domingo, 5 de marzo de 2017

De ofensas carnavalescas

Días pasados, en el carnaval de Tenerife, en la ya tradicional noche "drag", se presentó a concurso -y ganó-, una parodia de la Virgen y de la crucificción.
Como todos saben, eso levantó un inmediato debate sobre los famosos límites de la libertad de expresión, y la consabida frase, que ya es un eslogan: "a que no se animan con los musulmanes...".
La cosa no es nueva en absoluto, el año pasado fue una imagen de un colectivo LGTB que puso en una foto un "beso lésbico" de dos imágenes de la Virgen, y así un largo etcétera.
Obviamente que como cristiano no me gustan ese tipo de imágenes; me parece triste que nuestras mayores realidades, en un país que hace mucho tiempo fue abanderado del catolicismo europeo, se hayan convertido en objetos cómicos para adornar el lógico desmadre del carnaval, y generar -artificialmente- una polémica, quizás para suplir una pasión que la creatividad artística no consigue encender.
Dicho esto, la cuestión es si y cómo debemos reaccionar los cristianos; hay varias formas posibles:
-Podemos pasar al ataque: si nos dan, demos. ¿Pero no dice el evangelio que hay que poner la otra mejilla? sí, pero eso, que es un reclamo de Jesús a cada creyente, no es exigible por otro más que por Jesús, nadie me puede reclamar que si me siento ofendido, reaccione; y mucho menos tienen derecho a reclamármelo en nombre de Jesús quienes no creen en Jesús, y ni siquiera lo respetan.
-Podemos reivindicar nuestra pertenencia a esta sociedad y por tanto reclamar nuestra cuota de respeto en una sociedad que, por tener que juntar muchas mentalidades heterogéneas, tiene que practicar y enseñar a practicar el autodominio sobre lo que puede ser ofensivo para los demás, aunque para uno no lo sea.
-Podemos también soportar silenciosamente la ofensa, e incluso sentir una profunda alegría (una alegría cristiana, no carnavalesca ni pagana) por la ofensa: atentos a la palabra del Señor que dice «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» (Mt 5,11-12)

Al primero lo podemos llamar el método "hazteoír", cristiano sólo en apariencia; porque si bien nadie puede exigirnos desde fuera el mandato de Cristo "ofreced la otra mejilla" -es algo que tiene que salir de nosotros mismos-, parece profundamente anticristiano reclamar por las ofensas que hacen a nuestra fe, con métodos que a su vez niegan el respeto a quienes nos ofendieron, o que al menos se ponen a su misma altura.

Al segundo no sé cómo lo podríamos llamar (no quiero ofender a nadie), pero es un clásico cuando ocurren estos episodios: muchos cristianos y medios de comunicación cristianos nos atiborran de razonamientos sobre la simetría que debe regir en nuestra sociedad  respecto de la "libertad de expresión", que no es un derecho absoluto, que nuestra libertad termina donde comienza la del vecino, etc, etc. etc...
¿Tienen razón? ¡claro que tendrían razón!... si no fueran cristianos; porque siéndolo, no se dan cuenta que en cuanto ponen el problema de las ofensas a la fe al nivel de cualquier ofensa que pueda circular en la sociedad (las ofensas a las mujeres, a los negros, a los gays, a los obesos, a los bajitos, a los altos, a los chinos, a los tuertos, etc), convierten a la fe cristiana en un colectivo más, un "diferente" que tiene que ser aceptado precisamente porque es diferente... Y la fe cristiana no es ni igual ni diferente a nada, simplemente, cuando funciona, es la sal de la tierra, y cuando no funciona, no sirve más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

En las realidades sociales, el respeto lo reparte Papá Estado. No quiero ese respeto, como cristiano me niego a que Papá Estado diga que yo "debo ser respetado", porque soy como el enano, del que no debo burlarme. ¡Claro que no debo burlarme del enano! A mí me sale naturalmente reírme de quien se cae al suelo por un accidente tonto... ¡claro que no debo reírme! ¡me parece estupendo que Papá Estado me penalice si me burlo del tonto del pueblo! ¡claro que no debo burlarme!
No debo burlarme porque la cultura supera al estado de naturaleza... no debo burlarme porque naturalmente me burlaría, no debo discriminar al que es diferente porque soy una persona del 2017, no un bruto cavernícola, que discrimina a cualquiera que no pertenezca a su caverna. Hemos desarrollado el Estado (con todas sus estupideces y excesos) para que custodie el estado de cultura que tantos milenios nos costó conseguir, así que me alegra que Papá Estado me recuerde las cosas que por mi naturaleza no me sale respetar.

