Con la cuestión del Open Arms rescatando náufragos que Europa se niega a recibir los periódicos están llenos de vociferantes diciendo "que los devuelvan al África", "con mis impuestos no", etc.
Yo voy a tratar de explicar sin acritud por qué creo que con mis impuestos sí. Lo haré respondiendo a las objeciones que he ido leyendo en las redes:
-No habría que haberlos dejado salir...
Y Adán no debería haber comido el fruto. La realidad es la que nos toca, no las que nos debería haber tocado. Si estoy con un barco en el mar y veo 30 personas abandonadas en él en peligro de muerte, si además hay niños y mujeres embarazadas, lo que toca es rescatarlos, no importa cómo llegaron allí. Esto incluye la objeción de que son víctimas de la trata de personas. Sí, la mayoría lo son, pero ellos no tienen la culpa de serlo, no se puede castigar en ellos a la trata de personas, a ellos solo toca rescatarlos.
-Rescatarlos tiene un efecto-llamada, si rescatas a estos, otros más lo intentarán.
El rescate no lo están mirando por la tele 50 negritos en bañador esperando a ver si rescatamos a estos para lanzarse a nadar así los rescatamos. Es infantil imaginarlo así. Las condiciones de supervivencia en origen de esta pobre gente es tal que si no los rescatamos para evitar el efecto llamada morirán estos 50 y los 50 que venían atrás pensado que a lo mejor los recataríamos, y los 50 que venían atrás de los otros 50, etc. Es decir: su salida hacia nosotros es una salida desesperada, no la respuesta a ninguna llamada.
-Esto solo favorece a las mafias
Sin duda que esto favorece a las mafias, en el mismo sentido en que tener una justicia más justa favorece a los delincuentes, porque se cuelan más fácil en el sistema: cuando le cortaban el pito al violador había menos violadores, pero prefiero nuestra justicia con garantías, que cuela más delitos pero es más justa, que la justicia sin garantías que es injusta por definición.
Si rescatas gente traficada por las mafias las mafias tomarán más alas, eso es verdad, pero si no los rescatamos ni eliminamos las mafias ni solucionamos el problema humanitario de esta pobre gente.
Ellos no son culpables de nada, eso es lo que hay que grabarse en la mente y el corazón: si tienes problema con las mafias persigue a las mafias, pero no los castigues a ellos por ser traficados: no los conviertas en putas que además pagan la cama.
-Los de estas ONG y Richard Gere vuelven a sus confortables casas donde tienen colchones
Sí, claro, el estado ideal del hombre no es ahogarse en el Mediterráneo.
-Estas ONG no encuentran los náufragos por casualidad, salieron a buscarlos
Obvio: ya sabemos que va a haber, y en vez de esperar a recibirlos muertos en las playas, se sale a buscarlos mientras es posible hacer un poco más.
-Lo que hay que hacer es devolverlos a sus sitios de origen y ayudar a esos países a que se desarrollen
Estas dos objeciones suelen ir juntas, pero merecen ser tratadas por separado: a sus sitios de origen, no... ellos salieron, y no salieron porque sí, salieron desesperados, salieron como última oportunidad, nadie se arriesga a lo que ellos se arriesgan por "cobrar una paguita" (una estupidez hiper-repetida en internet). Debemos ayudarlo en el estado en que los encontramos, con parte de su gesta humana hecha, nosotros tenemos que ayudarlos a completar el resto. No son animales que se escaparon de un corral y a los que sí cabría volverlos. Son seres humanos que no encontraron otra salida que esta, y esta es la que tenemos que ayudarles a realizar, como ayudarías a tu amigo o a tu hermano, aunque el camino que eligió no es el que tú elegirías para ti. Con el mismo sentido de humanidad y respeto: es pobre, no animal ni inferior.
La segunda es cierta, Europa, como lugar privilegiado cultural y económicamente, debería estar muy comprometida en el desarrollo de los países de origen de estos náufragos, para que no necesitaran huir. Pero Europa (igual que USA, Japón y otros) no hace nada. Y lo que es peor, sospechamos con fundamento que lo que hace es corromper y explotar esos países de origen. Aunque eso último no fuera cierto (que lo es), Europa no hace nada por esos países. Nada. Y le toca hacerlo, como espacio rico del mundo, como al rico de un país le toca contribuir más al desarrollo que a un pobre.
-Que los del Open Arms y Richard Gere se lleven los pobres a su casa y los alimenten.
La cosa no funciona así. Primero, no podrían, porque lo que esta gente ante todo carece es de legalidad, y la legalidad la dan los estados, no los particulares. Así que el primer compromiso con ellos es de los estados, es devolverles la legalidad como expresión de la dignidad humana que vinieron a buscar al mar.
El estado nos representa a todos, y el estado existe para administrar principalmente justicia y educación a sus miembros. A eso se subordina todo, para eso inventamos los estados y eso supone el compromiso de renunciar a ciertos aspectos de nuestro egoísmo natural. En muchos casos haríamos justicia más rápido si no estuviera el estado de por medio, pero la historia y la experiencia nos demuestra que la justicia por mano propia degenera mucho más rápidamente en injusticia que la justicia clánica, y esta mucho más rápido que la justicia anónima y estatal. Por eso a pesar de todos sus defectos la hemos adoptado y la mantenemos.
La existencia de estados es un triunfo en mí de la noción de humanidad por sobre la del individuo que soy yo mismo: acepto resignar parte de mis deseos, mis ventajas, mi egoísmo, mis posesiones, pero también proteger mejor mis debilidades, y mantenerme a salvo del egoísmo ajeno, en función de igualar un poco el desigual estado de naturaleza, y promover lo más posible a todos sus miembros. Para ello el estado administra justicia, y el estado educa, crea con el tiempo una sociedad de gente que asimila mejor todo lo que tiene que resignar para convivir.
No hace todo esto demasiado bien, por eso siempre podemos criticarlo y es siempre perfectible. No lo hace demasiado bien porque la sociedad humana es compleja, porque además de lo fríamente racional el hombre vive de emociones y se siente más a gusto de ciertas maneras que de otras, y eso no puede medirse ni regularse, pero debe conocerse y respetarse. A menudo el estado falla en eso, porque muchos creen que solo las leyes pueden regular las sociedades, pero no es así. Así que los estados modernos son en muchos casos herederos de una historia de fiascos humanos, de guerras absurdas, de tomas de posición ridículas, y de egoismos de estado, que son más peligrosos aun que los del individuo. Como nos pasa a nosotros hoy con África: somos herederos involuntarios de una historia de vejación y aplastamiento que Europa realizó allí. Así que hay algo de justicia en recibir a los náufragos, herederos también involuntarios de un continente fallido en gran parte por culpa de nuestra historia.
-Ya llegamos a la culpa: qué culpa tengo yo de lo que hizo Holanda en el siglo XVI. España fue más civilizada que los demás en sus conquistas.
Las dos proposiciones son en parte ciertas, solo en parte. Nosotros no tenemos culpa personal en la vejación que la Europa de antaño hizo en el tercer mundo, pero somos herederos del mundo creado por esa Europa. Tampoco ninguno de los tantos "derechos adquiridos" que el europeo siente amenazados fue adquirido por esos mismos individuos. Es muy simbólico que la vieja Europa otorgue la ciudadanía no por nacimiento sino por herencia: se es europeo por ser hijo de europeos. Eso nos obliga a hacernos en parte cargo de la culpa de los padres, puesto que disfrutamos de sus bienes sin haberlos conseguido nosotros mismos.
En cuanto a España, aunque es muy difícil medir objetivamente la culpa histórica que pueda tener un país u otro, sobre todo porque las historias van sucediéndose, y nuevas y nuevas realidades sociales reemplazan, corrigen, profundizan, contradicen, las anteriores, uno puede mirar la legislación de época de la conquista de América y ver que había una inspiración muy fuerte a defender al indígena, dentro de las convenciones de la época, por supuesto. En el terreno de la práctica la cosa, desde luego, cambia a peor, como suele ser en la bajada práctica de todo lo humano... España ha conseguido, a duras penas y en medio de muchas contradicciones, mantener cierta relación de asimilación con la América hispana, y podría ser un modelo de lo que podría ser la relación de Europa con África.
Pero en este momento estamos en medio de una crisis humanitaria, no es tiempo de sentarse a pensar modelos y estrategias, ni de repartir carnet de culpables o inocentes, sino de rescatar, dar vida y alimento, educar, hacer crecer. No somos culpables de la historia africana, pero podemos volvernos culpables de los muertos actuales en el Mediterráneo, si no actuamos a pesar de que otros con igual obligación no lo hagan.
España tiene un temple más generoso que otras naciones europeas, es momento de usarlo, no de hacer cálculos de factibilidad. El mundo es de todos los hombres y para todos los seres humanos, o de tanto calcular nos terminaremos hundiendo todos juntos.
-¿Pero por qué eso tiene que salir de mis impuestos?
Porque para eso son los impuestos, para que el estado administre justicia y educación, y en este momento los que requieren una justicia generosa, amplia, nueva, son los que se están ahogando en el Mediterráneo.
No existen "tus" impuestos: del momento en que los pagaste -y que si no los pagas es deuda, de grave cumplimiento- es que ese dinero no es tuyo, es de todos, y debe servir para el proyecto común, ¿qué más proyecto común que una sociedad creada en la justicia y la solidaridad?
sábado, 10 de agosto de 2019
domingo, 12 de marzo de 2017
¿Por qué deberíamos, como católicos, desmarcarnos con claridad de iniciativas contraculturales como el autobús de Hazteoír?
No obstante, hay que reconocer que desde cierto punto de vista ellos "hacen algo" contra los avances de la "cultura de la muerte", y ahora contra el avance del relativismo de género, mientras que muchos católicos "no hacemos nada", empezando por los obispos, que no parecen haber tenido mejor idea que rechazar las iniciativas de HO, pero sin hacer nada más decisivo que recordar que la ideología de género "está mal".
Ese "ellos hacen algo" es el motivo por el cual muchos católicos de base, viendo el retroceso aceleradísimo de los retazos todavía existentes de la antigua "cultura católica", aunque lo consideran algo "a título personal", en tanto ciudadanos y no en tanto católicos, aplauden y avalan (con cadenas en las redes sociales, con firmas en distintas plataformas de opinión ciudadana) ese tipo de iniciativas.
Naturalmente, podemos hacer muchas cosas con la intención puesta en luchar contra la ideología de género y la cultura de la muerte. Podemos salir a rezar rosarios a la calle, podemos quejarnos por internet, podemos tirarle huevos y harina a los políticos que votan a favor de esas iniciativas, podemos poner quince autobuces en las principales capitales europeas, podemos rezar en casa, etc etc etc... el tema no es si "hacemos algo" sino si lo que hacemos tiene algún sentido.
Por otro lado, la lucha contra estas novedades culturales parece estar identificada en Occidente con el catolicismo, así que deberíamos tener bastante presente si lo que hacemos, aunque para nosotros sea "a título personal", o como iniciativa cívica, repercute o no en la cara del catolicismo en la sociedad. Los medios, por ejemplo, ya han calificado a la asociación integrista Hazteoír como "ultracatólicos". Vaya a saber lo que quiere decir "ultracatólicos", pero lo cierto es que el mote está muy extendido en la opinión pública, de tal modo que nos guste o no, incluso los católicos que nos desmarcamos de ese integrismo, incluso los obispos, estamos irremediablemente asociados como católicos que somos, a los "ultras". Cada vez que un católico firma una iniciativa de esa asociación, está en realidad consolidando la imagen de que hay un puente que une católicos con ultracatólicos. Esto le está haciendo un daño bastante serio al catolicismo, ya que cualquier idiotez que hagan los de HO -que tienen todo el derecho de ser idiotas "a título personal"- la sociedad lo carga a la cuenta de los católicos, con el aval de nuestras firmas católicas en ese web integrista.
¿Pero por qué está mal el integrismo?
Me gustaría traer aquí un párrafo de una obra del teólogo Von Balthasar que habla precisamente de ello, y define muy bien la profunda anticatolicidad del integrismo. Antes de leerlo, quisiera hacer notar un contexto de este párrafo: en la obra ("¿Quién es un cristiano?"), el teólogo habla sobre la realidad de la Iglesia en el post-Concilio (comenzó a trabajar en este texto en 1965), y constata cómo el ambiente interno de la Iglesia era casi de tanta confusión como en el mundo. No se chupa el dedo. Von Balthasar no es un contemporizador a ultranza con el mundo moderno, al contrario, tiene muchas prevenciones acerca del "alegre diálogo" y la fácil contemporización con cualquier tendencia cultural que se nos ponga delante. Precisamente en esos momentos de confusión cualquier persona formada en los principios de su catolicismo tiene la tentación del integrismo, es decir, de romper del todo con cualquier tipo de interacción con el mundo que nos rodea, y más bien centrarse en imponer los valores cristianos, que bien pueden expresarse en leyes y costumbres de inspiración cristiana, como fue durante siglos y funcionó razonablemente bien (a pesar de lo que digan algunas "leyendas negras", que siempre se pueden contraargumentar).
Esto es una tentación, una tentación que siente cualquier persona decente y formada. Ver que el estado te impone la aceptación de la educación transgénero para los pequeños no le gusta a nadie que sepa que todo eso no es más que ideología; ver que el estado permite, pero además positivamente promueve el aborto, no le gusta a nadie que esté bien formado y tenga hijos, sobrinos o nietos adolescentes; uno sabe a qué llevan todas esas ideologías.
Y es verdad, llevan a la infelicidad, pero ¿es el integrismo la solución? ¿es posible y deseable que los valores cristianos se impongan de esa manera?
Responde Von Balthasar:
«le está vedada al cristiano esa forma de síntesis que nosotros hemos llamado «integrismo» y que es la mera aplicación práctica de la gnosis antes descrita: a saber la utilización (con olvido de Dios) de medios de poder específicamente mundanos para una supuesta promoción del reino de Dios en la tierra. La intención puede ser sana, pero es malsana la identidad ingenuamente sobreentendida entre el reino de Dios y la influencia político-cultural de la Iglesia, influencia que luego se identifica en práctica con el poder de influencia de un grupo de «mamelucos» cristianos que ansían conquistar el mundo. Pero no estamos ya en la Edad Media; se acabó el tiempo de las equiparaciones simplistas de cielo y tierra; toda forma de «francmasonería» cristiana moderna resulta, a la larga, sospechosa y odiosa para cristianos y no cristianos. El que hace esas cosas no ha entendido bien ni la impotencia de la cruz (que él debiera anunciar) ni la omnipotencia de Dios (a la que quisiera socorrer presuroso con el poder mundano) ni las leyes del poder mundano (que aplica desprevenida y acríticamente). Los seguidores de Jesús estamos en una situación mucho más desprotegida de lo que nos gustaría. Estamos radicalmente expuestos: como cristianos expuestos ante el mundo, y por Cristo expuestos en el mundo. Con la Iglesia quisiéramos, de mil amores, forjarnos un escudo contra el mundo y con nuestra misión en el mundo un escudo contra la palabra y la pretensión de Cristo. Pero Cristo desautoriza la espada mundana del integrista Pedro, toma partido por los agresores y cura la oreja de Malco. Y el mundo desautoriza también esa misma noche los acercamientos colaboracionistas del mismo Pedro y lo pone en el lugar que le corresponde: «Tú también eres de ellos, seguro; te traiciona tu mismo modo de hablar» (Mt 26,73). Desde ambos frentes es rechazada la búsqueda angustiosa de cobertura.»
"Búsqueda angustiosa de cobertura". Es eso y no otra cosa el integrismo, del signo que sea. El programa de acciones integrista no es sino una gran empresa de autocubrirse ante un mundo inhóspito, con la falsa fachada de hacerle un bien "al Reino de Dios", a la fe, etc... ser católico no es defender un conjunto de valores que "te hacen feliz", para eso basta una gnosis con fachada de cristiana. Ser católico es acompañar al Señor, seguirlo como el discípulo al maestro, identificarse con él; por supuesto, identificarse sobre todo en lo más central de su vida, que es la cruz: "El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán." (Juan 15,20). La cruz es la forma de la fe en el mundo. Es posible que en alguna época se dé una convivencia con el mundo un poco más amable, pero es un "caramelito" un don de Dios a su Iglesia que no debemos -por imperativo de la propia fe- tratar de provocar por nosotros mismos. Todo intento de nuestra parte de actuar simétricamente pero en sentido contrario al mundo, de frenar el rechazo de Dios con armas que no sean las del evangelio -la persuasión y la cruz- se pone irremediablemente al margen del evangelio, exactamente como, en el ejemplo que da Von Balthasar, Pedro al cortarle la oreja a Malco. Puede hacerse con mala intención o con buena intención, pero no hay duda que está fuera del evangelio, y puesto que el evangelio es muy claro y constante en este punto, el juicio al respecto es verdaderamente severo.
