto convencida de la Inmaculada Concepción de María mucho antes de declararla, pero mientras no esté real y formalmente declarado, con los procedimientos y el lenguaje que la propia Iglesia exige para sus declaraciones, no es cierto que esté "perfectamente contestada desde el Magisterio".

De todos modos, esta frase que cita AciPrensa es para confundir y crear bandos, ideologías: porque de lo que estamos hablando es de si una mujer puede ser cardenal, no de si puede ser sacerdote.

El sacerdote español advirtió que “si el Sacro Colegio fuese elegido bajo el criterio de intentar representar a los grupos que componen la Iglesia sería una misión imposible”.
“Además, es que la misma idea de este tipo de representatividad implica una especie de parlamentarismo, que es totalmente ajeno a la naturaleza de este Colegio”.

¡Esto sí que ya es gracioso, si no fuera estúpido! ¡O sea que para evitar la dificultosa tarea de que el SC represente a todos los grupos, entonces lo bueno es que sólo represente al grupo al que él pertenece....

Y lo que sigue completa la idiocia:

“No hace falta un gran ejercicio de imaginación, para entender a qué luchas de influencia nos abocaría un sistema así. Ese sistema favorecería las presiones internas y externas, las campañas de opinión pública, los juegos de influencias, las ayudas recíprocas. Las luchas del mundo se trasladarían al seno de la Iglesia”
jajajajajajajajaja, ¡es que sin mujeres no hay luchas y presiones mundanas en el Sacro Colegio!!!!!!!
Como todos saben, el Sacro Colegio es un ejemplo para el mundo, precisamente porque allí no se dan presiones, no hay lobbys, etc....
El error fundamental de la postura de Fortea (y de tantos otros) es creer que la mujer es "un grupo", como puede haber un grupo de "jóvenes", otro de "trabajadores", otro de "educadores", etc. Por tanto, cuando se habla de la mujer en funciones de gobierno dentro de la Iglesia enseguida lo asimilan a la representatividad parlamentaria. Más abajo me ocupo más en detalle de ese asunto.

“Jesús escogió a los Apóstoles, y los Apóstoles escogieron a sus sucesores, sus sucesores escogieron a los presbíteros. Como se ve, la línea es vertical descendente. Esto simplifica todo el sistema e impide el tipo de ajedrez eclesiástico de influencias que antes he mencionado. Eso sí, se impide en la medida en que la debilidad humana puede hacerlo”.
Entonces el error no es introducir mujeres en el Sacro Colegio, sino crear el Sacro Colegio, que precisamente no tiene nada que ver con esa línea vertical que tan ingenua como tontamente mete aquí en medio, en algo que no se está discutiendo. El P. Fortea sigue hablando de sacerdocio, no de colegio de cardenales... Jesús no creó el colegio de cardenales, ni ordenó crearlo.

“Jesucristo no quiso que las mujeres estuvieran representadas en la Última Cena. Incluso en un momento tan trascendental, no nos consta que dijera a su Madre: ven a la Cena en representación de las mujeres."
NO NOS CONSTA, ¡exactamente! como no nos consta:

La edad que tenía Jesús cuando murió, la fecha cierta de la última cena, si fue o no la comida pascual judía, la fecha en que nació, la altura que tenía, cuántos lo seguían, si hablaba arameo, griego o ambos, si sabía leer, etc etc etc etc etc etc etc.
De Jesús y lo que hizo en la historia sabemos lo muy mínimo que se necesita para poder confesar que es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y que murió y resucitó por mí. Nada más se conservó, posiblemente para no distraernos. Si supiéramos que era alto, algunos no lo seguirían porque no les gustan los altos, y si supiéramos que era bajo, otros no lo seguirían porque no les van los bajos... así que en los evangelios no tenemos distracciones, no tenemos "datos innecesarios".