Pero como cristiano yo no soy un "colectivo" del que todos deberían naturalmente reírse, excepto que Papá Estado les mande no reírse... si la sociedad que me rodea no me respeta debo más bien pensar que: o bien no me supe ganar el respeto (y entonces, a intentarlo de nuevo), o es cumplimiento de la profecía de Cristo acerca de que pertenecer a los suyos implica vivir rodeado del rechazo del mundo.

Si no me respetan en tanto que cristiano, si no respetan el sublime significado de mis símbolos... eso sólo significa que Cristo debe seguir muriendo por nosotros, por cada uno, por mí -que no siento todavía de manera natural la alegría en medio de las persecuciones, sino que tengo que ordenármela- y por el "drag" que no tiene íntimo temor de Dios.

Y significa también -y es lo más misterioso- que la sociedad en la que vivo está preparándose, sin saberlo, para recibir toneladas de gracia, porque la abundancia del pecado prepara sobreabundancia de gracia.

martes, 7 de febrero de 2017

Silencio, de Scorsese

Estoy realmente impresionado por la belleza cinematográfica y por la profundidad de reflexión de "Silencio" de Scorsese. Reconozco que es un gran artista, pero normalmente no sintonizo mucho con los temas que trata. En su momento me costó mucho apreciar "La última tentación de Cristo"; recién luego de verla un par de veces la guardé en mi espíritu como una gran película de tema religioso. Pero podría decir -ya comparando con Silencio- que en aquella la profundidad religiosa la aportaba el libro de Kazantzakis, y Scorsese ponía el interés en el tema, y el oficio artístico. En Silencio está todo más unido y amalgamado: belleza cinematográfica y profunda reflexión religiosa, espíritu genuinamente cristiano que se nota que no proviene solo de la novela de Sushaku Endo -reconocido autor católico- sino también del propio Scorsese, que ha encontrado una respuesta cristiana para su vida, que por supuesto solo a él tocará seguir explorando.
Si tuviera que sintetizar en una frase del Evangelio esta obra, pondría "Mirarán al que traspasaron". Porque toda la película es eso: Cristo en el centro del mundo, mirado con gozo por los cristianos, celebrado y gustado por ellos, mirado con odio por el inquisidor, mirado con vergüenza por los tres apóstatas (Ferreira, Rodriges, Kichijiro). Al final Cristo triunfa: es el centro de todas las miradas, y distribuye perdón, incluso a aquellos a quienes sólo lo miran secretamente (Rodriges, Kichijiro).
Para todo creyente enamorado de su fe, Ferreira es un personaje horroroso... ¡pero tan eclesiástico! ¡la Iglesia está tan llena de Ferreiras!  de racionalistas de la fe, de gente que cree ser superior en su contacto con Dios, porque no confunde al Hijo de Dios con el brillo de la luna. Ya sabemos lo que Cristo reserva para ellos, lo dice tan claramente en los evangelios, que la apostasía que cuenta Ferreira la podíamos predecir todos.
La apostasía de Rodrigues, naturalmente, es más compleja (es el centro de la reflexión): Rodrigues y Garupe son los dos discípulos de Ferreira, pero también son discípulos de Cristo. Deberán elegir a qué maestro realmente siguen, y como el discípulo no es más que su maestro, uno termina mártir y el otro apóstata.