En suma, que no se trata de ponernos a "hacer algo" porque "los obispos no hacen nada" y esta es "la hora de los laicos". La hora de la Iglesia es siempre la hora de la cruz, para todos, obispos y laicos; cualquier hora que no sea esa, no pertenece al reloj de Cristo, y por tanto, como no recoge con él, desparrama (Mt 12,30). Es tan claro el evangelio en este punto, que es verdaderamente algo demoníaco que los católicos se confundan tan a menudo.
domingo, 5 de marzo de 2017
De ofensas carnavalescas
Días pasados, en el carnaval de Tenerife, en la ya tradicional noche "drag", se presentó a concurso -y ganó-, una parodia de la Virgen y de la crucificción.
Como todos saben, eso levantó un inmediato debate sobre los famosos límites de la libertad de expresión, y la consabida frase, que ya es un eslogan: "a que no se animan con los musulmanes...".
La cosa no es nueva en absoluto, el año pasado fue una imagen de un colectivo LGTB que puso en una foto un "beso lésbico" de dos imágenes de la Virgen, y así un largo etcétera.
Obviamente que como cristiano no me gustan ese tipo de imágenes; me parece triste que nuestras mayores realidades, en un país que hace mucho tiempo fue abanderado del catolicismo europeo, se hayan convertido en objetos cómicos para adornar el lógico desmadre del carnaval, y generar -artificialmente- una polémica, quizás para suplir una pasión que la creatividad artística no consigue encender.
Dicho esto, la cuestión es si y cómo debemos reaccionar los cristianos; hay varias formas posibles:
-Podemos pasar al ataque: si nos dan, demos. ¿Pero no dice el evangelio que hay que poner la otra mejilla? sí, pero eso, que es un reclamo de Jesús a cada creyente, no es exigible por otro más que por Jesús, nadie me puede reclamar que si me siento ofendido, reaccione; y mucho menos tienen derecho a reclamármelo en nombre de Jesús quienes no creen en Jesús, y ni siquiera lo respetan.
-Podemos reivindicar nuestra pertenencia a esta sociedad y por tanto reclamar nuestra cuota de respeto en una sociedad que, por tener que juntar muchas mentalidades heterogéneas, tiene que practicar y enseñar a practicar el autodominio sobre lo que puede ser ofensivo para los demás, aunque para uno no lo sea.
-Podemos también soportar silenciosamente la ofensa, e incluso sentir una profunda alegría (una alegría cristiana, no carnavalesca ni pagana) por la ofensa: atentos a la palabra del Señor que dice «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» (Mt 5,11-12)
Al primero lo podemos llamar el método "hazteoír", cristiano sólo en apariencia; porque si bien nadie puede exigirnos desde fuera el mandato de Cristo "ofreced la otra mejilla" -es algo que tiene que salir de nosotros mismos-, parece profundamente anticristiano reclamar por las ofensas que hacen a nuestra fe, con métodos que a su vez niegan el respeto a quienes nos ofendieron, o que al menos se ponen a su misma altura.
Al segundo no sé cómo lo podríamos llamar (no quiero ofender a nadie), pero es un clásico cuando ocurren estos episodios: muchos cristianos y medios de comunicación cristianos nos atiborran de razonamientos sobre la simetría que debe regir en nuestra sociedad respecto de la "libertad de expresión", que no es un derecho absoluto, que nuestra libertad termina donde comienza la del vecino, etc, etc. etc...
¿Tienen razón? ¡claro que tendrían razón!... si no fueran cristianos; porque siéndolo, no se dan cuenta que en cuanto ponen el problema de las ofensas a la fe al nivel de cualquier ofensa que pueda circular en la sociedad (las ofensas a las mujeres, a los negros, a los gays, a los obesos, a los bajitos, a los altos, a los chinos, a los tuertos, etc), convierten a la fe cristiana en un colectivo más, un "diferente" que tiene que ser aceptado precisamente porque es diferente... Y la fe cristiana no es ni igual ni diferente a nada, simplemente, cuando funciona, es la sal de la tierra, y cuando no funciona, no sirve más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
En las realidades sociales, el respeto lo reparte Papá Estado. No quiero ese respeto, como cristiano me niego a que Papá Estado diga que yo "debo ser respetado", porque soy como el enano, del que no debo burlarme. ¡Claro que no debo burlarme del enano! A mí me sale naturalmente reírme de quien se cae al suelo por un accidente tonto... ¡claro que no debo reírme! ¡me parece estupendo que Papá Estado me penalice si me burlo del tonto del pueblo! ¡claro que no debo burlarme!
No debo burlarme porque la cultura supera al estado de naturaleza... no debo burlarme porque naturalmente me burlaría, no debo discriminar al que es diferente porque soy una persona del 2017, no un bruto cavernícola, que discrimina a cualquiera que no pertenezca a su caverna. Hemos desarrollado el Estado (con todas sus estupideces y excesos) para que custodie el estado de cultura que tantos milenios nos costó conseguir, así que me alegra que Papá Estado me recuerde las cosas que por mi naturaleza no me sale respetar.
Pero como cristiano yo no soy un "colectivo" del que todos deberían naturalmente reírse, excepto que Papá Estado les mande no reírse... si la sociedad que me rodea no me respeta debo más bien pensar que: o bien no me supe ganar el respeto (y entonces, a intentarlo de nuevo), o es cumplimiento de la profecía de Cristo acerca de que pertenecer a los suyos implica vivir rodeado del rechazo del mundo.
Si no me respetan en tanto que cristiano, si no respetan el sublime significado de mis símbolos... eso sólo significa que Cristo debe seguir muriendo por nosotros, por cada uno, por mí -que no siento todavía de manera natural la alegría en medio de las persecuciones, sino que tengo que ordenármela- y por el "drag" que no tiene íntimo temor de Dios.
Y significa también -y es lo más misterioso- que la sociedad en la que vivo está preparándose, sin saberlo, para recibir toneladas de gracia, porque la abundancia del pecado prepara sobreabundancia de gracia.
Como todos saben, eso levantó un inmediato debate sobre los famosos límites de la libertad de expresión, y la consabida frase, que ya es un eslogan: "a que no se animan con los musulmanes...".
La cosa no es nueva en absoluto, el año pasado fue una imagen de un colectivo LGTB que puso en una foto un "beso lésbico" de dos imágenes de la Virgen, y así un largo etcétera.
Obviamente que como cristiano no me gustan ese tipo de imágenes; me parece triste que nuestras mayores realidades, en un país que hace mucho tiempo fue abanderado del catolicismo europeo, se hayan convertido en objetos cómicos para adornar el lógico desmadre del carnaval, y generar -artificialmente- una polémica, quizás para suplir una pasión que la creatividad artística no consigue encender.
Dicho esto, la cuestión es si y cómo debemos reaccionar los cristianos; hay varias formas posibles:
-Podemos pasar al ataque: si nos dan, demos. ¿Pero no dice el evangelio que hay que poner la otra mejilla? sí, pero eso, que es un reclamo de Jesús a cada creyente, no es exigible por otro más que por Jesús, nadie me puede reclamar que si me siento ofendido, reaccione; y mucho menos tienen derecho a reclamármelo en nombre de Jesús quienes no creen en Jesús, y ni siquiera lo respetan.
-Podemos reivindicar nuestra pertenencia a esta sociedad y por tanto reclamar nuestra cuota de respeto en una sociedad que, por tener que juntar muchas mentalidades heterogéneas, tiene que practicar y enseñar a practicar el autodominio sobre lo que puede ser ofensivo para los demás, aunque para uno no lo sea.
-Podemos también soportar silenciosamente la ofensa, e incluso sentir una profunda alegría (una alegría cristiana, no carnavalesca ni pagana) por la ofensa: atentos a la palabra del Señor que dice «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» (Mt 5,11-12)
Al primero lo podemos llamar el método "hazteoír", cristiano sólo en apariencia; porque si bien nadie puede exigirnos desde fuera el mandato de Cristo "ofreced la otra mejilla" -es algo que tiene que salir de nosotros mismos-, parece profundamente anticristiano reclamar por las ofensas que hacen a nuestra fe, con métodos que a su vez niegan el respeto a quienes nos ofendieron, o que al menos se ponen a su misma altura.
Al segundo no sé cómo lo podríamos llamar (no quiero ofender a nadie), pero es un clásico cuando ocurren estos episodios: muchos cristianos y medios de comunicación cristianos nos atiborran de razonamientos sobre la simetría que debe regir en nuestra sociedad respecto de la "libertad de expresión", que no es un derecho absoluto, que nuestra libertad termina donde comienza la del vecino, etc, etc. etc...
¿Tienen razón? ¡claro que tendrían razón!... si no fueran cristianos; porque siéndolo, no se dan cuenta que en cuanto ponen el problema de las ofensas a la fe al nivel de cualquier ofensa que pueda circular en la sociedad (las ofensas a las mujeres, a los negros, a los gays, a los obesos, a los bajitos, a los altos, a los chinos, a los tuertos, etc), convierten a la fe cristiana en un colectivo más, un "diferente" que tiene que ser aceptado precisamente porque es diferente... Y la fe cristiana no es ni igual ni diferente a nada, simplemente, cuando funciona, es la sal de la tierra, y cuando no funciona, no sirve más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
En las realidades sociales, el respeto lo reparte Papá Estado. No quiero ese respeto, como cristiano me niego a que Papá Estado diga que yo "debo ser respetado", porque soy como el enano, del que no debo burlarme. ¡Claro que no debo burlarme del enano! A mí me sale naturalmente reírme de quien se cae al suelo por un accidente tonto... ¡claro que no debo reírme! ¡me parece estupendo que Papá Estado me penalice si me burlo del tonto del pueblo! ¡claro que no debo burlarme!
No debo burlarme porque la cultura supera al estado de naturaleza... no debo burlarme porque naturalmente me burlaría, no debo discriminar al que es diferente porque soy una persona del 2017, no un bruto cavernícola, que discrimina a cualquiera que no pertenezca a su caverna. Hemos desarrollado el Estado (con todas sus estupideces y excesos) para que custodie el estado de cultura que tantos milenios nos costó conseguir, así que me alegra que Papá Estado me recuerde las cosas que por mi naturaleza no me sale respetar.
Pero como cristiano yo no soy un "colectivo" del que todos deberían naturalmente reírse, excepto que Papá Estado les mande no reírse... si la sociedad que me rodea no me respeta debo más bien pensar que: o bien no me supe ganar el respeto (y entonces, a intentarlo de nuevo), o es cumplimiento de la profecía de Cristo acerca de que pertenecer a los suyos implica vivir rodeado del rechazo del mundo.
Si no me respetan en tanto que cristiano, si no respetan el sublime significado de mis símbolos... eso sólo significa que Cristo debe seguir muriendo por nosotros, por cada uno, por mí -que no siento todavía de manera natural la alegría en medio de las persecuciones, sino que tengo que ordenármela- y por el "drag" que no tiene íntimo temor de Dios.
Y significa también -y es lo más misterioso- que la sociedad en la que vivo está preparándose, sin saberlo, para recibir toneladas de gracia, porque la abundancia del pecado prepara sobreabundancia de gracia.
martes, 7 de febrero de 2017
Silencio, de Scorsese
Estoy realmente impresionado por la belleza cinematográfica y por la profundidad de reflexión de "Silencio" de Scorsese. Reconozco que es un gran artista, pero normalmente no sintonizo mucho con los temas que trata. En su momento me costó mucho apreciar "La última tentación de Cristo"; recién luego de verla un par de veces la guardé en mi espíritu como una gran película de tema religioso. Pero podría decir -ya comparando con Silencio- que en aquella la profundidad religiosa la aportaba el libro de Kazantzakis, y Scorsese ponía el interés en el tema, y el oficio artístico. En Silencio está todo más unido y amalgamado: belleza cinematográfica y profunda reflexión religiosa, espíritu genuinamente cristiano que se nota que no proviene solo de la novela de Sushaku Endo -reconocido autor católico- sino también del propio Scorsese, que ha encontrado una respuesta cristiana para su vida, que por supuesto solo a él tocará seguir explorando.
Si tuviera que sintetizar en una frase del Evangelio esta obra, pondría "Mirarán al que traspasaron". Porque toda la película es eso: Cristo en el centro del mundo, mirado con gozo por los cristianos, celebrado y gustado por ellos, mirado con odio por el inquisidor, mirado con vergüenza por los tres apóstatas (Ferreira, Rodriges, Kichijiro). Al final Cristo triunfa: es el centro de todas las miradas, y distribuye perdón, incluso a aquellos a quienes sólo lo miran secretamente (Rodriges, Kichijiro).
Para todo creyente enamorado de su fe, Ferreira es un personaje horroroso... ¡pero tan eclesiástico! ¡la Iglesia está tan llena de Ferreiras! de racionalistas de la fe, de gente que cree ser superior en su contacto con Dios, porque no confunde al Hijo de Dios con el brillo de la luna. Ya sabemos lo que Cristo reserva para ellos, lo dice tan claramente en los evangelios, que la apostasía que cuenta Ferreira la podíamos predecir todos.
La apostasía de Rodrigues, naturalmente, es más compleja (es el centro de la reflexión): Rodrigues y Garupe son los dos discípulos de Ferreira, pero también son discípulos de Cristo. Deberán elegir a qué maestro realmente siguen, y como el discípulo no es más que su maestro, uno termina mártir y el otro apóstata.
La voz de Cristo cuando él está por pisar: "¡Ven ahora! Todo está bien. Pisa sobre mí. Entiendo tu dolor. Nací en este Mundo para compartir el dolor de los hombres. Llevo la cruz por tu dolor. Tu vida está conmigo ahora. Pisa.". ¿Es la voz de Cristo? ¿es su imaginación/deseo?
Todo sería más fácil si fuera su deseo, pero Cristo no rompiera realmente su silencio. Todos podríamos acusarlo de apóstata y seguir yendo a nuestra vida cristiana sabiendo quién es el bueno, quién el malo. Pero realmente Cristo murió también por él, y en la cruz de Cristo, en la nota de deuda, está clavada también la apostasía, si quiere Rodrigues, y también la de Ferreira, si quiere, como está repetidamente la de Kichijiro, que una y otra vez vuelve a pedir perdón. Cristo no abandona a nadie, muere por todos. Unos se apropian de la alegría de la salvación hoy, otros quizás abrazando un crucifijo secretamente, al morir.
Parece que la película tuviera como tema central la apostasía, pero no, ese es un foco de la elipse, el otro está en la alegría de los cristianos: ¡son verdaderos cristianos! ¡por fin alguien que filma sin afectación a un cristiano! no poniendo cara de tonto, sino simplemente transparentando la alegría de un tiempo mesiánico en el que ya, por gracia, estamos viviendo. En ese sentido, es revelador el diálogo entre Rodrigues y Garupe y la pareja a la que le bautizan el niño (aprox. 25 minutos de la película):
(la pareja): -¿Ahora estamos con Dios en el paraíso?
Garupe: - ¿Paraíso?
P:- Sí, paraíso.
G:- ¿Ahora?
P- Sí.
G:-No... no. Pero Dios está ahí ahora y para siempre. Él prepara un lugar para todos, incluso ahora.
La pareja se mira confundida, y no es para menos: simplemente los padrecitos no tienen verdadera idea de la fe cristiana, tienen teología, y tendrán que adquirir la fe en el contacto con esos creyentes, como Garupe, o se enredarán en su teología solidaria, como Rodrigues.
¡Sí estamos en el paraíso por el bautismo! eso es la fe cristiana. El tiempo mesiánico se ha introducido en nuestro tiempo y lo ha implosionado. Es mucho más complicado decirlo que simplemente creerlo en la fe.