Saber cuántos estaban en la última cena y si había o no mujeres es un dato innecesario. Porque la Iglesia no lo necesita para ser Iglesia en la historia, ella, la Iglesia, bien puede, y debe, encontrar caminos para que todos sus miembros puedan llegar en ella a una plenitud de vida cristiana, según cadas momento histórico. En nombre de eso la Iglesia creó muchas instituciones -como un colegio de cardenales- que Jesús no había mandado ni creado él mismo.... las instituciones de la Iglesia no fundadas por Jesús de manera directa no tienen por qué imitar un cuadro de Da Vinci.

El artículo sigue, pero no aporta ningún argumento decisivo nuevo a estos ya comentados.

Ahora sí, ¿por qué tendría que haber mujeres en el Sacro Colegio?

Para ayudar a preservar la verdad que la Iglesia enseña sobre la diferencia entre varones y mujeres, y por tanto la verdad sobre el ser humano.
La Iglesia enseña que la diferencia de sexos entraña diferencias de género que van más allá de lo cultural: no es la cultura la que creó los roles masculinos y femeninos, sino que el hecho de que hubiera dos sexos biológicamente determinados implica, en lo profundo, que hay un ser humano que nunca es UNO sino siempre DOS.

Por tanto, aunque Cristo haya instituido un sacerdocio únicamente masculino (eso no lo discuto ni tiene relación con esto), la Iglesia se está privando, en sus funciones de gobierno para toda la Iglesia de toda la humanidad, de la mirada significativamente distinta de las mujeres. La Iglesia sabe que tiene un tesoro a mano: una mitad de la mirada, pero decide usar para su gobierno un ojo tapado.

No tiene esto nada que ver con "parlamentarismos" ni "representaciones": la mujer no es un "grupo" al que haya o no que representar. Nosotros enseñamos que Dios "los creó varón y mujer, a su imagen, según su semejanza", (Gn 1,26-27pass) y sacamos de allí la doctrina antes señalada de que "varón" y "mujer" no son meras determinaciones culturales sino creaturales.

Casi es una ley de la naturaleza la redundancia: dos ojos para ver en estéreo, dos oídos para oír en estéreo, dos seres humanos para que el ser humano sea realmente ancho y expandido... ¿y se trata la cuestión de la mujer en la Iglesia como si fuera meramente dejar entrar un grupo de presión?

Tápense un ojo y miren... les falta algo. Se puede andar con un ojo, pero falta algo, cuando no lo tienes, no lo sabes, pero en un momento te quitas la venda y sabes lo que te perdías. Esa es la cuestión fundamental con la mujer: la Iglesia se gobierna con un parche en la mitad de su naturaleza. No siente la falta porque no ha experimentado el gobierno de sí misma a partir de una experiencia ampliada y enriquecida de la naturaleza humana.

Ruego que la Iglesia se quite el parche del ojo alguna vez.

jueves, 25 de junio de 2015

Cómo inventar una noticia

Ayer estaba en una reunión y comentaron que "hoy el Papa propuso de poner una fecha fija para la Pascua"; ahondando un poco, una persona me decía que era para resolver el problema con los ortodoxos, que celebran unos días desfasados respecto de la tradición occidental.
Me pareció extremadamente raro, por dos motivos:
-El desfase con los ortodoxos proviene de que ellos no admiten el cambio al calendario gregoriano realizado en el siglo XVI, y continúan con el juliano; a su vez a principios del siglo XX hubo un intento ortodoxo de modificar la fecha (mal calculada astronómicamente) y eso produjo que actualmente no todos los ortodoxos, ni siquiera entre ellos, celebren en la misma fecha... ¡imaginemos si la solución que se plantea a personas que no admiten un simple ajuste de la fecha astronómica consiste en cambiarles directamente la forma de celebrar!
-El otro motivo, no menor, es que el tema no aparece tratado en ninguno de los medios vaticanos importantes: News.va, dentro de lo oficial, Vatican Insider, dentro de lo extraoficial, etc.