La voz de Cristo cuando él está por pisar: "¡Ven ahora! Todo está bien. Pisa sobre mí. Entiendo tu dolor. Nací­ en este Mundo para compartir el dolor de los hombres. Llevo la cruz por tu dolor. Tu vida está conmigo ahora. Pisa.". ¿Es la voz de Cristo? ¿es su imaginación/deseo?
Todo sería más fácil si fuera su deseo, pero Cristo no rompiera realmente su silencio. Todos podríamos acusarlo de apóstata y seguir yendo a nuestra vida cristiana sabiendo quién es el bueno, quién el malo. Pero realmente Cristo murió también por él, y en la cruz de Cristo, en la nota de deuda, está clavada también la apostasía, si quiere Rodrigues, y también la de Ferreira, si quiere, como está repetidamente la de Kichijiro, que una y otra vez vuelve a pedir perdón. Cristo no abandona a nadie, muere por todos. Unos se apropian de la alegría de la salvación hoy, otros quizás abrazando un crucifijo secretamente, al morir.
Parece que la película tuviera como tema central la apostasía, pero no, ese es un foco de la elipse, el otro está en la alegría de los cristianos: ¡son verdaderos cristianos! ¡por fin alguien que filma sin afectación a un cristiano! no poniendo cara de tonto, sino simplemente transparentando la alegría de un tiempo mesiánico en el que ya, por gracia, estamos viviendo. En ese sentido, es revelador el diálogo entre Rodrigues y Garupe y la pareja a la que le bautizan el niño (aprox. 25 minutos de la película):
(la pareja): -¿Ahora estamos con Dios en el paraíso?
Garupe: - ¿Paraí­so?
P:- Sí­, paraí­so.
G:- ¿Ahora?
P- Sí­.
G:-No... no. Pero Dios está ahí­ ahora y para siempre. Él prepara un lugar para todos, incluso ahora.
La pareja se mira confundida, y no es para menos: simplemente los padrecitos no tienen verdadera idea de la fe cristiana, tienen teología, y tendrán que adquirir la fe en el contacto con esos creyentes, como Garupe, o se enredarán en su teología solidaria, como Rodrigues.
¡Sí estamos en el paraíso por el bautismo! eso es la fe cristiana. El tiempo mesiánico se ha introducido en nuestro tiempo y lo ha implosionado. Es mucho más complicado decirlo que simplemente creerlo en la fe.
Me parece que la primer hora de película es un canto a la alegría cristiana por el paraíso adquirido en el bautismo, en medio de todo, persecuciones, silencios, incluso discusiones de parroquia ¡tan reales! como la que tienen en la cabaña para ver quién va a ir de voluntario al martirio.
En una crítica a la película del Obispo de Mons. Robert Barron dice "el establishment secular siempre prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión. Y está demasiado dispuesto a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas, y seamos realistas, no tan brillantes." (la crítica entera aquí) La frase como tal es cierta, y se refiere, en su contexto, a personajes como Ferreira o Rodrigues, y a nuestra cultura; pero creo que Scorsese no ha pintado unos cristianos "no tan brillantes", más bien al contrario (yo no creo que Mons Barron haya querido decir eso, pero lamentablemente su párrafo fue interpretado así): ha pintado el valor de un cristianismo de base, apasionado, centrado en el evangelio, incluso en la ingenuidad del mensaje, y la solidaridad amorosa a la que necesariamente lleva (el "juego de las manos" en torno a la cruz a los 22 minutos es la verdad misma de la fe, filmada). Esa primera hora, la brillantez y lucidez de esos cristianos, no se pierde en absoluto cuando llega la oscuridad del otro centro de la trama.