Me parece que la primer hora de película es un canto a la alegría cristiana por el paraíso adquirido en el bautismo, en medio de todo, persecuciones, silencios, incluso discusiones de parroquia ¡tan reales! como la que tienen en la cabaña para ver quién va a ir de voluntario al martirio.
En una crítica a la película del Obispo de Mons. Robert Barron dice "el establishment secular siempre prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión. Y está demasiado dispuesto a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas, y seamos realistas, no tan brillantes." (la crítica entera aquí) La frase como tal es cierta, y se refiere, en su contexto, a personajes como Ferreira o Rodrigues, y a nuestra cultura; pero creo que Scorsese no ha pintado unos cristianos "no tan brillantes", más bien al contrario (yo no creo que Mons Barron haya querido decir eso, pero lamentablemente su párrafo fue interpretado así): ha pintado el valor de un cristianismo de base, apasionado, centrado en el evangelio, incluso en la ingenuidad del mensaje, y la solidaridad amorosa a la que necesariamente lleva (el "juego de las manos" en torno a la cruz a los 22 minutos es la verdad misma de la fe, filmada). Esa primera hora, la brillantez y lucidez de esos cristianos, no se pierde en absoluto cuando llega la oscuridad del otro centro de la trama.
Si tuviera que sintetizar en una frase del Evangelio esta obra, pondría "Mirarán al que traspasaron". Porque toda la película es eso: Cristo en el centro del mundo, mirado con gozo por los cristianos, celebrado y gustado por ellos, mirado con odio por el inquisidor, mirado con vergüenza por los tres apóstatas (Ferreira, Rodriges, Kichijiro). Al final Cristo triunfa: es el centro de todas las miradas, y distribuye perdón, incluso a aquellos a quienes sólo lo miran secretamente (Rodriges, Kichijiro).
Para todo creyente enamorado de su fe, Ferreira es un personaje horroroso... ¡pero tan eclesiástico! ¡la Iglesia está tan llena de Ferreiras! de racionalistas de la fe, de gente que cree ser superior en su contacto con Dios, porque no confunde al Hijo de Dios con el brillo de la luna. Ya sabemos lo que Cristo reserva para ellos, lo dice tan claramente en los evangelios, que la apostasía que cuenta Ferreira la podíamos predecir todos.
La apostasía de Rodrigues, naturalmente, es más compleja (es el centro de la reflexión): Rodrigues y Garupe son los dos discípulos de Ferreira, pero también son discípulos de Cristo. Deberán elegir a qué maestro realmente siguen, y como el discípulo no es más que su maestro, uno termina mártir y el otro apóstata.
La voz de Cristo cuando él está por pisar: "¡Ven ahora! Todo está bien. Pisa sobre mí. Entiendo tu dolor. Nací en este Mundo para compartir el dolor de los hombres. Llevo la cruz por tu dolor. Tu vida está conmigo ahora. Pisa.". ¿Es la voz de Cristo? ¿es su imaginación/deseo?
Todo sería más fácil si fuera su deseo, pero Cristo no rompiera realmente su silencio. Todos podríamos acusarlo de apóstata y seguir yendo a nuestra vida cristiana sabiendo quién es el bueno, quién el malo. Pero realmente Cristo murió también por él, y en la cruz de Cristo, en la nota de deuda, está clavada también la apostasía, si quiere Rodrigues, y también la de Ferreira, si quiere, como está repetidamente la de Kichijiro, que una y otra vez vuelve a pedir perdón. Cristo no abandona a nadie, muere por todos. Unos se apropian de la alegría de la salvación hoy, otros quizás abrazando un crucifijo secretamente, al morir.
Parece que la película tuviera como tema central la apostasía, pero no, ese es un foco de la elipse, el otro está en la alegría de los cristianos: ¡son verdaderos cristianos! ¡por fin alguien que filma sin afectación a un cristiano! no poniendo cara de tonto, sino simplemente transparentando la alegría de un tiempo mesiánico en el que ya, por gracia, estamos viviendo. En ese sentido, es revelador el diálogo entre Rodrigues y Garupe y la pareja a la que le bautizan el niño (aprox. 25 minutos de la película):
(la pareja): -¿Ahora estamos con Dios en el paraíso?
Garupe: - ¿Paraíso?
P:- Sí, paraíso.
G:- ¿Ahora?
P- Sí.
G:-No... no. Pero Dios está ahí ahora y para siempre. Él prepara un lugar para todos, incluso ahora.
La pareja se mira confundida, y no es para menos: simplemente los padrecitos no tienen verdadera idea de la fe cristiana, tienen teología, y tendrán que adquirir la fe en el contacto con esos creyentes, como Garupe, o se enredarán en su teología solidaria, como Rodrigues.
¡Sí estamos en el paraíso por el bautismo! eso es la fe cristiana. El tiempo mesiánico se ha introducido en nuestro tiempo y lo ha implosionado. Es mucho más complicado decirlo que simplemente creerlo en la fe.
Me parece que la primer hora de película es un canto a la alegría cristiana por el paraíso adquirido en el bautismo, en medio de todo, persecuciones, silencios, incluso discusiones de parroquia ¡tan reales! como la que tienen en la cabaña para ver quién va a ir de voluntario al martirio.
En una crítica a la película del Obispo de Mons. Robert Barron dice "el establishment secular siempre prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión. Y está demasiado dispuesto a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas, y seamos realistas, no tan brillantes." (la crítica entera aquí) La frase como tal es cierta, y se refiere, en su contexto, a personajes como Ferreira o Rodrigues, y a nuestra cultura; pero creo que Scorsese no ha pintado unos cristianos "no tan brillantes", más bien al contrario (yo no creo que Mons Barron haya querido decir eso, pero lamentablemente su párrafo fue interpretado así): ha pintado el valor de un cristianismo de base, apasionado, centrado en el evangelio, incluso en la ingenuidad del mensaje, y la solidaridad amorosa a la que necesariamente lleva (el "juego de las manos" en torno a la cruz a los 22 minutos es la verdad misma de la fe, filmada). Esa primera hora, la brillantez y lucidez de esos cristianos, no se pierde en absoluto cuando llega la oscuridad del otro centro de la trama.
martes, 11 de octubre de 2016
El 12 de octubre tengo algo que celebrar
Es verdad que en la colonización, conquista y posterior gobierno de los territorios de ultramar se cometieron barbaridades, pero también se hicieron muchas cosas buenas. En el balance, me gusta la civilización europea que llevaron, la considero un avance (con todo lo negativo que también debe recordarse) con respecto a unos pueblos que por muy originarios que sean, ya no son los míos.
Yo mismo soy descendiente de europeos, por todos los costados (Della Costa, Brüggemann, Piaggio, Krämer, Echevarría, Swindt, etc... son apellidos de mi familia, mapuches de pura cepa, como se ve). ¿Y eso qué? ¿el hijo de europeos no puede ver una injusticia europea y denunciarla? ¿no puedo como inmigrante europeo estar en contra de la colonización? ¿el hecho de que yo sea de origen europeo me incapacita para denunciar la barbarie europea?
No, si realmente pensara que la conquista implicó una injusticia total, una barbarie en el pleno sentido de la palabra, tendría todo el derecho de denunciarla, haciéndome al mismo tiempo cargo de reparar la injusticia, y abandonando inmediatamente el continente, desde ya.
Pero la pregunta es más compleja de lo que parece: la conquista abrió un proceso histórico largo, del cual mi propia existencia es sólo un eslabón, ¿puedo entonces rechazarla de plano?
Suponiendo que en el origen de los pueblos americanos actuales hubiera realmente sólo genocidio, expoliación y barbarie (y es seguro que no hay sólo eso, y tal vez ni siquiera hay eso!), el sólo hecho de que los que somos herederos del proceso civilizador estamos rectificando con nuestra propia existencia la historia, hace que el proceso histórico sea fundamentalmente bueno, y no fundamentalmente malo.
Camus lo escribía respecto de la sangrienta historia europea del siglo XX: "todo el continente se revuelve buscando una justicia que pretende ser total", y en el mismo artículo (El destierro de Helena, si mal no recuerdo): "no podemos vivir odiándonos".
Los procesos históricos son conducidos por personas que aparecen, obran un poco bien y un poco mal, y luego desaparecen, mueren, y nuevas generaciones de personas, que obrarán también en la medianía de lo bueno y lo malo, los reemplazan. La justicia total no es un posible histórico. No se trata de la grandeza de la utopía, sino de la vaciedad de lo imposible. Aunque fuera cierto que la tierra de mis tatarabuelos era de los mapuches, la tierra que yo piso es tan justo devolvérsela a los descendientes de los mapuches originarios como dejármela a mí, porque ninguno de los dos somos parte del momento de injusticia, los dos sufrimos con cualquier opción que se adopte. Lo justo, entonces, no es llenarse la cabeza con rectificaciones imposibles del pasado, sino realizar algo conjunto en el presente.
La historia sólo avanza en una dirección, aunque nunca podamos en un punto saber cuál es.
En Centro y Sud América hay un gran sustrato indígena, cosa que no hay en el Norte. Sólo eso muestra que no hubo tal aniquilación generalizada de Río Grande para abajo. La independencia de los estados americanos se hizo en nombre de la racionalidad y la libertad, la autonomía, y no sé cuántas cosas más que nos iban a curar de los males de haber pertenecido a la bárbara España, y ahí tenemos: 200 años de dar tumbos, con la racionalidad a cuestas, sin saber qué hacer para ser buenos pueblos, así que dejen de echarle la culpa a Colón si América la pueblan seres humanos que roban y expolian hoy.
Yo me alegro de mi idioma, y de los demás idiomas que conozco, me alegro de haber hecho una carrera universitaria en una universidad heredera de los bárbaros del siglo XII, me alegro también de que me hayan evangelizado, y me hayan permitido que a 12.000 Km de Europa, mi país perteneciera a una civilización como la que pertenece.
Y ahora que estamos a tiro de la racionalidad europea, ahora sí a inventar una nueva forma de vida, que sea verdaderamente americana, sin tanto llantito vacuo por un pasado que no podemos modificar y que ni siquiera sabemos valorar en su justa verdad.
Yo mismo soy descendiente de europeos, por todos los costados (Della Costa, Brüggemann, Piaggio, Krämer, Echevarría, Swindt, etc... son apellidos de mi familia, mapuches de pura cepa, como se ve). ¿Y eso qué? ¿el hijo de europeos no puede ver una injusticia europea y denunciarla? ¿no puedo como inmigrante europeo estar en contra de la colonización? ¿el hecho de que yo sea de origen europeo me incapacita para denunciar la barbarie europea?
No, si realmente pensara que la conquista implicó una injusticia total, una barbarie en el pleno sentido de la palabra, tendría todo el derecho de denunciarla, haciéndome al mismo tiempo cargo de reparar la injusticia, y abandonando inmediatamente el continente, desde ya.
Pero la pregunta es más compleja de lo que parece: la conquista abrió un proceso histórico largo, del cual mi propia existencia es sólo un eslabón, ¿puedo entonces rechazarla de plano?
Suponiendo que en el origen de los pueblos americanos actuales hubiera realmente sólo genocidio, expoliación y barbarie (y es seguro que no hay sólo eso, y tal vez ni siquiera hay eso!), el sólo hecho de que los que somos herederos del proceso civilizador estamos rectificando con nuestra propia existencia la historia, hace que el proceso histórico sea fundamentalmente bueno, y no fundamentalmente malo.
Camus lo escribía respecto de la sangrienta historia europea del siglo XX: "todo el continente se revuelve buscando una justicia que pretende ser total", y en el mismo artículo (El destierro de Helena, si mal no recuerdo): "no podemos vivir odiándonos".
Los procesos históricos son conducidos por personas que aparecen, obran un poco bien y un poco mal, y luego desaparecen, mueren, y nuevas generaciones de personas, que obrarán también en la medianía de lo bueno y lo malo, los reemplazan. La justicia total no es un posible histórico. No se trata de la grandeza de la utopía, sino de la vaciedad de lo imposible. Aunque fuera cierto que la tierra de mis tatarabuelos era de los mapuches, la tierra que yo piso es tan justo devolvérsela a los descendientes de los mapuches originarios como dejármela a mí, porque ninguno de los dos somos parte del momento de injusticia, los dos sufrimos con cualquier opción que se adopte. Lo justo, entonces, no es llenarse la cabeza con rectificaciones imposibles del pasado, sino realizar algo conjunto en el presente.
La historia sólo avanza en una dirección, aunque nunca podamos en un punto saber cuál es.
En Centro y Sud América hay un gran sustrato indígena, cosa que no hay en el Norte. Sólo eso muestra que no hubo tal aniquilación generalizada de Río Grande para abajo. La independencia de los estados americanos se hizo en nombre de la racionalidad y la libertad, la autonomía, y no sé cuántas cosas más que nos iban a curar de los males de haber pertenecido a la bárbara España, y ahí tenemos: 200 años de dar tumbos, con la racionalidad a cuestas, sin saber qué hacer para ser buenos pueblos, así que dejen de echarle la culpa a Colón si América la pueblan seres humanos que roban y expolian hoy.
Yo me alegro de mi idioma, y de los demás idiomas que conozco, me alegro de haber hecho una carrera universitaria en una universidad heredera de los bárbaros del siglo XII, me alegro también de que me hayan evangelizado, y me hayan permitido que a 12.000 Km de Europa, mi país perteneciera a una civilización como la que pertenece.
Y ahora que estamos a tiro de la racionalidad europea, ahora sí a inventar una nueva forma de vida, que sea verdaderamente americana, sin tanto llantito vacuo por un pasado que no podemos modificar y que ni siquiera sabemos valorar en su justa verdad.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Poietés
De normal hablamos del lenguaje binariamente: mensaje y forma, comunicación y expresión, y hasta la grosera "envoltorio" y "contenido" (como si se tratara de caramelos). Pero el lenguaje no es binario sino -como mínimo- trinario:
-el lenguaje siempre habla desde una Forma. La forma me es dada, no la puedo inventar yo, la puedo ir modificando, y en la medida en que las modificaciones van desindividualizándose, haciéndose patrimonio común, van enriqueciendo la Forma.
Es mucho más que el "código" en el esquema de la comunicación, porque la Forma da forma real a la comunicación en todos sus aspectos: antes de que haya Forma, ni yo sé lo que quiero comunicar, es en la Forma, que me precede, donde la comunicación adquiere realmente sus contornos.
-y apareció el segundo elemento: la comunicación, el "mensaje", el "contenido"... sólo concesivamente hablo de "mensaje" y "contenido". En realidad la comunicación envuelve más: también el proceso por el cual el destinatario toma contacto con él; no se sabría decir dónde acaba el "contenido" y comienza la recepción.
-y está finalmente la "expresión", la forma concreta desde la que me apropio de la Forma y la digo: nunca la Forma da forma en abstracto, siempre es en concreto, en cosas tales como un "estilo", unas maneras personales: este escrito, que es una poesía o una prosa, que es un soneto o una elegía que canta la muerte de un señor, es la elegía indudablemente cantada por J. o por R.: sólo él se ha apropiado de la Forma de tal manera que deviene SU expresión. Es su Poeta.
Dije "y finalmente", pero en realidad se podrían desglosar quizás nuevas dimensiones. A mí me parece que estas tres dan suficiente cuenta del transmitirnos unos a otros las palabras, pasarlas de mano en mano e ir dejando en cada uno más -y no menos- de lo recibido. Y quién lo dice es siempre "poeta", "poietés", a lo griego, porque fabrica la palabra, una palabra que sólo a veces es poética.
Siempre me pregunto cuándo una palabra es poética. Ya sé que mucha gente tiene en claro el asunto, pero yo no. Con lo importante que me resulta que haya una palabra en el mundo que sea poética, sin embargo no sabría cómo decir cuándo una palabra es poética:
«No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor...»
(Juanele, De las Raíces y del Cielo, "Ah, mis amigos, habláis de rimas...")
Es hasta el día de hoy la única "definición" que me parece aceptable: la palabra poética nos saca de nuestros aposentos, nos lleva a cielo abierto, al raso, en el frío de las noches sin ninguna guarida ni escondrijo cerca. Nos deja allí, a la intemperie, a mirarla.