El que trae la noticia es El País (quizás también otros medios, pero la busqué hoy allí, donde está en portada), dice así:
[título:] «El Papa quiere fecha fija para Semana Santa»[copete:] Francisco plantea que el Domingo de Resurrección deje de depender del calendario lunar y pactar con las Iglesias ortodoxas que se celebre siempre la segunda o tercera semana de abril[Cuerpo:] El papa Francisco ha propuesto que la Semana Santa, cuya fecha depende ahora del calendario lunar, se celebre cada año "en una fecha fija". Esta podría ser la segunda semana de abril; el segundo domingo de este mes sería el de Pascua. El Domingo de Resurrección tiene su origen en la Pascua judía y se fija en la primera luna llena que cae en domingo después del equinoccio de Primavera, el 21 de marzo.
En unas declaraciones realizadas durante el II Retiro de Sacerdotes en la Basílica de San Juan de Letrán el pasado 12 de junio, Francisco afirmó que el problema de la Pascua es uno que se trata de solucionar "desde el beato Pablo VI".
El pontífice considera que es importante establecer esta fecha para la Semana Santa, dado que si se sigue la tradición clásica de los monasterios más conservadores ortodoxos, las fechas se retrasarán año tras año y “se corre el riesgo de acabar festejando la Pascua en agosto, de aquí a 60 años”.
Por ello, Francisco ha mostrado su disposición a llegar a un acuerdo, y que la Iglesia católica termine por “renunciar al primer solsticio después de la luna llena de marzo”, una propuesta que ha motivado el aplauso de los sacerdotes, obispos y cardenales presentes.
Ya ha habido algunas reacciones, sin embargo, que apuntan a la dificultad de llegar a ese acuerdo. El presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Claudio María Celli, lo ve "muy difícil" y ha apuntado al hecho de que las grandes iglesias ortodoxas "como el patriarcado de Moscú" no son favorables. No obstante, Celli ha reconocido que "la realidad ortodoxa esta dividida, incluso con tensiones profundas, y, en este momento, no será fácil" y "sería una hermosura poder celebrar todos juntos la resurrección del señor".»

En realidad lo que dice el Papa es mucho más breve que eso, pero, por sobre todo, es algo que no puede calificarse, ni distraído, de "propuesta". Lo dijo en el retiro mundial de sacerdotes en Roma, el día 12 de junio (la "noticia" sale, como "novedad" el 24 de junio, y ningún medio vaticano -como señalé- la trae).
Quien desee escucharlo está en este video: avanzar hasta 1 hora 38 min, ocupa de poco más de 1:38 a pocos segundos menos de 1:40 (es brevísimo). Está hablado en español, así que no hay ninguna dificultad en entender lo que dice, al menos a ese nivel (otra cosa es que el Papa hace tal ensalada conceptual, que casi no se entiende).
El contexto es unos comentarios sobre el estado de la cuestión ecuménica, donde señala la gran cercanía con los ortodoxos, y recuerda que, sin embargo, subsite el problema de la Pascua. Esta es la transcripción literal (a la que sin embargo habría que agregar los tonos de duda, vacilación, etc. así que mejor escucharlo):

«Respecto al problema de la Pascua, que todos queremos solucionar (bueno, también en todos los lugares hay pequeños grupos fundamentalistas, que quieren conservar la tradición)... Bartolomeo permitó, en dos lugares, no me acuerdo cuáles... en Finlandia, que los ortodoxos son minoría, que celebren la Pascua en la fecha de los luteranos, para no dar el escándalo de "cuándo resucita tu Cristo?", "Mi Cristo resucita hoy, el tuyo la semana que viene"... un escándalo; bueno, eso es una cosa que, desde el beato Pablo VI, se está buscando la unidad de la fecha de la Pascua.
Creo que lo más definitivo -Tawadros trabaja muchísimo por esto- lo más definitivo va a tener que ser una fecha fija, qué sé yo, supongamos, segundo domingo de abril, porque si se sigue con la tradición clásica de los monasterios más conservadores ortodoxos, como siempre es la primera luna llena después del 14 Nisán, eso todos los años avanza, avanza unos días, avanza una semana, corremos el riesgo de festejar la Pascua en agosto, no? de aquí a 60 años, no? O sea que tenemos que ponernos de acuerdo, no? La Iglesia católica está dispuesta, desde el beato Pablo VI, a la fecha fija, a renunciar al primer solsticio... (vacila), después de la luna llena de marzo» [lo correcto es: el primer domingo después de la luna llena del equinoccio de primavera en el hemisferio norte]