martes, 11 de octubre de 2016

El 12 de octubre tengo algo que celebrar

Es verdad que en la colonización, conquista y posterior gobierno de los territorios de ultramar se cometieron barbaridades, pero también se hicieron muchas cosas buenas. En el balance, me gusta la civilización europea que llevaron, la considero un avance (con todo lo negativo que también debe recordarse) con respecto a unos pueblos que por muy originarios que sean, ya no son los míos.
Yo mismo soy descendiente de europeos, por todos los costados (Della Costa, Brüggemann, Piaggio, Krämer, Echevarría, Swindt, etc... son apellidos de mi familia, mapuches de pura cepa, como se ve). ¿Y eso qué? ¿el hijo de europeos no puede ver una injusticia europea y denunciarla? ¿no puedo como inmigrante europeo estar en contra de la colonización? ¿el hecho de que yo sea de origen europeo me incapacita para denunciar la barbarie europea?
No, si realmente pensara que la conquista implicó una injusticia total, una barbarie en el pleno sentido de la palabra, tendría todo el derecho de denunciarla, haciéndome al mismo tiempo cargo de reparar la injusticia, y abandonando inmediatamente el continente, desde ya. 
Pero la pregunta es más compleja de lo que parece: la conquista abrió un proceso histórico largo, del cual mi propia existencia es sólo un eslabón, ¿puedo entonces rechazarla de plano?
Suponiendo que en el origen de los pueblos americanos actuales hubiera realmente sólo genocidio, expoliación y barbarie (y es seguro que no hay sólo eso, y tal vez ni siquiera hay eso!), el sólo hecho de que los que somos herederos del proceso civilizador estamos rectificando con nuestra propia existencia la historia, hace que el proceso histórico sea fundamentalmente bueno, y no fundamentalmente malo.
Camus lo escribía respecto de la sangrienta historia europea del siglo XX: "todo el continente se revuelve buscando una justicia que pretende ser total", y en el mismo artículo (El destierro de Helena, si mal no recuerdo): "no podemos vivir odiándonos".
Los procesos históricos son conducidos por personas que aparecen, obran un poco bien y un poco mal, y luego desaparecen, mueren, y nuevas generaciones de personas, que obrarán también en la medianía de lo bueno y lo malo, los reemplazan. La justicia total no es un posible histórico. No se trata de la grandeza de la utopía, sino de la vaciedad de lo imposible. Aunque fuera cierto que la tierra de mis tatarabuelos era de los mapuches, la tierra que yo piso es tan justo devolvérsela a los descendientes de los mapuches originarios como dejármela a mí, porque ninguno de los dos somos parte del momento de injusticia, los dos sufrimos con cualquier opción que se adopte. Lo justo, entonces, no es llenarse la cabeza con rectificaciones imposibles del pasado, sino realizar algo conjunto en el presente.
La historia sólo avanza en una dirección, aunque nunca podamos en un punto saber cuál es.
En Centro y Sud América hay un gran sustrato indígena, cosa que no hay en el Norte. Sólo eso muestra que no hubo tal aniquilación generalizada de Río Grande para abajo. La independencia de los estados americanos se hizo en nombre de la racionalidad y la libertad, la autonomía, y no sé cuántas cosas más que nos iban a curar de los males de haber pertenecido a la bárbara España, y ahí tenemos: 200 años de dar tumbos, con la racionalidad a cuestas, sin saber qué hacer para ser buenos pueblos, así que dejen de echarle la culpa a Colón si América la pueblan seres humanos que roban y expolian hoy.
Yo me alegro de mi idioma, y de los demás idiomas que conozco, me alegro de haber hecho una carrera universitaria en una universidad heredera de los bárbaros del siglo XII, me alegro también de que me hayan evangelizado, y me hayan permitido que a 12.000 Km de Europa, mi país perteneciera a una civilización como la que pertenece.
Y ahora que estamos a tiro de la racionalidad europea, ahora sí a inventar una nueva forma de vida, que sea verdaderamente americana, sin tanto llantito vacuo por un pasado que no podemos modificar y que ni siquiera sabemos valorar en su justa verdad.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Poietés

De normal hablamos del lenguaje binariamente: mensaje y forma, comunicación y expresión, y hasta la grosera "envoltorio" y "contenido" (como si se tratara de caramelos). Pero el lenguaje no es binario sino -como mínimo- trinario:
-el lenguaje siempre habla desde una Forma. La forma me es dada, no la puedo inventar yo, la puedo ir modificando, y en la medida en que las modificaciones van desindividualizándose, haciéndose patrimonio común, van enriqueciendo la Forma.
Es mucho más que el "código" en el esquema de la comunicación, porque la Forma da forma real a la comunicación en todos sus aspectos: antes de que haya Forma, ni yo sé lo que quiero comunicar, es en la Forma, que me precede, donde la comunicación adquiere realmente sus contornos.
-y apareció el segundo elemento: la comunicación, el "mensaje", el "contenido"... sólo concesivamente hablo de "mensaje" y "contenido". En realidad la comunicación envuelve más: también el proceso por el cual el destinatario toma contacto con él; no se sabría decir dónde acaba el "contenido" y comienza la recepción.
-y está finalmente la "expresión", la forma concreta desde la que me apropio de la Forma y la digo: nunca la Forma da forma en abstracto, siempre es en concreto, en cosas tales como un "estilo", unas maneras personales: este escrito, que es una poesía o una prosa, que es un soneto o una elegía que canta la muerte de un señor, es la elegía indudablemente cantada por J. o por R.: sólo él se ha apropiado de la Forma de tal manera que deviene SU expresión. Es su Poeta.

Dije "y finalmente", pero en realidad se podrían desglosar quizás nuevas dimensiones. A mí me parece que estas tres dan suficiente cuenta del transmitirnos unos a otros las palabras, pasarlas de mano en mano e ir dejando en cada uno más -y no menos- de lo recibido. Y quién lo dice es siempre "poeta", "poietés", a lo griego, porque fabrica la palabra, una palabra que sólo a veces es poética.
Siempre me pregunto cuándo una palabra es poética. Ya sé que mucha gente tiene en claro el asunto, pero yo no. Con lo importante que me resulta que haya una palabra en el mundo que sea poética, sin embargo no sabría cómo decir cuándo una palabra es poética:

«No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor...»
(Juanele, De las Raíces y del Cielo, "Ah, mis amigos, habláis de rimas...")