El peligro de la palabra: «Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?» (Juanele, "Deja las letras..."). Nos envuelve en sus redes sensibles, "ay, qué sutil", o "qué agradable", "mira qué profundo este verso", "increíble que el poeta haya podido decir esto"... ¿el poeta? ¿quién dijo que es el poeta el que lo dice? El poeta es posiblemente poietés de todas las palabras, excepto de la palabra poética. También el poeta ha sido llamado en ella a ese desierto donde, crucificada, la encuentra hablando en la intemperie, y allí se queda. Al revés que el esclavo de Platón, que libre de sus cadenas sale a la luz, el poeta, que podía ser libre, votar, gozar con la fantasmagórica anomia de las ciudades queda ahora encadenado a la intemperie: ya no ve, es de noche; ya no elige, es esclavo; ya no puede amar.
¿Y todo esto para qué? me dirán. Único remedo humano, simbolema del mundo trascendente donde Uno se entrega por otros para que todos puedan entregarse. "Para el invento del amor", dice Juanele. Y aun sobre ello, en palabras más prosaicas pero con experiencia de la palabra poética dirá A. Schökel: «la capacidad de engendrar una experiencia vicaria, o sea, de hacer entrar al lector en situación y permitirle revivir a su modo la experiencia comunicada.» (L. Alonso Schökel: Los Profetas, I, pág. 15).
-el lenguaje siempre habla desde una Forma. La forma me es dada, no la puedo inventar yo, la puedo ir modificando, y en la medida en que las modificaciones van desindividualizándose, haciéndose patrimonio común, van enriqueciendo la Forma.
Es mucho más que el "código" en el esquema de la comunicación, porque la Forma da forma real a la comunicación en todos sus aspectos: antes de que haya Forma, ni yo sé lo que quiero comunicar, es en la Forma, que me precede, donde la comunicación adquiere realmente sus contornos.
-y apareció el segundo elemento: la comunicación, el "mensaje", el "contenido"... sólo concesivamente hablo de "mensaje" y "contenido". En realidad la comunicación envuelve más: también el proceso por el cual el destinatario toma contacto con él; no se sabría decir dónde acaba el "contenido" y comienza la recepción.
-y está finalmente la "expresión", la forma concreta desde la que me apropio de la Forma y la digo: nunca la Forma da forma en abstracto, siempre es en concreto, en cosas tales como un "estilo", unas maneras personales: este escrito, que es una poesía o una prosa, que es un soneto o una elegía que canta la muerte de un señor, es la elegía indudablemente cantada por J. o por R.: sólo él se ha apropiado de la Forma de tal manera que deviene SU expresión. Es su Poeta.
Dije "y finalmente", pero en realidad se podrían desglosar quizás nuevas dimensiones. A mí me parece que estas tres dan suficiente cuenta del transmitirnos unos a otros las palabras, pasarlas de mano en mano e ir dejando en cada uno más -y no menos- de lo recibido. Y quién lo dice es siempre "poeta", "poietés", a lo griego, porque fabrica la palabra, una palabra que sólo a veces es poética.
Siempre me pregunto cuándo una palabra es poética. Ya sé que mucha gente tiene en claro el asunto, pero yo no. Con lo importante que me resulta que haya una palabra en el mundo que sea poética, sin embargo no sabría cómo decir cuándo una palabra es poética:
«No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor...»
(Juanele, De las Raíces y del Cielo, "Ah, mis amigos, habláis de rimas...")
Es hasta el día de hoy la única "definición" que me parece aceptable: la palabra poética nos saca de nuestros aposentos, nos lleva a cielo abierto, al raso, en el frío de las noches sin ninguna guarida ni escondrijo cerca. Nos deja allí, a la intemperie, a mirarla.
El peligro de la palabra: «Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?» (Juanele, "Deja las letras..."). Nos envuelve en sus redes sensibles, "ay, qué sutil", o "qué agradable", "mira qué profundo este verso", "increíble que el poeta haya podido decir esto"... ¿el poeta? ¿quién dijo que es el poeta el que lo dice? El poeta es posiblemente poietés de todas las palabras, excepto de la palabra poética. También el poeta ha sido llamado en ella a ese desierto donde, crucificada, la encuentra hablando en la intemperie, y allí se queda. Al revés que el esclavo de Platón, que libre de sus cadenas sale a la luz, el poeta, que podía ser libre, votar, gozar con la fantasmagórica anomia de las ciudades queda ahora encadenado a la intemperie: ya no ve, es de noche; ya no elige, es esclavo; ya no puede amar.
¿Y todo esto para qué? me dirán. Único remedo humano, simbolema del mundo trascendente donde Uno se entrega por otros para que todos puedan entregarse. "Para el invento del amor", dice Juanele. Y aun sobre ello, en palabras más prosaicas pero con experiencia de la palabra poética dirá A. Schökel: «la capacidad de engendrar una experiencia vicaria, o sea, de hacer entrar al lector en situación y permitirle revivir a su modo la experiencia comunicada.» (L. Alonso Schökel: Los Profetas, I, pág. 15).
domingo, 20 de septiembre de 2015
Traición de un retruécano
El Papa ha citado una vez más ese retruécano popular «quien no vive para servir, no sirve para vivir», en la homilía de hoy en La Habana. Además lo ha dicho con toda "solemnidad", pesando las palabras.
No pretendo hacer ninguna crítica "de calado" a la homilía; al contrario, creo que el Papa habla hermosa y sencillamente, y del conjunto emerge una guía accesible a todos para una vida concreta en sintonía con el evangelio. Sin embargo no es la primera vez que el Papa cita esa frase popular, muy ingeniosa por el retruécano, pero bastante poco cristiana, aunque se atribuye a la Madre Teresa, o a San Agustín.
La fe cristiana se caracteriza por reconocer que la vida que Dios nos da está por encima de lo que personalmente merecemos... ¡incluso el mayor pecador "sirve" para vivir! como lo dirá el mismo Jesús en la cruz al terminar exculpando a sus propios verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Ese corazón del evangelio, esa aceptación de todos, hasta del mayor pecador, sin condiciones, nos distingue de las ideologías, incluso de las que, con buena voluntad, están también a favor de los débiles y desposeídos.
Eso está siempre presente en los discursos del Papa, y de ninguna manera pretendo juzgar su decir por sólo una frase que contradice un largo discurso en favor de la aceptación, la misericordia universal, los brazos abiertos a todos. Es sólo una frase, pero lamentablemente es la frase que los medios (los medios más cristianos, incluso News.va) han escogido para titular y resumir esta homilía del Papa, y de alguna manera su pensamiento.
Yo creo que cuando el Papa cita esa frase, realmente no se ha parado a pensar en lo que significa en su conjunto. Traiciones que nos hacen los retruécanos y en general las frases hechas que, a veces, sin darnos cuenta, piensan en lugar de nosotros.
No pretendo hacer ninguna crítica "de calado" a la homilía; al contrario, creo que el Papa habla hermosa y sencillamente, y del conjunto emerge una guía accesible a todos para una vida concreta en sintonía con el evangelio. Sin embargo no es la primera vez que el Papa cita esa frase popular, muy ingeniosa por el retruécano, pero bastante poco cristiana, aunque se atribuye a la Madre Teresa, o a San Agustín.
La fe cristiana se caracteriza por reconocer que la vida que Dios nos da está por encima de lo que personalmente merecemos... ¡incluso el mayor pecador "sirve" para vivir! como lo dirá el mismo Jesús en la cruz al terminar exculpando a sus propios verdugos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Ese corazón del evangelio, esa aceptación de todos, hasta del mayor pecador, sin condiciones, nos distingue de las ideologías, incluso de las que, con buena voluntad, están también a favor de los débiles y desposeídos.
Eso está siempre presente en los discursos del Papa, y de ninguna manera pretendo juzgar su decir por sólo una frase que contradice un largo discurso en favor de la aceptación, la misericordia universal, los brazos abiertos a todos. Es sólo una frase, pero lamentablemente es la frase que los medios (los medios más cristianos, incluso News.va) han escogido para titular y resumir esta homilía del Papa, y de alguna manera su pensamiento.
Yo creo que cuando el Papa cita esa frase, realmente no se ha parado a pensar en lo que significa en su conjunto. Traiciones que nos hacen los retruécanos y en general las frases hechas que, a veces, sin darnos cuenta, piensan en lugar de nosotros.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Algunos aspectos negativos de la apologética por internet
Quiero dejar claro de antemano que no rechazo la apologética católica como tal; creo que cumple una función insustituible: desde estar allí prontos a deshacer un equívoco sobre la práctica religiosa, sobre el funcionamiento de la Iglesia, etc. hasta ayudar a desmadejar más en profundidad los juicios contrapuestos de nuestro propio espíritu, que muchas veces no nos dejan ir a Dios con una confiada entrega de sí mismo.
El problema es que hay apologética buena, medianita, peorcita y decididamente mala. Alguna apologética hay que es un simple "argumentario" que contrapone al argumentario del mundo su propia tira de interpretaciones, y el resultado es que la persona simplemente se ve abocada a aceptar ideológicamente las cosas, no a comprender y crecer.
Hoy leí un artículo interesante que se titula «Asistir a la iglesia, clave para la buena salud mental entre los mayores europeos»; parece el típico "un estudio de la Universidad de Michigan demostró (en una muestra de tres seres humanos) que los que comen tomate hablan mejor", pero las escasas explicaciones prometen (lástima que seguramente no habrá forma de hacerse con el estudio entero).
Se trata de un estudio científico, así que si está bien hecho va a lo suyo y punto, el que quiera encontrar significado apologético que lo encuentre. Naturalmente, ese significado no se hizo esperar, y así viene el tuit de Mons. Munilla (@ObispoMunilla):
#CensuraLaicista ¿Has visto publicado esto en los principales medios de comunicación? http://t.co/RUUn67PIJt pic.twitter.com/zRibXWR1zp— Jose Ignacio Munilla (@ObispoMunilla) August 5, 2015
Pequeño tuit, pero que contiene lo que a mi entender son dos errores apologéticos habituales en la apologética católica, y que nos hace tan antipáticos:
1- No entender que nadie tiene obligación de querernos, de entendernos, de aceptarnos...
¿Por qué voy a llamar "censura laicista" a que los grandes medios no estén interesados en promocionarnos? No tienen por qué: no publican todos los estudios científicos de todas partes del planeta, publican los que sirven a sus gustos, a conformar a su público, etc. es decir: lo lógico.
Si quieres que alguien conozca ese estudio, publícalo tú, en tu tuitter, en tu facebook, si eres Mons. Munilla, envíaselo a la COPE, que es de la tribu, habla con algún amigo del Mundo a ver si a cambio de algún favor quiere publicar la noticia.... pero no esperes que quieran publicarla porque eres católico y tienen la obligación de darse cuenta que tienes la verdad de tu parte...
Tal como está redactado, el tuit genera mal clima, no es apologético: se dirige más bien a los de adentro, para mostrarle lo pobrecillos maltratados que son, no hacia el mundo para hacernos llegadores. Y por supuesto a partir de una errada interpretación de lo que es ser "maltratado".
2- La noticia misma es dudosamente apologética:
Lo único que muestra es que puedes "sentirte bien" yendo a la iglesia; el mismo experto añade:
«no está claro para nosotros cuándo esto es debido a la misma religión en sí, o si puede ser motivado por el sentido de pertenencia y de no ser socialmente aislados».También hay gente que se "siente bien" con una tarde de promiscuidad en el sauna, viendo Telecinco, o en mil otras cosas que nos hacen sentir subjetivamente bien, aunque objetivamente sean poco recomendables... :-)
La noticia no es inmediatamente apologética; tomada como tal consolida una religiosidad ya excesivamente antropocéntrica: «la religión es buena porque te hace "sentir bien"».
Podría ser apologética si se presenta indirectamente; "mira qué curiosidad esto", o "van a la Iglesia por Dios, pero reciben la añadidura", algo que deshaga la idea de que ese estudio capta en algo nuestra experiencia personal y religiosa de ir a la Iglesia.
El peligro de una mala apologética en este aspecto es prometerle a la gente algo que luego no se le cumple. Posiblemente la gente que se "siente bien" yendo a la parroquia es gente que ha ido toda su vida, que conoce por nombre hasta las baldosas de la sacristía, y entonces forma parte de esa estructura y allí "se siente bien"; pero invita a cualquiera de la calle a la parroquia, incluso bien dispuesto hacia nuestra fe, o incluso siendo un buen creyente, mételo en una de nuestras parroquias, con todas las pruebas que hacemos pasar a la gente para aceptarlos, con las cuchilladas que nos tiramos unos a otros todos el tiempo por todo, con el cotilleo que hay, con toda la negatividad de las parroquias (normal en gente que no es santa sino que sólo pretende ser hecha alguna vez tal), y luego vemos si "se siente bien".
No vamos a la iglesia a "sentirnos bien", aunque a menudo ocurre que nos sentimos bien yendo, pero es un efecto colateral, teológicamente es una añadidura (Mt 6,33), no algo que deba ni siquiera darse por supuesto que lo ofrecemos, porque no lo podemos ofrecer, y cuando lo hacemos, es simple propaganda engañosa.
martes, 4 de agosto de 2015
¿Por qué no una mujer cardenal? Una dirección de respuesta al P. Fortea
No he leído el libro del P. Fortea sobre el tema, sino que he leído el articulo de AciPrensa que menciono en este escrito; así que mis opiniones sobre las opiniones del P. Fortea, y la idea sobre él que me hago a partir de esas opiniones están mediatizadas por la selección de citas que ha hecho AciPrensa, y no valen más que para la dialéctica de este escrito.
¿Podría una mujer ser creada cardenal? Famoso exorcista Fortea responde en nuevo libro
Bastante dudosa es la autoridad que le da el ser "famoso exorcista" como para escribir sobre este tema. Desde luego que no más que la mía para responderle.
Comenzar por situar la cuestión dentro de la "presión social" es negarse a ver nada fuera de lo ya visto: si algo cambia es porque "se rindieron los que tenían que custodiar que NADA cambie". Con muchos P. Fortea en la Iglesia inicial.... ¡no tendríamos iglesia! Porque vaya si la Iglesia inicial, y los siglos II, III, IV, V, etc... cedieron a la "presión social", es decir, simplemente a lo adecuado para cada momento histórico, que puede ser distinto y nuevo respecto de lo anterior.
Puede ser que el sacerdocio femenino sea una vía cerrada, así como la Iglesia estaba en conjunto convencida de la Inmaculada Concepción de María mucho antes de declararla, pero mientras no esté real y formalmente declarado, con los procedimientos y el lenguaje que la propia Iglesia exige para sus declaraciones, no es cierto que esté "perfectamente contestada desde el Magisterio".
De todos modos, esta frase que cita AciPrensa es para confundir y crear bandos, ideologías: porque de lo que estamos hablando es de si una mujer puede ser cardenal, no de si puede ser sacerdote.
¡Esto sí que ya es gracioso, si no fuera estúpido! ¡O sea que para evitar la dificultosa tarea de que el SC represente a todos los grupos, entonces lo bueno es que sólo represente al grupo al que él pertenece....
Y lo que sigue completa la idiocia:
Como todos saben, el Sacro Colegio es un ejemplo para el mundo, precisamente porque allí no se dan presiones, no hay lobbys, etc....
El error fundamental de la postura de Fortea (y de tantos otros) es creer que la mujer es "un grupo", como puede haber un grupo de "jóvenes", otro de "trabajadores", otro de "educadores", etc. Por tanto, cuando se habla de la mujer en funciones de gobierno dentro de la Iglesia enseguida lo asimilan a la representatividad parlamentaria. Más abajo me ocupo más en detalle de ese asunto.
La edad que tenía Jesús cuando murió, la fecha cierta de la última cena, si fue o no la comida pascual judía, la fecha en que nació, la altura que tenía, cuántos lo seguían, si hablaba arameo, griego o ambos, si sabía leer, etc etc etc etc etc etc etc.