Queda claro que el Papa está hablando de memoria de un problema que sabe que existe, pero que ni siquiera lo puede explicar bien. Por ejemplo «eso todos los años avanza, avanza unos días, avanza una semana, corremos el riesgo de festejar la Pascua en agosto, no? de aquí a 60 años, no?» Bueno, pues no: no corremos ningún riesgo al respecto, nuestra fecha de Pascua se relaciona siempre con el equinoccio astronómico (la primera del plural está demás). Lo corren los que siguen el calendario juliano, que como no incorpora las correcciones del gregoriano, va desplazando su fecha de Pascua... tengamos presente que el desplazamiento del calendario era unos diez días en 1600 años (cuando se corrigió), por tanto es bastante aventurado afirmar que los ortodoxos terminarán celebrado dentro de 60 años la Pascua en agosto (en realidad lo dice con cierta sorna).
No hay aquí ninguna propuesta del Papa, ni de la Iglesia Católica de poner una fecha fija, se expresa (cualquiera puede leerlo en la transcripción) que la Iglesia católica no tendría problemas en..., está dispuesta a... que no es lo mismo que proponerlo.

En suma, el Papa no propuso absolutamente nada en relación a la fecha de la Pascua, habló en un contexto completamente informal, sin siquiera saber exactamente los términos del problema, y esta noticia sólo tiene interés para:
-Llenar un agujero de tapa en el web de El País
-Mostrarnos una vez más, a ver si aprendemos, que los medios hace mucho que han dejado de ser "de información".

viernes, 8 de mayo de 2015

Está bien, acepto el mote

En un blog de periodismo llamado «La réplica», Marta Güelfo Márquez explora desde la perspectiva de género los [supuestos] subterfugios (especialmente de lenguaje, aunque no sólo) por medio de los que llega a caracterizar una nueva categoría: la del «neomachista», que ya no es «machista», porque es políticamente incorrecto, pero continúa consolidando lo que la perspectiva de género llama la «cultura patriarcal».
Pues bien, puesto que el periódico se llama «La réplica», supongo que, a pesar del escaso margen que la autora deja, se le podrá replicar... salvo que por ese pecado se saque otro mote con el que intimidar a los que no vemos con sus mismas gafas (comienza declarando ella misma que lo que tiene puestas son unas gafas. A confesión de parte...).
Porque de eso se trata este artículo, de encontrar un mote descalificador. Lo curioso es que el juego de los motes todos lo reconocemos como nocivo para el pensamiento: la misma autora, como veremos, encuentra en el uso de un mote infamante («feminazi», punto 4) uno de los puntos que revelan las malas intenciones del otro.

Vayamos uno por uno (en cada uno copio la explicación de la autora, y disculpen que resulte largo):
1- «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad»: Este es un error muy frecuente producto del desconocimiento. El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El machismo se conforma por actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer.