Es hasta el día de hoy la única "definición" que me parece aceptable: la palabra poética nos saca de nuestros aposentos, nos lleva a cielo abierto, al raso, en el frío de las noches sin ninguna guarida ni escondrijo cerca. Nos deja allí, a la intemperie, a mirarla.
El peligro de la palabra: «Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?» (Juanele, "Deja las letras..."). Nos envuelve en sus redes sensibles, "ay, qué sutil", o "qué agradable", "mira qué profundo este verso", "increíble que el poeta haya podido decir esto"... ¿el poeta? ¿quién dijo que es el poeta el que lo dice? El poeta es posiblemente poietés de todas las palabras, excepto de la palabra poética. También el poeta ha sido llamado en ella a ese desierto donde, crucificada, la encuentra hablando en la intemperie, y allí se queda. Al revés que el esclavo de Platón, que libre de sus cadenas sale a la luz, el poeta, que podía ser libre, votar, gozar con la fantasmagórica anomia de las ciudades queda ahora encadenado a la intemperie: ya no ve, es de noche; ya no elige, es esclavo; ya no puede amar.
¿Y todo esto para qué? me dirán. Único remedo humano, simbolema del mundo trascendente donde Uno se entrega por otros para que todos puedan entregarse. "Para el invento del amor", dice Juanele. Y aun sobre ello, en palabras más prosaicas pero con experiencia de la palabra poética dirá A. Schökel: «la capacidad de engendrar una experiencia vicaria, o sea, de hacer entrar al lector en situación y permitirle revivir a su modo la experiencia comunicada.» (L. Alonso Schökel: Los Profetas, I, pág. 15).

domingo, 20 de septiembre de 2015

Traición de un retruécano

El Papa ha citado una vez más ese retruécano popular «quien no vive para servir, no sirve para vivir», en la homilía de hoy en La Habana. Además lo ha dicho con toda "solemnidad", pesando las palabras.
No pretendo hacer ninguna crítica "de calado" a la homilía; al contrario, creo que el Papa habla hermosa y sencillamente, y del conjunto emerge una guía accesible a todos para una vida concreta en sintonía con el evangelio. Sin embargo no es la primera vez que el Papa cita esa frase popular, muy ingeniosa por el retruécano, pero bastante poco cristiana, aunque se atribuye a la Madre Teresa, o a San Agustín.
La fe cristiana se caracteriza por reconocer que la vida que Dios nos da está por encima de lo que personalmente merecemos... ¡incluso el mayor pecador "sirve" para vivir! como lo dirá el mismo Jesús en la cruz al terminar exculpando a sus propios verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Ese corazón del evangelio, esa aceptación de todos, hasta del mayor pecador, sin condiciones, nos distingue de las ideologías, incluso de las que, con buena voluntad, están también a favor de los débiles y desposeídos.
Eso está siempre presente en los discursos del Papa, y de ninguna manera pretendo juzgar su decir por sólo una frase que contradice un largo discurso en favor de la aceptación, la misericordia universal, los brazos abiertos a todos. Es sólo una frase, pero lamentablemente es la frase que los medios (los medios más cristianos, incluso News.va) han escogido para titular y resumir esta homilía del Papa, y de alguna manera su pensamiento.
Yo creo que cuando el Papa cita esa frase, realmente no se ha parado a pensar en lo que significa en su conjunto. Traiciones que nos hacen los retruécanos y en general las frases hechas que, a veces, sin darnos cuenta, piensan en lugar de nosotros.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Algunos aspectos negativos de la apologética por internet



Quiero dejar claro de antemano que no rechazo la apologética católica como tal; creo que cumple una función insustituible: desde estar allí prontos a deshacer un equívoco sobre la práctica religiosa, sobre el funcionamiento de la Iglesia, etc. hasta ayudar a desmadejar más en profundidad los juicios contrapuestos de nuestro propio espíritu, que muchas veces no nos dejan ir a Dios con una confiada entrega de sí mismo.
El problema es que hay apologética buena, medianita, peorcita y decididamente mala. Alguna apologética hay que es un simple "argumentario" que contrapone al argumentario del mundo su propia tira de interpretaciones, y el resultado es que la persona simplemente se ve abocada a aceptar ideológicamente las cosas, no a comprender y crecer.
Hoy leí un artículo interesante que se titula «Asistir a la iglesia, clave para la buena salud mental entre los mayores europeos»; parece el típico "un estudio de la Universidad de Michigan demostró (en una muestra de tres seres humanos) que los que comen tomate hablan mejor", pero las escasas explicaciones prometen (lástima que seguramente no habrá forma de hacerse con el estudio entero).
Se trata de un estudio científico, así que si está bien hecho va a lo suyo y punto, el que quiera encontrar significado apologético que lo encuentre. Naturalmente, ese significado no se hizo esperar, y así viene el tuit de Mons. Munilla (@ObispoMunilla):