De Jesús y lo que hizo en la historia sabemos lo muy mínimo que se necesita para poder confesar que es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y que murió y resucitó por mí. Nada más se conservó, posiblemente para no distraernos. Si supiéramos que era alto, algunos no lo seguirían porque no les gustan los altos, y si supiéramos que era bajo, otros no lo seguirían porque no les van los bajos... así que en los evangelios no tenemos distracciones, no tenemos "datos innecesarios".
Saber cuántos estaban en la última cena y si había o no mujeres es un dato innecesario. Porque la Iglesia no lo necesita para ser Iglesia en la historia, ella, la Iglesia, bien puede, y debe, encontrar caminos para que todos sus miembros puedan llegar en ella a una plenitud de vida cristiana, según cadas momento histórico. En nombre de eso la Iglesia creó muchas instituciones -como un colegio de cardenales- que Jesús no había mandado ni creado él mismo.... las instituciones de la Iglesia no fundadas por Jesús de manera directa no tienen por qué imitar un cuadro de Da Vinci.
El artículo sigue, pero no aporta ningún argumento decisivo nuevo a estos ya comentados.
Ahora sí, ¿por qué tendría que haber mujeres en el Sacro Colegio?
Para ayudar a preservar la verdad que la Iglesia enseña sobre la diferencia entre varones y mujeres, y por tanto la verdad sobre el ser humano.
La Iglesia enseña que la diferencia de sexos entraña diferencias de género que van más allá de lo cultural: no es la cultura la que creó los roles masculinos y femeninos, sino que el hecho de que hubiera dos sexos biológicamente determinados implica, en lo profundo, que hay un ser humano que nunca es UNO sino siempre DOS.
Por tanto, aunque Cristo haya instituido un sacerdocio únicamente masculino (eso no lo discuto ni tiene relación con esto), la Iglesia se está privando, en sus funciones de gobierno para toda la Iglesia de toda la humanidad, de la mirada significativamente distinta de las mujeres. La Iglesia sabe que tiene un tesoro a mano: una mitad de la mirada, pero decide usar para su gobierno un ojo tapado.
No tiene esto nada que ver con "parlamentarismos" ni "representaciones": la mujer no es un "grupo" al que haya o no que representar. Nosotros enseñamos que Dios "los creó varón y mujer, a su imagen, según su semejanza", (Gn 1,26-27pass) y sacamos de allí la doctrina antes señalada de que "varón" y "mujer" no son meras determinaciones culturales sino creaturales.
Casi es una ley de la naturaleza la redundancia: dos ojos para ver en estéreo, dos oídos para oír en estéreo, dos seres humanos para que el ser humano sea realmente ancho y expandido... ¿y se trata la cuestión de la mujer en la Iglesia como si fuera meramente dejar entrar un grupo de presión?
Tápense un ojo y miren... les falta algo. Se puede andar con un ojo, pero falta algo, cuando no lo tienes, no lo sabes, pero en un momento te quitas la venda y sabes lo que te perdías. Esa es la cuestión fundamental con la mujer: la Iglesia se gobierna con un parche en la mitad de su naturaleza. No siente la falta porque no ha experimentado el gobierno de sí misma a partir de una experiencia ampliada y enriquecida de la naturaleza humana.
Ruego que la Iglesia se quite el parche del ojo alguna vez.
¿Podría una mujer ser creada cardenal? Famoso exorcista Fortea responde en nuevo libro
Bastante dudosa es la autoridad que le da el ser "famoso exorcista" como para escribir sobre este tema. Desde luego que no más que la mía para responderle.
Al abordar la posible creación de mujeres cardenales por parte de un Papa, en el capítulo “Mujer y Cardenalato”, el sacerdote español advirtió que esta es “una de las cuestiones que la presión social planteará con más frecuencia” en los próximos años.Ya empezamos mal, ¿por qué la "presión social" y no el "interés en profundizar en la eclesialidad", por qué la "presión social" y no el "interés por renovar para mejor la Iglesia, e incluso en cuanto a justicia"?
Comenzar por situar la cuestión dentro de la "presión social" es negarse a ver nada fuera de lo ya visto: si algo cambia es porque "se rindieron los que tenían que custodiar que NADA cambie". Con muchos P. Fortea en la Iglesia inicial.... ¡no tendríamos iglesia! Porque vaya si la Iglesia inicial, y los siglos II, III, IV, V, etc... cedieron a la "presión social", es decir, simplemente a lo adecuado para cada momento histórico, que puede ser distinto y nuevo respecto de lo anterior.
“Los que están a favor de esta posibilidad, alegarán que el cardenalato es una dignidad, no un sacramento. Y que, por tanto, solo depende de la voluntad papal”, señaló.No se trata de estar previamente a favor o en contra. La gente altamente ideologizada cree que todos los demás también lo están. No es un problema de estar a favor o en contra, es que realmente es una dignidad, creada por voluntad papal, no un sacramento.
El P. Fortea indicó que quienes “están a favor de elevar a la mujer a la dignidad cardenalicia, lo hacen o desde la equivocada idea del sacerdocio de la mujer o desde la idea de que el Colegio también debe representar a las mujeres dentro de la Iglesia”.Él entiende (lo dice luego) que representar en los dirigentes de la Iglesia a todos los miembros de la Iglesia es lo mismo que parlamentarismo, por tanto es normal que con esa falta de imaginación la única alternativa que se le plantea es "o sacerdocio femenino o parlamento", como si no hubiera más motivos por los cuales fuera bueno que hubiera mujeres en el Sacro Colegio Cardenalicio.
“La posibilidad del sacerdocio para la mujer ya está perfectamente contestada por el magisterio ordinario de la Iglesia”.Eso es, sencillamente, falso, y muchos persisten en engañar a la gente diciéndole eso. No está cerrado porque SS Juan Pablo II no lo cerró, pudiendo hacerlo. Produjo una declaración suficientemente ambigua para que no sea una declaración dogmática en forma, pero que los P. Fortea y Cia pudieran usar como si lo fuera. Eso mismo, el hecho de que lo haya hecho en esa forma y no con claridad muestra que SS Juan Pablo II no consideraba aun que fuera el tiempo de cerrarlo en forma.
Puede ser que el sacerdocio femenino sea una vía cerrada, así como la Iglesia estaba en conjunto convencida de la Inmaculada Concepción de María mucho antes de declararla, pero mientras no esté real y formalmente declarado, con los procedimientos y el lenguaje que la propia Iglesia exige para sus declaraciones, no es cierto que esté "perfectamente contestada desde el Magisterio".
De todos modos, esta frase que cita AciPrensa es para confundir y crear bandos, ideologías: porque de lo que estamos hablando es de si una mujer puede ser cardenal, no de si puede ser sacerdote.
El sacerdote español advirtió que “si el Sacro Colegio fuese elegido bajo el criterio de intentar representar a los grupos que componen la Iglesia sería una misión imposible”.
“Además, es que la misma idea de este tipo de representatividad implica una especie de parlamentarismo, que es totalmente ajeno a la naturaleza de este Colegio”.
¡Esto sí que ya es gracioso, si no fuera estúpido! ¡O sea que para evitar la dificultosa tarea de que el SC represente a todos los grupos, entonces lo bueno es que sólo represente al grupo al que él pertenece....
Y lo que sigue completa la idiocia:
“No hace falta un gran ejercicio de imaginación, para entender a qué luchas de influencia nos abocaría un sistema así. Ese sistema favorecería las presiones internas y externas, las campañas de opinión pública, los juegos de influencias, las ayudas recíprocas. Las luchas del mundo se trasladarían al seno de la Iglesia”jajajajajajajajaja, ¡es que sin mujeres no hay luchas y presiones mundanas en el Sacro Colegio!!!!!!!
Como todos saben, el Sacro Colegio es un ejemplo para el mundo, precisamente porque allí no se dan presiones, no hay lobbys, etc....
El error fundamental de la postura de Fortea (y de tantos otros) es creer que la mujer es "un grupo", como puede haber un grupo de "jóvenes", otro de "trabajadores", otro de "educadores", etc. Por tanto, cuando se habla de la mujer en funciones de gobierno dentro de la Iglesia enseguida lo asimilan a la representatividad parlamentaria. Más abajo me ocupo más en detalle de ese asunto.
“Jesús escogió a los Apóstoles, y los Apóstoles escogieron a sus sucesores, sus sucesores escogieron a los presbíteros. Como se ve, la línea es vertical descendente. Esto simplifica todo el sistema e impide el tipo de ajedrez eclesiástico de influencias que antes he mencionado. Eso sí, se impide en la medida en que la debilidad humana puede hacerlo”.Entonces el error no es introducir mujeres en el Sacro Colegio, sino crear el Sacro Colegio, que precisamente no tiene nada que ver con esa línea vertical que tan ingenua como tontamente mete aquí en medio, en algo que no se está discutiendo. El P. Fortea sigue hablando de sacerdocio, no de colegio de cardenales... Jesús no creó el colegio de cardenales, ni ordenó crearlo.
“Jesucristo no quiso que las mujeres estuvieran representadas en la Última Cena. Incluso en un momento tan trascendental, no nos consta que dijera a su Madre: ven a la Cena en representación de las mujeres."NO NOS CONSTA, ¡exactamente! como no nos consta:
La edad que tenía Jesús cuando murió, la fecha cierta de la última cena, si fue o no la comida pascual judía, la fecha en que nació, la altura que tenía, cuántos lo seguían, si hablaba arameo, griego o ambos, si sabía leer, etc etc etc etc etc etc etc.
De Jesús y lo que hizo en la historia sabemos lo muy mínimo que se necesita para poder confesar que es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y que murió y resucitó por mí. Nada más se conservó, posiblemente para no distraernos. Si supiéramos que era alto, algunos no lo seguirían porque no les gustan los altos, y si supiéramos que era bajo, otros no lo seguirían porque no les van los bajos... así que en los evangelios no tenemos distracciones, no tenemos "datos innecesarios".
Saber cuántos estaban en la última cena y si había o no mujeres es un dato innecesario. Porque la Iglesia no lo necesita para ser Iglesia en la historia, ella, la Iglesia, bien puede, y debe, encontrar caminos para que todos sus miembros puedan llegar en ella a una plenitud de vida cristiana, según cadas momento histórico. En nombre de eso la Iglesia creó muchas instituciones -como un colegio de cardenales- que Jesús no había mandado ni creado él mismo.... las instituciones de la Iglesia no fundadas por Jesús de manera directa no tienen por qué imitar un cuadro de Da Vinci.
El artículo sigue, pero no aporta ningún argumento decisivo nuevo a estos ya comentados.
Ahora sí, ¿por qué tendría que haber mujeres en el Sacro Colegio?
Para ayudar a preservar la verdad que la Iglesia enseña sobre la diferencia entre varones y mujeres, y por tanto la verdad sobre el ser humano.
La Iglesia enseña que la diferencia de sexos entraña diferencias de género que van más allá de lo cultural: no es la cultura la que creó los roles masculinos y femeninos, sino que el hecho de que hubiera dos sexos biológicamente determinados implica, en lo profundo, que hay un ser humano que nunca es UNO sino siempre DOS.
Por tanto, aunque Cristo haya instituido un sacerdocio únicamente masculino (eso no lo discuto ni tiene relación con esto), la Iglesia se está privando, en sus funciones de gobierno para toda la Iglesia de toda la humanidad, de la mirada significativamente distinta de las mujeres. La Iglesia sabe que tiene un tesoro a mano: una mitad de la mirada, pero decide usar para su gobierno un ojo tapado.
No tiene esto nada que ver con "parlamentarismos" ni "representaciones": la mujer no es un "grupo" al que haya o no que representar. Nosotros enseñamos que Dios "los creó varón y mujer, a su imagen, según su semejanza", (Gn 1,26-27pass) y sacamos de allí la doctrina antes señalada de que "varón" y "mujer" no son meras determinaciones culturales sino creaturales.
Casi es una ley de la naturaleza la redundancia: dos ojos para ver en estéreo, dos oídos para oír en estéreo, dos seres humanos para que el ser humano sea realmente ancho y expandido... ¿y se trata la cuestión de la mujer en la Iglesia como si fuera meramente dejar entrar un grupo de presión?
Tápense un ojo y miren... les falta algo. Se puede andar con un ojo, pero falta algo, cuando no lo tienes, no lo sabes, pero en un momento te quitas la venda y sabes lo que te perdías. Esa es la cuestión fundamental con la mujer: la Iglesia se gobierna con un parche en la mitad de su naturaleza. No siente la falta porque no ha experimentado el gobierno de sí misma a partir de una experiencia ampliada y enriquecida de la naturaleza humana.
Ruego que la Iglesia se quite el parche del ojo alguna vez.
jueves, 25 de junio de 2015
Cómo inventar una noticia
Ayer estaba en una reunión y comentaron que "hoy el Papa propuso de poner una fecha fija para la Pascua"; ahondando un poco, una persona me decía que era para resolver el problema con los ortodoxos, que celebran unos días desfasados respecto de la tradición occidental.
Me pareció extremadamente raro, por dos motivos:
-El desfase con los ortodoxos proviene de que ellos no admiten el cambio al calendario gregoriano realizado en el siglo XVI, y continúan con el juliano; a su vez a principios del siglo XX hubo un intento ortodoxo de modificar la fecha (mal calculada astronómicamente) y eso produjo que actualmente no todos los ortodoxos, ni siquiera entre ellos, celebren en la misma fecha... ¡imaginemos si la solución que se plantea a personas que no admiten un simple ajuste de la fecha astronómica consiste en cambiarles directamente la forma de celebrar!
-El otro motivo, no menor, es que el tema no aparece tratado en ninguno de los medios vaticanos importantes: News.va, dentro de lo oficial, Vatican Insider, dentro de lo extraoficial, etc.
El que trae la noticia es El País (quizás también otros medios, pero la busqué hoy allí, donde está en portada), dice así:
En realidad lo que dice el Papa es mucho más breve que eso, pero, por sobre todo, es algo que no puede calificarse, ni distraído, de "propuesta". Lo dijo en el retiro mundial de sacerdotes en Roma, el día 12 de junio (la "noticia" sale, como "novedad" el 24 de junio, y ningún medio vaticano -como señalé- la trae).
Quien desee escucharlo está en este video: avanzar hasta 1 hora 38 min, ocupa de poco más de 1:38 a pocos segundos menos de 1:40 (es brevísimo). Está hablado en español, así que no hay ninguna dificultad en entender lo que dice, al menos a ese nivel (otra cosa es que el Papa hace tal ensalada conceptual, que casi no se entiende).
El contexto es unos comentarios sobre el estado de la cuestión ecuménica, donde señala la gran cercanía con los ortodoxos, y recuerda que, sin embargo, subsite el problema de la Pascua. Esta es la transcripción literal (a la que sin embargo habría que agregar los tonos de duda, vacilación, etc. así que mejor escucharlo):
Queda claro que el Papa está hablando de memoria de un problema que sabe que existe, pero que ni siquiera lo puede explicar bien. Por ejemplo «eso todos los años avanza, avanza unos días, avanza una semana, corremos el riesgo de festejar la Pascua en agosto, no? de aquí a 60 años, no?» Bueno, pues no: no corremos ningún riesgo al respecto, nuestra fecha de Pascua se relaciona siempre con el equinoccio astronómico (la primera del plural está demás). Lo corren los que siguen el calendario juliano, que como no incorpora las correcciones del gregoriano, va desplazando su fecha de Pascua... tengamos presente que el desplazamiento del calendario era unos diez días en 1600 años (cuando se corrigió), por tanto es bastante aventurado afirmar que los ortodoxos terminarán celebrado dentro de 60 años la Pascua en agosto (en realidad lo dice con cierta sorna).
No hay aquí ninguna propuesta del Papa, ni de la Iglesia Católica de poner una fecha fija, se expresa (cualquiera puede leerlo en la transcripción) que la Iglesia católica no tendría problemas en..., está dispuesta a... que no es lo mismo que proponerlo.
En suma, el Papa no propuso absolutamente nada en relación a la fecha de la Pascua, habló en un contexto completamente informal, sin siquiera saber exactamente los términos del problema, y esta noticia sólo tiene interés para:
-Llenar un agujero de tapa en el web de El País
-Mostrarnos una vez más, a ver si aprendemos, que los medios hace mucho que han dejado de ser "de información".