Me alegro de que la autora sea tan penetrante: en palabras que no lo indican en absoluto, ha llegado a descubrir intenciones ocultas... ¿o será que las palabras son decidoras y transparentes sólo si vienen aprobadas por ella misma? Si yo digo que "creo en la igualdad", hasta que se demuestre lo contrario será que creo en la igualdad. La igualdad no quiere decir ni apunta necesariamente a «actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer», la igualdad quiere decir igualdad.
Por supuesto, puede ser que alguien diga que "cree en la igualdad" y en realidad mantenga "actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer", en cuyo caso está mintiendo, o se está autoengañando, pero no es la frase la que lo revela, sino el contraste de los hechos de esa persona con la frase que suscribe.
Ahora bien, cuando se pasa de contrastar hechos y frases a que la frase misma está viciada "lingüísticamente", por así decirlo, se está pasando de la raya, se está saliendo de la ambigüedad de todo lo humano al cielo puro de las categorías, que sólo existen en la obra de Kant y en las ideologías de toda especie.
Muchos, como es mi caso, no tendríamos ningún problema en reivindicarnos como feministas, pero si eso significa formar parte del cotarro donde una persona se sienta a categorizar al resto a partir de fragmentos de palabras y sin molestarse en nadar enlodada entre la ambigüedad de las palabras y los gestos, prefiero decir que no soy machista ni feminista, sino que creo en la igualdad. Y si eso me hace adquirir el mote de "neomachista", lo aceptaré por mis pecados. No es el único mote que sobrellevo.
¿Cómo podría decir esto mismo la autora, si en vez de dedicarse a categorizar, se dedicara a pensar el problema? Posiblemente hubiera sido interesante criticar la frase «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad» explicando que no hay simetría entre los dos campos, y que la «igualdad» aunque es el justo medio de los derechos, no es el justo medio de las actitudes culturales. En eso tiene razón: en ese uso de la frase, sólo en ese, podría ser un indicativo de pervivencia camuflada del machismo. Lo que implica que si se la escucho decir a alguien, eso no significa que sea neomachista (claro que tampoco que no lo sea).

2- «También hay violencia de género contra los hombres»: la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre porque no existe un sistema ideológico y cultural que oprima al hombre, sino a la mujer. La violencia de género se da en la pareja o expareja, del hombre hacia la mujer y tiene sus raíces en el patriarcado, el androcentrismo, el sentimiento de posesión y la idea tradicional de amor romántico. Conforma un fenómeno social que se da en todas las culturas y que provoca sólo en nuestro país 50, 60 ó 70 mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Supone por tanto una situación de emergencia que precisa respuestas educativas, sociales y políticas concretas.

Por qué tú lo digas... La expresión «violencia de género» tiende al menos dos sentidos, y los dos pueden darse (y de hecho creo que se dan) también en la dirección de la mujer al varón: en un sentido «real» (el menos importante para la teoría del género), se puede dar por el simple hecho de que donde hay poder, está el contexto necesario para el abuso de poder, y por tanto para la violencia: si hay contextos de poder donde la que enarbola ese poder es una mujer, puede darse (y de hecho es muy probable que se dé), la violencia de la mujer hacia el varón. El segundo sentido tiene que ver como lo usa la autora: la violencia «estructural» -por así decirlo- es decir, la existencia de un relato unas estructuras, un lenguaje en general que, al justificar la violencia, la amparan y dificultan su erradicación.
Naturalmente estoy de acuerdo con ello: ese relato justificador existe, y eso es suficiente emergencia como para emprender todo tipo de acciones (educativas fundamentalmente, pero también preventivas y punitivas) contra ello.
Ahora bien, precisamente por eso mismo, la axiomática negación que la autora hace se me representa como la exacta réplica feminista del relato ocultador del androcentrismo: «la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre». Pues mira, ¿y si se da? ¿no estás reproduciendo el mecanismo negador del androcentrismo? ¿no es ese discurso mismo, sin necesidad de ningún aditamento, ya el desarrollo, o al menos el conato de un sistema ideológico y cultural de represión, al dejar de lado que la causa de la violencia, encarnada mayoritariamente en el varón del sistema androcentrismo, es el ser humano?
Hay violencia de la mujer al varón, muchos la hemos experimentado, muchos la vemos o hemos visto, y para liberar realmente al ser humano, lo que hay que hacer es no negar.

3- «Existen muchas denuncias falsas»: Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas en materia de violencia de género es de un 0,018%.