Pequeño tuit, pero que contiene lo que a mi entender son dos errores apologéticos habituales en la apologética católica, y que nos hace tan antipáticos:

1- No entender que nadie tiene obligación de querernos, de entendernos, de aceptarnos...
¿Por qué voy a llamar "censura laicista" a que los grandes medios no estén interesados en promocionarnos? No tienen por qué: no publican todos los estudios científicos de todas partes del planeta, publican los que sirven a sus gustos, a conformar a su público, etc. es decir: lo lógico.
Si quieres que alguien conozca ese estudio, publícalo tú, en tu tuitter, en tu facebook, si eres Mons. Munilla, envíaselo a la COPE, que es de la tribu, habla con algún amigo del Mundo a ver si a cambio de algún favor quiere publicar la noticia.... pero no esperes que quieran publicarla porque eres católico y tienen la obligación de darse cuenta que tienes la verdad de tu parte...
Tal como está redactado, el tuit genera mal clima, no es apologético: se dirige más bien a los de adentro, para mostrarle lo pobrecillos maltratados que son, no hacia el mundo para hacernos llegadores. Y por supuesto a partir de una errada interpretación de lo que es ser "maltratado".

2- La noticia misma es dudosamente apologética:
Lo único que muestra es que puedes "sentirte bien" yendo a la iglesia; el mismo experto añade:
«no está claro para nosotros cuándo esto es debido a la misma religión en sí, o si puede ser motivado por el sentido de pertenencia y de no ser socialmente aislados».
También hay gente que se "siente bien" con una tarde de promiscuidad en el sauna, viendo Telecinco, o en mil otras cosas que nos hacen sentir subjetivamente bien, aunque objetivamente sean poco recomendables... :-)
La noticia no es inmediatamente apologética; tomada como tal consolida una religiosidad ya excesivamente antropocéntrica: «la religión es buena porque te hace "sentir bien"».
Podría ser apologética si se presenta indirectamente; "mira qué curiosidad esto", o "van a la Iglesia por Dios, pero reciben la añadidura", algo que deshaga la idea de que ese estudio capta en algo nuestra experiencia personal y religiosa de ir a la Iglesia.
El peligro de una mala apologética en este aspecto es prometerle a la gente algo que luego no se le cumple. Posiblemente la gente que se "siente bien" yendo a la parroquia es gente que ha ido toda su vida, que conoce por nombre hasta las baldosas de la sacristía, y entonces forma parte de esa estructura y allí "se siente bien"; pero invita a cualquiera de la calle a la parroquia, incluso bien dispuesto hacia nuestra fe, o incluso siendo un buen creyente, mételo en una de nuestras parroquias, con todas las pruebas que hacemos pasar a la gente para aceptarlos, con las cuchilladas que nos tiramos unos a otros todos el tiempo por todo, con el cotilleo que hay, con toda la negatividad de las parroquias (normal en gente que no es santa sino que sólo pretende ser hecha alguna vez tal), y luego vemos si "se siente bien".
No vamos a la iglesia a "sentirnos bien", aunque a menudo ocurre que nos sentimos bien yendo, pero es un efecto colateral, teológicamente es una añadidura (Mt 6,33), no algo que deba ni siquiera darse por supuesto que lo ofrecemos, porque no lo podemos ofrecer, y cuando lo hacemos, es simple propaganda engañosa.

martes, 4 de agosto de 2015

¿Por qué no una mujer cardenal? Una dirección de respuesta al P. Fortea

No he leído el libro del P. Fortea sobre el tema, sino que he leído el articulo de AciPrensa que menciono en este escrito; así que mis opiniones sobre las opiniones del P. Fortea, y la idea sobre él que me hago a partir de esas opiniones están mediatizadas por la selección de citas que ha hecho AciPrensa, y no valen más que para la dialéctica de este escrito.

¿Podría una mujer ser creada cardenal? Famoso exorcista Fortea responde en nuevo libro

Bastante dudosa es la autoridad que le da el ser "famoso exorcista" como para escribir sobre este tema. Desde luego que no más que la mía para responderle.

Al abordar la posible creación de mujeres cardenales por parte de un Papa, en el capítulo “Mujer y Cardenalato”, el sacerdote español advirtió que esta es “una de las cuestiones que la presión social planteará con más frecuencia” en los próximos años.
Ya empezamos mal, ¿por qué la "presión social" y no el "interés en profundizar en la eclesialidad", por qué la "presión social" y no el "interés por renovar para mejor la Iglesia, e incluso en cuanto a justicia"?