Me pareció extremadamente raro, por dos motivos:
-El desfase con los ortodoxos proviene de que ellos no admiten el cambio al calendario gregoriano realizado en el siglo XVI, y continúan con el juliano; a su vez a principios del siglo XX hubo un intento ortodoxo de modificar la fecha (mal calculada astronómicamente) y eso produjo que actualmente no todos los ortodoxos, ni siquiera entre ellos, celebren en la misma fecha... ¡imaginemos si la solución que se plantea a personas que no admiten un simple ajuste de la fecha astronómica consiste en cambiarles directamente la forma de celebrar!
-El otro motivo, no menor, es que el tema no aparece tratado en ninguno de los medios vaticanos importantes: News.va, dentro de lo oficial, Vatican Insider, dentro de lo extraoficial, etc.
El que trae la noticia es El País (quizás también otros medios, pero la busqué hoy allí, donde está en portada), dice así:
[título:] «El Papa quiere fecha fija para Semana Santa»[copete:] Francisco plantea que el Domingo de Resurrección deje de depender del calendario lunar y pactar con las Iglesias ortodoxas que se celebre siempre la segunda o tercera semana de abril[Cuerpo:] El papa Francisco ha propuesto que la Semana Santa, cuya fecha depende ahora del calendario lunar, se celebre cada año "en una fecha fija". Esta podría ser la segunda semana de abril; el segundo domingo de este mes sería el de Pascua. El Domingo de Resurrección tiene su origen en la Pascua judía y se fija en la primera luna llena que cae en domingo después del equinoccio de Primavera, el 21 de marzo.
En unas declaraciones realizadas durante el II Retiro de Sacerdotes en la Basílica de San Juan de Letrán el pasado 12 de junio, Francisco afirmó que el problema de la Pascua es uno que se trata de solucionar "desde el beato Pablo VI".
El pontífice considera que es importante establecer esta fecha para la Semana Santa, dado que si se sigue la tradición clásica de los monasterios más conservadores ortodoxos, las fechas se retrasarán año tras año y “se corre el riesgo de acabar festejando la Pascua en agosto, de aquí a 60 años”.
Por ello, Francisco ha mostrado su disposición a llegar a un acuerdo, y que la Iglesia católica termine por “renunciar al primer solsticio después de la luna llena de marzo”, una propuesta que ha motivado el aplauso de los sacerdotes, obispos y cardenales presentes.
Ya ha habido algunas reacciones, sin embargo, que apuntan a la dificultad de llegar a ese acuerdo. El presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Claudio María Celli, lo ve "muy difícil" y ha apuntado al hecho de que las grandes iglesias ortodoxas "como el patriarcado de Moscú" no son favorables. No obstante, Celli ha reconocido que "la realidad ortodoxa esta dividida, incluso con tensiones profundas, y, en este momento, no será fácil" y "sería una hermosura poder celebrar todos juntos la resurrección del señor".»
En realidad lo que dice el Papa es mucho más breve que eso, pero, por sobre todo, es algo que no puede calificarse, ni distraído, de "propuesta". Lo dijo en el retiro mundial de sacerdotes en Roma, el día 12 de junio (la "noticia" sale, como "novedad" el 24 de junio, y ningún medio vaticano -como señalé- la trae).
Quien desee escucharlo está en este video: avanzar hasta 1 hora 38 min, ocupa de poco más de 1:38 a pocos segundos menos de 1:40 (es brevísimo). Está hablado en español, así que no hay ninguna dificultad en entender lo que dice, al menos a ese nivel (otra cosa es que el Papa hace tal ensalada conceptual, que casi no se entiende).
El contexto es unos comentarios sobre el estado de la cuestión ecuménica, donde señala la gran cercanía con los ortodoxos, y recuerda que, sin embargo, subsite el problema de la Pascua. Esta es la transcripción literal (a la que sin embargo habría que agregar los tonos de duda, vacilación, etc. así que mejor escucharlo):
«Respecto al problema de la Pascua, que todos queremos solucionar (bueno, también en todos los lugares hay pequeños grupos fundamentalistas, que quieren conservar la tradición)... Bartolomeo permitó, en dos lugares, no me acuerdo cuáles... en Finlandia, que los ortodoxos son minoría, que celebren la Pascua en la fecha de los luteranos, para no dar el escándalo de "cuándo resucita tu Cristo?", "Mi Cristo resucita hoy, el tuyo la semana que viene"... un escándalo; bueno, eso es una cosa que, desde el beato Pablo VI, se está buscando la unidad de la fecha de la Pascua.
Creo que lo más definitivo -Tawadros trabaja muchísimo por esto- lo más definitivo va a tener que ser una fecha fija, qué sé yo, supongamos, segundo domingo de abril, porque si se sigue con la tradición clásica de los monasterios más conservadores ortodoxos, como siempre es la primera luna llena después del 14 Nisán, eso todos los años avanza, avanza unos días, avanza una semana, corremos el riesgo de festejar la Pascua en agosto, no? de aquí a 60 años, no? O sea que tenemos que ponernos de acuerdo, no? La Iglesia católica está dispuesta, desde el beato Pablo VI, a la fecha fija, a renunciar al primer solsticio... (vacila), después de la luna llena de marzo» [lo correcto es: el primer domingo después de la luna llena del equinoccio de primavera en el hemisferio norte]
Queda claro que el Papa está hablando de memoria de un problema que sabe que existe, pero que ni siquiera lo puede explicar bien. Por ejemplo «eso todos los años avanza, avanza unos días, avanza una semana, corremos el riesgo de festejar la Pascua en agosto, no? de aquí a 60 años, no?» Bueno, pues no: no corremos ningún riesgo al respecto, nuestra fecha de Pascua se relaciona siempre con el equinoccio astronómico (la primera del plural está demás). Lo corren los que siguen el calendario juliano, que como no incorpora las correcciones del gregoriano, va desplazando su fecha de Pascua... tengamos presente que el desplazamiento del calendario era unos diez días en 1600 años (cuando se corrigió), por tanto es bastante aventurado afirmar que los ortodoxos terminarán celebrado dentro de 60 años la Pascua en agosto (en realidad lo dice con cierta sorna).
No hay aquí ninguna propuesta del Papa, ni de la Iglesia Católica de poner una fecha fija, se expresa (cualquiera puede leerlo en la transcripción) que la Iglesia católica no tendría problemas en..., está dispuesta a... que no es lo mismo que proponerlo.
En suma, el Papa no propuso absolutamente nada en relación a la fecha de la Pascua, habló en un contexto completamente informal, sin siquiera saber exactamente los términos del problema, y esta noticia sólo tiene interés para:
-Llenar un agujero de tapa en el web de El País
-Mostrarnos una vez más, a ver si aprendemos, que los medios hace mucho que han dejado de ser "de información".
viernes, 8 de mayo de 2015
Está bien, acepto el mote
En un blog de periodismo llamado «La réplica», Marta Güelfo Márquez explora desde la perspectiva de género los [supuestos] subterfugios (especialmente de lenguaje, aunque no sólo) por medio de los que llega a caracterizar una nueva categoría: la del «neomachista», que ya no es «machista», porque es políticamente incorrecto, pero continúa consolidando lo que la perspectiva de género llama la «cultura patriarcal».
Pues bien, puesto que el periódico se llama «La réplica», supongo que, a pesar del escaso margen que la autora deja, se le podrá replicar... salvo que por ese pecado se saque otro mote con el que intimidar a los que no vemos con sus mismas gafas (comienza declarando ella misma que lo que tiene puestas son unas gafas. A confesión de parte...).
Porque de eso se trata este artículo, de encontrar un mote descalificador. Lo curioso es que el juego de los motes todos lo reconocemos como nocivo para el pensamiento: la misma autora, como veremos, encuentra en el uso de un mote infamante («feminazi», punto 4) uno de los puntos que revelan las malas intenciones del otro.
Vayamos uno por uno (en cada uno copio la explicación de la autora, y disculpen que resulte largo):
1- «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad»: Este es un error muy frecuente producto del desconocimiento. El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El machismo se conforma por actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer.
Me alegro de que la autora sea tan penetrante: en palabras que no lo indican en absoluto, ha llegado a descubrir intenciones ocultas... ¿o será que las palabras son decidoras y transparentes sólo si vienen aprobadas por ella misma? Si yo digo que "creo en la igualdad", hasta que se demuestre lo contrario será que creo en la igualdad. La igualdad no quiere decir ni apunta necesariamente a «actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer», la igualdad quiere decir igualdad.
Por supuesto, puede ser que alguien diga que "cree en la igualdad" y en realidad mantenga "actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer", en cuyo caso está mintiendo, o se está autoengañando, pero no es la frase la que lo revela, sino el contraste de los hechos de esa persona con la frase que suscribe.
Ahora bien, cuando se pasa de contrastar hechos y frases a que la frase misma está viciada "lingüísticamente", por así decirlo, se está pasando de la raya, se está saliendo de la ambigüedad de todo lo humano al cielo puro de las categorías, que sólo existen en la obra de Kant y en las ideologías de toda especie.
Muchos, como es mi caso, no tendríamos ningún problema en reivindicarnos como feministas, pero si eso significa formar parte del cotarro donde una persona se sienta a categorizar al resto a partir de fragmentos de palabras y sin molestarse en nadar enlodada entre la ambigüedad de las palabras y los gestos, prefiero decir que no soy machista ni feminista, sino que creo en la igualdad. Y si eso me hace adquirir el mote de "neomachista", lo aceptaré por mis pecados. No es el único mote que sobrellevo.
¿Cómo podría decir esto mismo la autora, si en vez de dedicarse a categorizar, se dedicara a pensar el problema? Posiblemente hubiera sido interesante criticar la frase «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad» explicando que no hay simetría entre los dos campos, y que la «igualdad» aunque es el justo medio de los derechos, no es el justo medio de las actitudes culturales. En eso tiene razón: en ese uso de la frase, sólo en ese, podría ser un indicativo de pervivencia camuflada del machismo. Lo que implica que si se la escucho decir a alguien, eso no significa que sea neomachista (claro que tampoco que no lo sea).
2- «También hay violencia de género contra los hombres»: la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre porque no existe un sistema ideológico y cultural que oprima al hombre, sino a la mujer. La violencia de género se da en la pareja o expareja, del hombre hacia la mujer y tiene sus raíces en el patriarcado, el androcentrismo, el sentimiento de posesión y la idea tradicional de amor romántico. Conforma un fenómeno social que se da en todas las culturas y que provoca sólo en nuestro país 50, 60 ó 70 mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Supone por tanto una situación de emergencia que precisa respuestas educativas, sociales y políticas concretas.
Por qué tú lo digas... La expresión «violencia de género» tiende al menos dos sentidos, y los dos pueden darse (y de hecho creo que se dan) también en la dirección de la mujer al varón: en un sentido «real» (el menos importante para la teoría del género), se puede dar por el simple hecho de que donde hay poder, está el contexto necesario para el abuso de poder, y por tanto para la violencia: si hay contextos de poder donde la que enarbola ese poder es una mujer, puede darse (y de hecho es muy probable que se dé), la violencia de la mujer hacia el varón. El segundo sentido tiene que ver como lo usa la autora: la violencia «estructural» -por así decirlo- es decir, la existencia de un relato unas estructuras, un lenguaje en general que, al justificar la violencia, la amparan y dificultan su erradicación.
Naturalmente estoy de acuerdo con ello: ese relato justificador existe, y eso es suficiente emergencia como para emprender todo tipo de acciones (educativas fundamentalmente, pero también preventivas y punitivas) contra ello.
Ahora bien, precisamente por eso mismo, la axiomática negación que la autora hace se me representa como la exacta réplica feminista del relato ocultador del androcentrismo: «la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre». Pues mira, ¿y si se da? ¿no estás reproduciendo el mecanismo negador del androcentrismo? ¿no es ese discurso mismo, sin necesidad de ningún aditamento, ya el desarrollo, o al menos el conato de un sistema ideológico y cultural de represión, al dejar de lado que la causa de la violencia, encarnada mayoritariamente en el varón del sistema androcentrismo, es el ser humano?
Hay violencia de la mujer al varón, muchos la hemos experimentado, muchos la vemos o hemos visto, y para liberar realmente al ser humano, lo que hay que hacer es no negar.
3- «Existen muchas denuncias falsas»: Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas en materia de violencia de género es de un 0,018%.
Puede ser. Tratándose de estadísticas, soy absolutamente incompetente: tanto para el indeterminado «muchas» como para el determinado «0,018%». Lo que no termino de entender es cómo la existencia de una convicción sobre la cantidad de denuncias falsas le sirve a la autora para establecer sus cortes de clase.
A mí el sólo hecho de que haya una denuncia falsa me parece dos cosas:
-que es lógico, puesto que somos seres humanos todos, mujeres y varones, por tanto el poder nos va a tentar de corromper de manera necesaria, así que si a través de denunciar adquiero algún poder sobre otro, es seguro que un porcentaje cualquiera (0,01 o 99,99) intentará abusar de él.
-que no cabe usar como elemento ideológicamente discriminador (el que reconoce denuncias falsas es porque es neomachista, no porque de hecho hay denuncias falsas) el sufrimiento de otro ser humano, en este caso del 1, 2 o 3 que son víctimas del abuso de poder de una denuncia falsa.
4- «Eres una feminazi radical»: No existe tal cosa. La palabra feminazi ha sido inventada por el neomachismo para demonizar y ridiculizar al movimiento feminista. Esta palabra ha sido utilizada incluso por neomachistas de renombre como Arturo Pérez-Reverte para atacar al feminismo.
No me gusta la palabra «feminazi» y de hecho no la uso en mis escritos, pero este punto es uno de los que me parecen más interesantes, porque reconoce el poder demonizador y ridiculizante de los motes... ¡en un artículo dedicado a poner en circulación un mote sobre el contrario!
5- «El lenguaje inclusivo es una tontería, acabaremos diciendo sillas y sillos»: El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental. Aquello que no se nombra, no se ve, y lo que no se ve, no existe. Nuestro lenguaje se ha regulado en base a los valores sociales y culturales dominantes patriarcales y androcéntricos, y es por esto por lo que debe ser cuestionado. Utilizar como argumento el femenino y el masculino en cualquier sustantivo es un intento de ridiculizar el lenguaje no sexista, que no tiene fundamento puesto que no hay que diferenciar el género en aquellos sustantivos que no tienen sexo biológico ni género.
Naturalmente que «El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental», eso es un principio completamente indiscutible. Y también que «aquello que no se nombra, no se ve», Precisamente por eso el llamado «lenguaje inclusivo», en la medida en que representa los esfuerzos voluntarios por imponerlo, podría hacerse conscientemente muchísimo mejor, y no imponer «abusos» de la inclusividad.
Por ejemplo, cuando yo digo "los estudiantes y las estudiantes", hago visibles dos conjuntos donde parece haber sólo el de los varones. Ahora bien, precisamente por dejar de nombrar una realidad, la condeno a la desaparición: cuando el profesor ve delante suyo a los estudiantes y las estudiantes, no ve dos conjuntos, ve uno, porque en tanto estudiantes no son dos, sino uno.
Quizás sea cierto que con el tiempo este equilibrio al que los idiomas indoeuropeos habían llegado se haya ideologizado androcéntricamente (en esto creo que la teoría del género tiene razón), pero la solución no es poner dos donde hay realmente uno, sino romper la alianza de ese uno con el androcentrismo. Me explico: si en vez de decir "los estudiantes y las estudiantes" dijéramos "les estudiantes", específicamente como una nueva forma de neutro inclusivo, estaríamos al mismo tiempo desandrocentrando, y reconociendo la unicidad donde hay y no debe dejar de haber unicidad. Y más bien reservar la duplicación de palabras donde realmente tiene sentido, que es cuando necesitamos realmente referirnos a dos conjuntos.
En la práctica el sistema de la lengua funciona poco por convenciones conscientes, así que el genio popular ha reemplazado la innecesaria duplicación por dos maneras que hoy coexisten: "lxs estudiantes", que incluye a todos los géneros posibles, y "l@s estudiantes", que convencionalmente todos entendemos que se refiere a las y los. La verdad que las dos soluciones son estupendas, pero lamentablemente no son pronunciables. Hay que buscar otros lexemas que remedien la situación.