Puede ser. Tratándose de estadísticas, soy absolutamente incompetente: tanto para el indeterminado «muchas» como para el determinado «0,018%». Lo que no termino de entender es cómo la existencia de una convicción sobre la cantidad de denuncias falsas le sirve a la autora para establecer sus cortes de clase.
A mí el sólo hecho de que haya una denuncia falsa me parece dos cosas:
-que es lógico, puesto que somos seres humanos todos, mujeres y varones, por tanto el poder nos va a tentar de corromper de manera necesaria, así que si a través de denunciar adquiero algún poder sobre otro, es seguro que un porcentaje cualquiera (0,01 o 99,99) intentará abusar de él.
-que no cabe usar como elemento ideológicamente discriminador (el que reconoce denuncias falsas es porque es neomachista, no porque de hecho hay denuncias falsas) el sufrimiento de otro ser humano, en este caso del 1, 2 o 3 que son víctimas del abuso de poder de una denuncia falsa.

4- «Eres una feminazi radical»: No existe tal cosa. La palabra feminazi ha sido inventada por el neomachismo para demonizar y ridiculizar al movimiento feminista. Esta palabra ha sido utilizada incluso por neomachistas de renombre como Arturo Pérez-Reverte para atacar al feminismo.

No me gusta la palabra «feminazi» y de hecho no la uso en mis escritos, pero este punto es uno de los que me parecen más interesantes, porque reconoce el poder demonizador y ridiculizante de los motes... ¡en un artículo dedicado a poner en circulación un mote sobre el contrario!

5- «El lenguaje inclusivo es una tontería, acabaremos diciendo sillas y sillos»: El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental. Aquello que no se nombra, no se ve, y lo que no se ve, no existe. Nuestro lenguaje se ha regulado en base a los valores sociales y culturales dominantes patriarcales y androcéntricos, y es por esto por lo que debe ser cuestionado. Utilizar como argumento el femenino y el masculino en cualquier sustantivo es un intento de ridiculizar el lenguaje no sexista, que no tiene fundamento puesto que no hay que diferenciar el género en aquellos sustantivos que no tienen sexo biológico ni género.

Naturalmente que «El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental», eso es un principio completamente indiscutible. Y también que «aquello que no se nombra, no se ve», Precisamente por eso el llamado «lenguaje inclusivo», en la medida en que representa los esfuerzos voluntarios por imponerlo, podría hacerse conscientemente muchísimo mejor, y no imponer «abusos» de la inclusividad.
Por ejemplo, cuando yo digo "los estudiantes y las estudiantes", hago visibles dos conjuntos donde parece haber sólo el de los varones. Ahora bien, precisamente por dejar de nombrar una realidad, la condeno a la desaparición: cuando el profesor ve delante suyo a los estudiantes y las estudiantes, no ve dos conjuntos, ve uno, porque en tanto estudiantes no son dos, sino uno.
Quizás sea cierto que con el tiempo este equilibrio al que los idiomas indoeuropeos habían llegado se haya ideologizado androcéntricamente (en esto creo que la teoría del género tiene razón), pero la solución no es poner dos donde hay realmente uno, sino romper la alianza de ese uno con el androcentrismo. Me explico: si en vez de decir "los estudiantes y las estudiantes" dijéramos "les estudiantes", específicamente como una nueva forma de neutro inclusivo, estaríamos al mismo tiempo desandrocentrando, y reconociendo la unicidad donde hay y no debe dejar de haber unicidad. Y más bien reservar la duplicación de palabras donde realmente tiene sentido, que es cuando necesitamos realmente referirnos a dos conjuntos.
En la práctica el sistema de la lengua funciona poco por convenciones conscientes, así que el genio popular ha reemplazado la innecesaria duplicación por dos maneras que hoy coexisten: "lxs estudiantes", que incluye a todos los géneros posibles, y "l@s estudiantes", que convencionalmente todos entendemos que se refiere a las y los. La verdad que las dos soluciones son estupendas, pero lamentablemente no son pronunciables. Hay que buscar otros lexemas que remedien la situación.

En vez de dedicarse a clasificar al otro a partir de que le parece una tontería el hecho de que podremos acabar diciendo "sillos y sillas", podría la autora aprender de esa crítica que, aunque no tiene razón en el principio (el lenguaje inclusivo sí es necesario), la tiene en haber pescado el aspecto incómodo y puramente artificial de un sistema que funciona muy por fuera de nuestras voluntades individuales.