Comenzar por situar la cuestión dentro de la "presión social" es negarse a ver nada fuera de lo ya visto: si algo cambia es porque "se rindieron los que tenían que custodiar que NADA cambie". Con muchos P. Fortea en la Iglesia inicial.... ¡no tendríamos iglesia! Porque vaya si la Iglesia inicial, y los siglos II, III, IV, V, etc... cedieron a la "presión social", es decir, simplemente a lo adecuado para cada momento histórico, que puede ser distinto y nuevo respecto de lo anterior.

“Los que están a favor de esta posibilidad, alegarán que el cardenalato es una dignidad, no un sacramento. Y que, por tanto, solo depende de la voluntad papal”, señaló.
No se trata de estar previamente a favor o en contra. La gente altamente ideologizada cree que todos los demás también lo están. No es un problema de estar a favor o en contra, es que realmente es una dignidad, creada por voluntad papal, no un sacramento.

El P. Fortea indicó que quienes “están a favor de elevar a la mujer a la dignidad cardenalicia, lo hacen o desde la equivocada idea del sacerdocio de la mujer o desde la idea de que el Colegio también debe representar a las mujeres dentro de la Iglesia”.
Él entiende (lo dice luego) que representar en los dirigentes de la Iglesia a todos los miembros de la Iglesia es lo mismo que parlamentarismo, por tanto es normal que con esa falta de imaginación la única alternativa que se le plantea es "o sacerdocio femenino o parlamento", como si no hubiera más motivos por los cuales fuera bueno que hubiera mujeres en el Sacro Colegio Cardenalicio.

“La posibilidad del sacerdocio para la mujer ya está perfectamente contestada por el magisterio ordinario de la Iglesia”.
Eso es, sencillamente, falso, y muchos persisten en engañar a la gente diciéndole eso. No está cerrado porque SS Juan Pablo II no lo cerró, pudiendo hacerlo. Produjo una declaración suficientemente ambigua para que no sea una declaración dogmática en forma, pero que los P. Fortea y Cia pudieran usar como si lo fuera. Eso mismo, el hecho de que lo haya hecho en esa forma y no con claridad muestra que SS Juan Pablo II no consideraba aun que fuera el tiempo de cerrarlo en forma.

Puede ser que el sacerdocio femenino sea una vía cerrada, así como la Iglesia estaba en conjunto convencida de la Inmaculada Concepción de María mucho antes de declararla, pero mientras no esté real y formalmente declarado, con los procedimientos y el lenguaje que la propia Iglesia exige para sus declaraciones, no es cierto que esté "perfectamente contestada desde el Magisterio".

De todos modos, esta frase que cita AciPrensa es para confundir y crear bandos, ideologías: porque de lo que estamos hablando es de si una mujer puede ser cardenal, no de si puede ser sacerdote.

El sacerdote español advirtió que “si el Sacro Colegio fuese elegido bajo el criterio de intentar representar a los grupos que componen la Iglesia sería una misión imposible”.
“Además, es que la misma idea de este tipo de representatividad implica una especie de parlamentarismo, que es totalmente ajeno a la naturaleza de este Colegio”.

¡Esto sí que ya es gracioso, si no fuera estúpido! ¡O sea que para evitar la dificultosa tarea de que el SC represente a todos los grupos, entonces lo bueno es que sólo represente al grupo al que él pertenece....

Y lo que sigue completa la idiocia:

“No hace falta un gran ejercicio de imaginación, para entender a qué luchas de influencia nos abocaría un sistema así. Ese sistema favorecería las presiones internas y externas, las campañas de opinión pública, los juegos de influencias, las ayudas recíprocas. Las luchas del mundo se trasladarían al seno de la Iglesia”
jajajajajajajajaja, ¡es que sin mujeres no hay luchas y presiones mundanas en el Sacro Colegio!!!!!!!
Como todos saben, el Sacro Colegio es un ejemplo para el mundo, precisamente porque allí no se dan presiones, no hay lobbys, etc....
El error fundamental de la postura de Fortea (y de tantos otros) es creer que la mujer es "un grupo", como puede haber un grupo de "jóvenes", otro de "trabajadores", otro de "educadores", etc. Por tanto, cuando se habla de la mujer en funciones de gobierno dentro de la Iglesia enseguida lo asimilan a la representatividad parlamentaria. Más abajo me ocupo más en detalle de ese asunto.