En vez de dedicarse a clasificar al otro a partir de que le parece una tontería el hecho de que podremos acabar diciendo "sillos y sillas", podría la autora aprender de esa crítica que, aunque no tiene razón en el principio (el lenguaje inclusivo sí es necesario), la tiene en haber pescado el aspecto incómodo y puramente artificial de un sistema que funciona muy por fuera de nuestras voluntades individuales.
6- «Sois muy pesadas con eso del feminismo»: sí, hay días que nos levantamos y nos da por pelear y reivindicar nuestros derechos y nuestro lugar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Incluidos en aquellos contextos y situaciones en los que la desigualdad no es fácilmente apreciable.
Ajá, bueno, gracias por la confesión de parte, de nuevo... efectivamente hay muchas feministas pesadas con el feminismo; a muchos les gusta el fútbol pero uno les huye porque son pesados con el fútbol, muchos son pesados con lo que les interesa.
Eso no tiene nada que ver con que el otro se convierta en "neo nada" por reconocer lo que es evidente: que ni el feminismo se libra de los pesados.
7- «No es acoso, es un piropo»: un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona a la que se le está diciendo o mostrarle afecto. Silbar y/o gritar por la calle a una mujer desconocida algo relacionado con su aspecto, su cuerpo y su ropa es acoso verbal.
Sí, estoy completamente de acuerdo. Ahora bien: la frase, tal como la copia la periodista, no niega eso. Será, no neomachista sino machista a secas, quien acose verbalmente, y dirá un piropo quien le diga "algo agradable a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona". No hace falta inventarse un mote nuevo.
8- «Me da igual que sea un hombre o una mujer, lo que importa es la persona»: este argumento es muy repetido en organizaciones políticas o sociales cuando se trata el tema de la paridad en listas o en cargos. Por cuestiones relacionadas con la educación, la socialización, los estereotipos y la falta de referentes es probable que el protagonismo, el liderazgo y el poder de las organizaciones acabe siendo masculino. Herramientas paritarias como las listas cremallera fomentan una participación más igualitaria y representativa.
«es probable que...», puede ser, como puede ser que no, la frase en sí no es machista ni neomachista, en absoluto, al contrario, debería ser el ideal al que tendiera la lucha por la igualdad.
9- «También debería existir un día del hombre»: el 8 de marzo fue declarado el día Internacional de la Mujer Trabajadora por la ONU en 1975. Conmemora las luchas de las mujeres obreras que reivindicaban sus derechos y la igualdad en la sociedad. Actualmente aún vivimos en una sociedad que oprime a la mujer y en la que la desigualdad en el ámbito laboral, económico, político y familiar sigue siendo evidente, por lo que seguimos peleando y reivindicando nuestros derechos cada día y, en especial, el 8 de marzo.
Ajá, bueno, la frase original no me parece demasiado lúcida, más bien un tanto pava, así que por suerte encontré una con la que estoy de acuerdo con la autora, mi nivel de neomachismo a descendido 1/10.
10- «Ya hemos conseguido “la igualdad”»: creer que las mujeres ya estamos en igualdad de condiciones en todas las esferas de la vida es un error frecuente. La infrarrepresentación política, la brecha salarial, las mujeres asesinadas por sus parejas, el techo de cristal o el sobrecargo de los cuidados nos indican todo lo contrario: vivimos en una sociedad desigual.
No, no hemos conseguido la igualdad. Pero no me apunto un 2/10 con la periodista porque me parece que yo lucho a mi manera y en mi ámbito, por la igualdad, y ella también; pero estoy convencido de que la lucha de ella es estéril en muchos aspectos, por luchar en el plano de la ideología, por excluir en vez de incluir, por invitar a condenar sin juicio, y, en fin, por pretender primero la adhesión y luego la acción.
No digo que la autora no luche, y que no lo haga con buenas intenciones, digo que las luchas que se hacen desde esos referentes han resultado a lo largo de la historia, estériles.
Yo no puedo formar parte de esa lucha. Ya sé que a la autora no le interesará, porque de hecho parece más interesada en denunciar a gente como nosotros con un mote nuevo que a incluir luchadores a sus filas. Pero es una lástima que ante tanta necesidad de lucha haya gente que gaste sus energías así.
Pues bien, puesto que el periódico se llama «La réplica», supongo que, a pesar del escaso margen que la autora deja, se le podrá replicar... salvo que por ese pecado se saque otro mote con el que intimidar a los que no vemos con sus mismas gafas (comienza declarando ella misma que lo que tiene puestas son unas gafas. A confesión de parte...).
Porque de eso se trata este artículo, de encontrar un mote descalificador. Lo curioso es que el juego de los motes todos lo reconocemos como nocivo para el pensamiento: la misma autora, como veremos, encuentra en el uso de un mote infamante («feminazi», punto 4) uno de los puntos que revelan las malas intenciones del otro.
Vayamos uno por uno (en cada uno copio la explicación de la autora, y disculpen que resulte largo):
1- «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad»: Este es un error muy frecuente producto del desconocimiento. El feminismo es un movimiento que reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El machismo se conforma por actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer.
Me alegro de que la autora sea tan penetrante: en palabras que no lo indican en absoluto, ha llegado a descubrir intenciones ocultas... ¿o será que las palabras son decidoras y transparentes sólo si vienen aprobadas por ella misma? Si yo digo que "creo en la igualdad", hasta que se demuestre lo contrario será que creo en la igualdad. La igualdad no quiere decir ni apunta necesariamente a «actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer», la igualdad quiere decir igualdad.
Por supuesto, puede ser que alguien diga que "cree en la igualdad" y en realidad mantenga "actitudes, conductas y creencias de superioridad del hombre con respecto a la mujer", en cuyo caso está mintiendo, o se está autoengañando, pero no es la frase la que lo revela, sino el contraste de los hechos de esa persona con la frase que suscribe.
Ahora bien, cuando se pasa de contrastar hechos y frases a que la frase misma está viciada "lingüísticamente", por así decirlo, se está pasando de la raya, se está saliendo de la ambigüedad de todo lo humano al cielo puro de las categorías, que sólo existen en la obra de Kant y en las ideologías de toda especie.
Muchos, como es mi caso, no tendríamos ningún problema en reivindicarnos como feministas, pero si eso significa formar parte del cotarro donde una persona se sienta a categorizar al resto a partir de fragmentos de palabras y sin molestarse en nadar enlodada entre la ambigüedad de las palabras y los gestos, prefiero decir que no soy machista ni feminista, sino que creo en la igualdad. Y si eso me hace adquirir el mote de "neomachista", lo aceptaré por mis pecados. No es el único mote que sobrellevo.
¿Cómo podría decir esto mismo la autora, si en vez de dedicarse a categorizar, se dedicara a pensar el problema? Posiblemente hubiera sido interesante criticar la frase «Yo no soy feminista ni machista, yo creo en la igualdad» explicando que no hay simetría entre los dos campos, y que la «igualdad» aunque es el justo medio de los derechos, no es el justo medio de las actitudes culturales. En eso tiene razón: en ese uso de la frase, sólo en ese, podría ser un indicativo de pervivencia camuflada del machismo. Lo que implica que si se la escucho decir a alguien, eso no significa que sea neomachista (claro que tampoco que no lo sea).
2- «También hay violencia de género contra los hombres»: la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre porque no existe un sistema ideológico y cultural que oprima al hombre, sino a la mujer. La violencia de género se da en la pareja o expareja, del hombre hacia la mujer y tiene sus raíces en el patriarcado, el androcentrismo, el sentimiento de posesión y la idea tradicional de amor romántico. Conforma un fenómeno social que se da en todas las culturas y que provoca sólo en nuestro país 50, 60 ó 70 mujeres asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Supone por tanto una situación de emergencia que precisa respuestas educativas, sociales y políticas concretas.
Por qué tú lo digas... La expresión «violencia de género» tiende al menos dos sentidos, y los dos pueden darse (y de hecho creo que se dan) también en la dirección de la mujer al varón: en un sentido «real» (el menos importante para la teoría del género), se puede dar por el simple hecho de que donde hay poder, está el contexto necesario para el abuso de poder, y por tanto para la violencia: si hay contextos de poder donde la que enarbola ese poder es una mujer, puede darse (y de hecho es muy probable que se dé), la violencia de la mujer hacia el varón. El segundo sentido tiene que ver como lo usa la autora: la violencia «estructural» -por así decirlo- es decir, la existencia de un relato unas estructuras, un lenguaje en general que, al justificar la violencia, la amparan y dificultan su erradicación.
Naturalmente estoy de acuerdo con ello: ese relato justificador existe, y eso es suficiente emergencia como para emprender todo tipo de acciones (educativas fundamentalmente, pero también preventivas y punitivas) contra ello.
Ahora bien, precisamente por eso mismo, la axiomática negación que la autora hace se me representa como la exacta réplica feminista del relato ocultador del androcentrismo: «la violencia de género no se da de la mujer hacia el hombre». Pues mira, ¿y si se da? ¿no estás reproduciendo el mecanismo negador del androcentrismo? ¿no es ese discurso mismo, sin necesidad de ningún aditamento, ya el desarrollo, o al menos el conato de un sistema ideológico y cultural de represión, al dejar de lado que la causa de la violencia, encarnada mayoritariamente en el varón del sistema androcentrismo, es el ser humano?
Hay violencia de la mujer al varón, muchos la hemos experimentado, muchos la vemos o hemos visto, y para liberar realmente al ser humano, lo que hay que hacer es no negar.
3- «Existen muchas denuncias falsas»: Según la Fiscalía General del Estado, el porcentaje de denuncias falsas en materia de violencia de género es de un 0,018%.
Puede ser. Tratándose de estadísticas, soy absolutamente incompetente: tanto para el indeterminado «muchas» como para el determinado «0,018%». Lo que no termino de entender es cómo la existencia de una convicción sobre la cantidad de denuncias falsas le sirve a la autora para establecer sus cortes de clase.
A mí el sólo hecho de que haya una denuncia falsa me parece dos cosas:
-que es lógico, puesto que somos seres humanos todos, mujeres y varones, por tanto el poder nos va a tentar de corromper de manera necesaria, así que si a través de denunciar adquiero algún poder sobre otro, es seguro que un porcentaje cualquiera (0,01 o 99,99) intentará abusar de él.
-que no cabe usar como elemento ideológicamente discriminador (el que reconoce denuncias falsas es porque es neomachista, no porque de hecho hay denuncias falsas) el sufrimiento de otro ser humano, en este caso del 1, 2 o 3 que son víctimas del abuso de poder de una denuncia falsa.
4- «Eres una feminazi radical»: No existe tal cosa. La palabra feminazi ha sido inventada por el neomachismo para demonizar y ridiculizar al movimiento feminista. Esta palabra ha sido utilizada incluso por neomachistas de renombre como Arturo Pérez-Reverte para atacar al feminismo.
No me gusta la palabra «feminazi» y de hecho no la uso en mis escritos, pero este punto es uno de los que me parecen más interesantes, porque reconoce el poder demonizador y ridiculizante de los motes... ¡en un artículo dedicado a poner en circulación un mote sobre el contrario!
5- «El lenguaje inclusivo es una tontería, acabaremos diciendo sillas y sillos»: El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental. Aquello que no se nombra, no se ve, y lo que no se ve, no existe. Nuestro lenguaje se ha regulado en base a los valores sociales y culturales dominantes patriarcales y androcéntricos, y es por esto por lo que debe ser cuestionado. Utilizar como argumento el femenino y el masculino en cualquier sustantivo es un intento de ridiculizar el lenguaje no sexista, que no tiene fundamento puesto que no hay que diferenciar el género en aquellos sustantivos que no tienen sexo biológico ni género.
Naturalmente que «El uso del lenguaje es importante en cuanto que con él construimos nuestro pensamiento y nuestra representación mental», eso es un principio completamente indiscutible. Y también que «aquello que no se nombra, no se ve», Precisamente por eso el llamado «lenguaje inclusivo», en la medida en que representa los esfuerzos voluntarios por imponerlo, podría hacerse conscientemente muchísimo mejor, y no imponer «abusos» de la inclusividad.
Por ejemplo, cuando yo digo "los estudiantes y las estudiantes", hago visibles dos conjuntos donde parece haber sólo el de los varones. Ahora bien, precisamente por dejar de nombrar una realidad, la condeno a la desaparición: cuando el profesor ve delante suyo a los estudiantes y las estudiantes, no ve dos conjuntos, ve uno, porque en tanto estudiantes no son dos, sino uno.
Quizás sea cierto que con el tiempo este equilibrio al que los idiomas indoeuropeos habían llegado se haya ideologizado androcéntricamente (en esto creo que la teoría del género tiene razón), pero la solución no es poner dos donde hay realmente uno, sino romper la alianza de ese uno con el androcentrismo. Me explico: si en vez de decir "los estudiantes y las estudiantes" dijéramos "les estudiantes", específicamente como una nueva forma de neutro inclusivo, estaríamos al mismo tiempo desandrocentrando, y reconociendo la unicidad donde hay y no debe dejar de haber unicidad. Y más bien reservar la duplicación de palabras donde realmente tiene sentido, que es cuando necesitamos realmente referirnos a dos conjuntos.
En la práctica el sistema de la lengua funciona poco por convenciones conscientes, así que el genio popular ha reemplazado la innecesaria duplicación por dos maneras que hoy coexisten: "lxs estudiantes", que incluye a todos los géneros posibles, y "l@s estudiantes", que convencionalmente todos entendemos que se refiere a las y los. La verdad que las dos soluciones son estupendas, pero lamentablemente no son pronunciables. Hay que buscar otros lexemas que remedien la situación.
En vez de dedicarse a clasificar al otro a partir de que le parece una tontería el hecho de que podremos acabar diciendo "sillos y sillas", podría la autora aprender de esa crítica que, aunque no tiene razón en el principio (el lenguaje inclusivo sí es necesario), la tiene en haber pescado el aspecto incómodo y puramente artificial de un sistema que funciona muy por fuera de nuestras voluntades individuales.
6- «Sois muy pesadas con eso del feminismo»: sí, hay días que nos levantamos y nos da por pelear y reivindicar nuestros derechos y nuestro lugar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Incluidos en aquellos contextos y situaciones en los que la desigualdad no es fácilmente apreciable.
Ajá, bueno, gracias por la confesión de parte, de nuevo... efectivamente hay muchas feministas pesadas con el feminismo; a muchos les gusta el fútbol pero uno les huye porque son pesados con el fútbol, muchos son pesados con lo que les interesa.
Eso no tiene nada que ver con que el otro se convierta en "neo nada" por reconocer lo que es evidente: que ni el feminismo se libra de los pesados.
7- «No es acoso, es un piropo»: un piropo es algo agradable que se dice a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona a la que se le está diciendo o mostrarle afecto. Silbar y/o gritar por la calle a una mujer desconocida algo relacionado con su aspecto, su cuerpo y su ropa es acoso verbal.
Sí, estoy completamente de acuerdo. Ahora bien: la frase, tal como la copia la periodista, no niega eso. Será, no neomachista sino machista a secas, quien acose verbalmente, y dirá un piropo quien le diga "algo agradable a la cara de alguien conocido con respeto y con la intención de animar y/o agradar a la persona". No hace falta inventarse un mote nuevo.
8- «Me da igual que sea un hombre o una mujer, lo que importa es la persona»: este argumento es muy repetido en organizaciones políticas o sociales cuando se trata el tema de la paridad en listas o en cargos. Por cuestiones relacionadas con la educación, la socialización, los estereotipos y la falta de referentes es probable que el protagonismo, el liderazgo y el poder de las organizaciones acabe siendo masculino. Herramientas paritarias como las listas cremallera fomentan una participación más igualitaria y representativa.
«es probable que...», puede ser, como puede ser que no, la frase en sí no es machista ni neomachista, en absoluto, al contrario, debería ser el ideal al que tendiera la lucha por la igualdad.
9- «También debería existir un día del hombre»: el 8 de marzo fue declarado el día Internacional de la Mujer Trabajadora por la ONU en 1975. Conmemora las luchas de las mujeres obreras que reivindicaban sus derechos y la igualdad en la sociedad. Actualmente aún vivimos en una sociedad que oprime a la mujer y en la que la desigualdad en el ámbito laboral, económico, político y familiar sigue siendo evidente, por lo que seguimos peleando y reivindicando nuestros derechos cada día y, en especial, el 8 de marzo.