6- «Sois muy pesadas con eso del feminismo»: sí, hay días que nos levantamos y nos da por pelear y reivindicar nuestros derechos y nuestro lugar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Incluidos en aquellos contextos y situaciones en los que la desigualdad no es fácilmente apreciable.

Ajá, bueno, gracias por la confesión de parte, de nuevo... efectivamente hay muchas feministas pesadas con el feminismo; a muchos les gusta el fútbol pero uno les huye porque son pesados con el fútbol, muchos son pesados con lo que les interesa.
Eso no tiene nada que ver con que el otro se convierta en "neo nada" por reconocer lo que es evidente: que ni el feminismo se libra de los pesados.

7- «No es acoso, es un piropo»: un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona a la que se le está diciendo o mostrarle afecto. Silbar y/o gritar por la calle a una mujer desconocida algo relacionado con su aspecto, su cuerpo y su ropa es acoso verbal.

Sí, estoy completamente de acuerdo. Ahora bien: la frase, tal como la copia la periodista, no niega eso. Será, no neomachista sino machista a secas, quien acose verbalmente, y dirá un piropo quien le diga "algo agradable a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona". No hace falta inventarse un mote nuevo.

8- «Me da igual que sea un hombre o una mujer, lo que importa es la persona»: este argumento es muy repetido en organizaciones políticas o sociales cuando se trata el tema de la paridad en listas o en cargos. Por cuestiones relacionadas con la educación, la socialización, los estereotipos y la falta de referentes es probable que el protagonismo, el liderazgo y el poder de las organizaciones acabe siendo masculino. Herramientas paritarias como las listas cremallera fomentan una participación más igualitaria y representativa.

«es probable que...», puede ser, como puede ser que no, la frase en sí no es machista ni neomachista, en absoluto, al contrario, debería ser el ideal al que tendiera la lucha por la igualdad.

9- «También debería existir un día del hombre»: el 8 de marzo fue declarado el día Internacional de la Mujer Trabajadora por la ONU en 1975. Conmemora las luchas de las mujeres obreras que reivindicaban sus derechos y la igualdad en la sociedad. Actualmente aún vivimos en una sociedad que oprime a la mujer y en la que la desigualdad en el ámbito laboral, económico, político y familiar sigue siendo evidente, por lo que seguimos peleando y reivindicando nuestros derechos cada día y, en especial, el 8 de marzo.
Ajá, bueno, la frase original no me parece demasiado lúcida, más bien un tanto pava, así que por suerte encontré una con la que estoy de acuerdo con la autora, mi nivel de neomachismo a descendido 1/10.

10- «Ya hemos conseguido “la igualdad”»: creer que las mujeres ya estamos en igualdad de condiciones en todas las esferas de la vida es un error frecuente. La infrarrepresentación política, la brecha salarial, las mujeres asesinadas por sus parejas, el techo de cristal o el sobrecargo de los cuidados nos indican todo lo contrario: vivimos en una sociedad desigual.

No, no hemos conseguido la igualdad. Pero no me apunto un 2/10 con la periodista porque me parece que yo lucho a mi manera y en mi ámbito, por la igualdad, y ella también; pero estoy convencido de que la lucha de ella es estéril en muchos aspectos, por luchar en el plano de la ideología, por excluir en vez de incluir, por invitar a condenar sin juicio, y, en fin, por pretender primero la adhesión y luego la acción.
No digo que la autora no luche, y que no lo haga con buenas intenciones, digo que las luchas que se hacen desde esos referentes han resultado a lo largo de la historia, estériles.
Yo no puedo formar parte de esa lucha. Ya sé que a la autora no le interesará, porque de hecho parece más interesada en denunciar a gente como nosotros con un mote nuevo que a incluir luchadores a sus filas. Pero es una lástima que ante tanta necesidad de lucha haya gente que gaste sus energías así.