“Jesús escogió a los Apóstoles, y los Apóstoles escogieron a sus sucesores, sus sucesores escogieron a los presbíteros. Como se ve, la línea es vertical descendente. Esto simplifica todo el sistema e impide el tipo de ajedrez eclesiástico de influencias que antes he mencionado. Eso sí, se impide en la medida en que la debilidad humana puede hacerlo”.
Entonces el error no es introducir mujeres en el Sacro Colegio, sino crear el Sacro Colegio, que precisamente no tiene nada que ver con esa línea vertical que tan ingenua como tontamente mete aquí en medio, en algo que no se está discutiendo. El P. Fortea sigue hablando de sacerdocio, no de colegio de cardenales... Jesús no creó el colegio de cardenales, ni ordenó crearlo.

“Jesucristo no quiso que las mujeres estuvieran representadas en la Última Cena. Incluso en un momento tan trascendental, no nos consta que dijera a su Madre: ven a la Cena en representación de las mujeres."
NO NOS CONSTA, ¡exactamente! como no nos consta:

La edad que tenía Jesús cuando murió, la fecha cierta de la última cena, si fue o no la comida pascual judía, la fecha en que nació, la altura que tenía, cuántos lo seguían, si hablaba arameo, griego o ambos, si sabía leer, etc etc etc etc etc etc etc.
De Jesús y lo que hizo en la historia sabemos lo muy mínimo que se necesita para poder confesar que es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y que murió y resucitó por mí. Nada más se conservó, posiblemente para no distraernos. Si supiéramos que era alto, algunos no lo seguirían porque no les gustan los altos, y si supiéramos que era bajo, otros no lo seguirían porque no les van los bajos... así que en los evangelios no tenemos distracciones, no tenemos "datos innecesarios".

Saber cuántos estaban en la última cena y si había o no mujeres es un dato innecesario. Porque la Iglesia no lo necesita para ser Iglesia en la historia, ella, la Iglesia, bien puede, y debe, encontrar caminos para que todos sus miembros puedan llegar en ella a una plenitud de vida cristiana, según cadas momento histórico. En nombre de eso la Iglesia creó muchas instituciones -como un colegio de cardenales- que Jesús no había mandado ni creado él mismo.... las instituciones de la Iglesia no fundadas por Jesús de manera directa no tienen por qué imitar un cuadro de Da Vinci.

El artículo sigue, pero no aporta ningún argumento decisivo nuevo a estos ya comentados.

Ahora sí, ¿por qué tendría que haber mujeres en el Sacro Colegio?

Para ayudar a preservar la verdad que la Iglesia enseña sobre la diferencia entre varones y mujeres, y por tanto la verdad sobre el ser humano.
La Iglesia enseña que la diferencia de sexos entraña diferencias de género que van más allá de lo cultural: no es la cultura la que creó los roles masculinos y femeninos, sino que el hecho de que hubiera dos sexos biológicamente determinados implica, en lo profundo, que hay un ser humano que nunca es UNO sino siempre DOS.

Por tanto, aunque Cristo haya instituido un sacerdocio únicamente masculino (eso no lo discuto ni tiene relación con esto), la Iglesia se está privando, en sus funciones de gobierno para toda la Iglesia de toda la humanidad, de la mirada significativamente distinta de las mujeres. La Iglesia sabe que tiene un tesoro a mano: una mitad de la mirada, pero decide usar para su gobierno un ojo tapado.

No tiene esto nada que ver con "parlamentarismos" ni "representaciones": la mujer no es un "grupo" al que haya o no que representar. Nosotros enseñamos que Dios "los creó varón y mujer, a su imagen, según su semejanza", (Gn 1,26-27pass) y sacamos de allí la doctrina antes señalada de que "varón" y "mujer" no son meras determinaciones culturales sino creaturales.

Casi es una ley de la naturaleza la redundancia: dos ojos para ver en estéreo, dos oídos para oír en estéreo, dos seres humanos para que el ser humano sea realmente ancho y expandido... ¿y se trata la cuestión de la mujer en la Iglesia como si fuera meramente dejar entrar un grupo de presión?

Tápense un ojo y miren... les falta algo. Se puede andar con un ojo, pero falta algo, cuando no lo tienes, no lo sabes, pero en un momento te quitas la venda y sabes lo que te perdías. Esa es la cuestión fundamental con la mujer: la Iglesia se gobierna con un parche en la mitad de su naturaleza. No siente la falta porque no ha experimentado el gobierno de sí misma a partir de una experiencia ampliada y enriquecida de la naturaleza humana.

Ruego que la Iglesia se quite el parche del ojo alguna vez.