Ajá, bueno, la frase original no me parece demasiado lúcida, más bien un tanto pava, así que por suerte encontré una con la que estoy de acuerdo con la autora, mi nivel de neomachismo a descendido 1/10.
10- «Ya hemos conseguido “la igualdad”»: creer que las mujeres ya estamos en igualdad de condiciones en todas las esferas de la vida es un error frecuente. La infrarrepresentación política, la brecha salarial, las mujeres asesinadas por sus parejas, el techo de cristal o el sobrecargo de los cuidados nos indican todo lo contrario: vivimos en una sociedad desigual.
No, no hemos conseguido la igualdad. Pero no me apunto un 2/10 con la periodista porque me parece que yo lucho a mi manera y en mi ámbito, por la igualdad, y ella también; pero estoy convencido de que la lucha de ella es estéril en muchos aspectos, por luchar en el plano de la ideología, por excluir en vez de incluir, por invitar a condenar sin juicio, y, en fin, por pretender primero la adhesión y luego la acción.
No digo que la autora no luche, y que no lo haga con buenas intenciones, digo que las luchas que se hacen desde esos referentes han resultado a lo largo de la historia, estériles.
Yo no puedo formar parte de esa lucha. Ya sé que a la autora no le interesará, porque de hecho parece más interesada en denunciar a gente como nosotros con un mote nuevo que a incluir luchadores a sus filas. Pero es una lástima que ante tanta necesidad de lucha haya gente que gaste sus energías así.
miércoles, 15 de abril de 2015
Ideología de la ideología de género, o cómo aprovecharse de un papa para llevar agua al propio molino
El Papa comenzó hoy a dedicar sus catequesis de los miércoles a la cuestión de varón y mujer, de la matrimonialidad, la diferencia, etc. Son enseñanzas muy sencillas, casi obvias, pero muy ricas porque con su habitual cotidianeidad en el hablar, consigue "bajar" algunas imágenes bíblicas muy potentes (como la del ser humano creado a imagen de Dios), a la comprensión de los peregrinos que -muchas veces bajo la inclemencia del tiempo- lo están oyendo en ese mismo momento.
Esto es, en cierto sentido, una gran novedad. Si comparamos las catequesis de los miércoles de Juan Pablo II sobre el mismo tema (catequesis entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984) no hay duda de que llega a hacer una verdadera y perdurable teología... sin embargo dudo de que el que estuviera escuchando en ese momento entendiera algo de lo que el Papa estaba en ese mismo momento diciendo. Digamos que lo de Juan Pablo II era una teología, mientras que lo de Francisco es una muy sencilla explicación catequética para el momento en que se produce. Las dos cosas cumplen funciones definidas e importantes (aunque a algunos nos pueda parecer mucho más adecuado al contexto lo de Francisco que lo de Juan Pablo II).
Todo esto implica que, aunque lo que dice Francisco está teológica y bíblicamente fundado, no debería uno sacarle demasiada punta, porque la elaboración misma de las charlas está subordinada a la sencillez e inmediata captación, no a la búsqueda de profundidad ni, diría, enorme trascendencia: procura más bien un concepto claro que la gente se pueda llevar, como se lleva los evangelios de bolsillo y devocionarios que el mismo Papa hacer regalar en esas ocasiones.
Hablar de la diferencia varón/mujer como lo hizo hoy invita a confrontar con la llamada «ideología de género», uno de los aspectos más omnipresentes y acríticamente desparramados en Occidente, y con la que ese mismo público que lo estaba escuchando se las tiene que ver uno y otro día. Sin embargo el Papa apenas aludió a ello, y lo hizo, no en tono confrontativo, sino con mucho respeto. El párrafo dice:
No habló tampoco de ningún «plan de Dios», sino (lo más parecido que dice) de un «designio de Dios», al cual no lo identifica con la diferencia de sexos, sino que en realidad deja entender (si uno quiere elaborar un poco teológicamente lo que dice, aunque él no lo hace) que el designio de Dios tiene como uno de sus elementos, esa diferencia:
Muchos utilizan la expresión "plan de Dios". Sin embargo es una expresión bastante impropia, y teológicamente problemática y peligrosa (como muy humorísticamente muestra el chiste gráfico que ilustra este post). Es verdad que en el Antiguo Testamento a veces Dios habla de sus "planes", pero en general la palabra «plan» se utiliza preferentemente para las maquinaciones de los malvados (Sal 33, Jeremías 18,23, Isaías 8,10, etc), mientras que, aplicado a Dios, equivale a los "caminos de Dios", trayectorias, andares, no arquitecturas cerradas que el hombre tiene que repetir (como es nuestra noción espontánea de «plan»).
En el Nuevo Testamento alude muy indirectamente a la idea de «plan de Dios», en las expresiones «voluntad de Dios» (Lc 7,30) o «economía divina» (1Tim 7,4); en ambos caso se puede traducir como «plan», mientras entendamos que no se refiere a un modelo trazado que los demás (nosotros) tienen que repetir, sino a un modo de moverse Dios mismo en el mundo, acorde con su interés salvífico por el hombre, siempre frustrado por nuestro pecado, y retomado por Dios con un cambio en los «planes maestros», que deja intacto el «misterio de su voluntad»: conseguir que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza (Efesios 1,9-10)
No hay nada en el Nuevo Testamento, ni en la Biblia en general, que suponga la idea de quienes predican que nosotros tenemos que realizar ciertas cosas rigurosamente predichas (y que por lo tanto el pecado consistiría en irse del molde trazado); al contrario: a eso Pablo lo llamaba "vivir según la Ley", y lo consideraba contrario a la libertad en Cristo, y por tanto contrario al designio divino.
Porque hay, sí, un designio de Dios, que se realiza en el actuar del hombre, y también a pesar del actuar del hombre: quien vive de cara a ese «misterio de su voluntad», ya ha entrado en la dimensión de la fe, y por tanto de la salvación, y quien se niega a percibir el «misterio de su voluntad» es invitado una y otra vez a hacerlo, que para eso está este tiempo: para invitar, no para evaluar los planes y sus resultados.
Ahora vayamos a lo que motiva el título de esta nota: leo hoy en Aciprensa que el Papa dice que «la Ideología de género contradice el plan de Dios», e incluso pone entre comillas la expresión «ideología de género», como si fueran palabras del Papa, cuando leyendo la catequesis se nota precisamente la delicadeza del Papa al evitar esa expresión. También en Infocatólica se se dice que «El Papa afirma que la ideología de género es expresión de una frustración que busca borrar la diferencia sexual», cuando, como hemos visto, no sólo no habla de la «ideología de género», sino que evita «afirmar» y más bien «se pregunta». Mientras que Infovaticana convirtió la autopregunta del Papa en una afirmación, aunque -todo hay que decirlo- fue por esta vez la más moderada de este grupo casi unísono, ya que no habla de «ideología de género», ni de «plan de Dios», y es la única de las tres que reproduce el discurso entero tal como lo dijo el Papa.
Esto es, en cierto sentido, una gran novedad. Si comparamos las catequesis de los miércoles de Juan Pablo II sobre el mismo tema (catequesis entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984) no hay duda de que llega a hacer una verdadera y perdurable teología... sin embargo dudo de que el que estuviera escuchando en ese momento entendiera algo de lo que el Papa estaba en ese mismo momento diciendo. Digamos que lo de Juan Pablo II era una teología, mientras que lo de Francisco es una muy sencilla explicación catequética para el momento en que se produce. Las dos cosas cumplen funciones definidas e importantes (aunque a algunos nos pueda parecer mucho más adecuado al contexto lo de Francisco que lo de Juan Pablo II).
Todo esto implica que, aunque lo que dice Francisco está teológica y bíblicamente fundado, no debería uno sacarle demasiada punta, porque la elaboración misma de las charlas está subordinada a la sencillez e inmediata captación, no a la búsqueda de profundidad ni, diría, enorme trascendencia: procura más bien un concepto claro que la gente se pueda llevar, como se lleva los evangelios de bolsillo y devocionarios que el mismo Papa hacer regalar en esas ocasiones.
Hablar de la diferencia varón/mujer como lo hizo hoy invita a confrontar con la llamada «ideología de género», uno de los aspectos más omnipresentes y acríticamente desparramados en Occidente, y con la que ese mismo público que lo estaba escuchando se las tiene que ver uno y otro día. Sin embargo el Papa apenas aludió a ello, y lo hizo, no en tono confrontativo, sino con mucho respeto. El párrafo dice:
«La cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertades y nuevas profundidades para el enriquecimiento de la comprensión de esta diferencia. Pero también ha introducido muchas dudas y mucho escepticismo. Por ejemplo, yo me pregunto si la así llamada 'teoría del género' no es también expresión de una frustración y de una resignación que apunta a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con ella. Nos arriesgamos a dar un paso atrás.»No habló de «ideología de género» sino de «teoría del género», como en realidad corresponde hacer, ya que es su auténtico nombre, y no confrontó radicalmente, no "condenó", "alertó", ni "mostró una serie de preocupaciones que se derivan de ella", ni nada de todo eso que no puede resolverse en un párrafo... se hizo una pregunta: no cuestionó sino que SE cuestionó, y no habló de un tercero fuera de la plaza, sino en primera persona, como una teoría en la que, lo sepamos o no, estamos inmersos, porque es una de las marcas de nuestra época; y lo hizo ante todo valorando primero los logros de la época, antes de dejar caer su (auto)cuestionamiento.
No habló tampoco de ningún «plan de Dios», sino (lo más parecido que dice) de un «designio de Dios», al cual no lo identifica con la diferencia de sexos, sino que en realidad deja entender (si uno quiere elaborar un poco teológicamente lo que dice, aunque él no lo hace) que el designio de Dios tiene como uno de sus elementos, esa diferencia:
«De aquí viene la gran responsabilidad de la Iglesia, de todos los creyentes, y ante todo de las familias creyentes, para redescubrir la belleza del designio de Dios también en la alianza entre el hombre y la mujer.» (el destacado es mío)No es el designio DE la alianza entre varón y mujer, sino el designio que se manifiesta EN esa alianza. El designio de Dios -que es único- trasciende los modos en que se manifiesta, y permite una gran creatividad y libertad por parte del hombre para descubrir ese designio y hacerlo propio.
Muchos utilizan la expresión "plan de Dios". Sin embargo es una expresión bastante impropia, y teológicamente problemática y peligrosa (como muy humorísticamente muestra el chiste gráfico que ilustra este post). Es verdad que en el Antiguo Testamento a veces Dios habla de sus "planes", pero en general la palabra «plan» se utiliza preferentemente para las maquinaciones de los malvados (Sal 33, Jeremías 18,23, Isaías 8,10, etc), mientras que, aplicado a Dios, equivale a los "caminos de Dios", trayectorias, andares, no arquitecturas cerradas que el hombre tiene que repetir (como es nuestra noción espontánea de «plan»).
En el Nuevo Testamento alude muy indirectamente a la idea de «plan de Dios», en las expresiones «voluntad de Dios» (Lc 7,30) o «economía divina» (1Tim 7,4); en ambos caso se puede traducir como «plan», mientras entendamos que no se refiere a un modelo trazado que los demás (nosotros) tienen que repetir, sino a un modo de moverse Dios mismo en el mundo, acorde con su interés salvífico por el hombre, siempre frustrado por nuestro pecado, y retomado por Dios con un cambio en los «planes maestros», que deja intacto el «misterio de su voluntad»: conseguir que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza (Efesios 1,9-10)
No hay nada en el Nuevo Testamento, ni en la Biblia en general, que suponga la idea de quienes predican que nosotros tenemos que realizar ciertas cosas rigurosamente predichas (y que por lo tanto el pecado consistiría en irse del molde trazado); al contrario: a eso Pablo lo llamaba "vivir según la Ley", y lo consideraba contrario a la libertad en Cristo, y por tanto contrario al designio divino.
Porque hay, sí, un designio de Dios, que se realiza en el actuar del hombre, y también a pesar del actuar del hombre: quien vive de cara a ese «misterio de su voluntad», ya ha entrado en la dimensión de la fe, y por tanto de la salvación, y quien se niega a percibir el «misterio de su voluntad» es invitado una y otra vez a hacerlo, que para eso está este tiempo: para invitar, no para evaluar los planes y sus resultados.
Ahora vayamos a lo que motiva el título de esta nota: leo hoy en Aciprensa que el Papa dice que «la Ideología de género contradice el plan de Dios», e incluso pone entre comillas la expresión «ideología de género», como si fueran palabras del Papa, cuando leyendo la catequesis se nota precisamente la delicadeza del Papa al evitar esa expresión. También en Infocatólica se se dice que «El Papa afirma que la ideología de género es expresión de una frustración que busca borrar la diferencia sexual», cuando, como hemos visto, no sólo no habla de la «ideología de género», sino que evita «afirmar» y más bien «se pregunta». Mientras que Infovaticana convirtió la autopregunta del Papa en una afirmación, aunque -todo hay que decirlo- fue por esta vez la más moderada de este grupo casi unísono, ya que no habla de «ideología de género», ni de «plan de Dios», y es la única de las tres que reproduce el discurso entero tal como lo dijo el Papa.
jueves, 12 de febrero de 2015
Poder, no-poder, denuncia
Dice José María Vidal, director de Religión Digital, algunas frases interesantes en un reportaje que le hicieron. Están recopiladas (presumiblemente por él mismo) aquí.
De su persona no me ocuparé porque no soy quién. Pero hay algunas cuestiones que dice que, convertidas en principios, son habituales y dan que pensar. Dice, por ejemplo:
«Hay mucho de verdad en las 'intrigas vaticanas'. El Vaticano es una corte donde a veces falta aplicar el Evangelio». Cierto, aunque como "denuncia profética" llega un poco a destiempo, quiero decir que lo han dicho muchísimos antes:
Más que con el dinero (que también) la cuestión tiene que ver con el poder: las relaciones entre los hombres expresan poder en circulación; en definitiva, el signo del Pecado es el poder: la tierra puede sobre el hombre, y en la pareja uno de los dos domina sobre el otro, y con el demonio se lucha cuerpo a cuerpo, a vencer o morir (Gn 3,14-19). Pecado y poder van de la mano. Las relaciones en el mundo son poder, porque el mundo está bajo el dominio del Pecado.
No se puede decir que no tengan buena intención las utopías de tipo anarquista, pacifista, ecologista, etc. que lo que hacen es plantear el no-poder como solución. El no-poder es la solución, el no-poder es el signo de la salvación... la cuestión es si podemos llegar al no-poder por nosotros mismos.
Jesús predicó un evangelio que es todo un programa del no-poder, y lo garantizó con su muerte en la cruz, pero al revés de las utopías, no empezó por diseñar el objetivo, sino por la cuestión de la efectividad: "esto se ha cumplido hoy", "hoy ha llegado la salvación a esta casa", "El que cree en el Hijo tiene [ya] vida eterna". En él está el no-poder y la posibilidad del no-poder.
Todo esto es catecismo básico, ya lo sé, pero me gusta recordármelo.
Efectividad: es posible el no-poder, puesto que lo realiza Cristo en el mundo, él mismo o entre los suyos y a través de ellos.
Programa: la presencia del no-poder (que es Cristo en la cruz) hace reales, en vez de utópicas, las acciones del no-poder.
Realidad: "no es el discípulo más que el Maestro" y si Cristo pasó por la cruz, la vida del cristiano tiene que pasar por la cruz, si no no se manifiesta la vida que de antemano está dada.
¿Cómo se llega, sin embargo, a hacerse uno con la efectividad del no-poder? No en el programa. Comenzando con el programa del no-poder se llega a la utopía, no a la realidad; es necesario comenzar más atrás: en la disposición total y completa a la acción de Cristo en el mundo: ser simplemente un canal a través del cual pase la gracia hacia el mundo; siquiera un canal, un tubo, abierto por los dos extremos: recibe gracia, mana gracia. En suma: la efectividad inicial para realizar adecuadamente la presencia del no-poder de Cristo entre el poder del mundo la alcanza el no-ser yo mismo.
Pero no cualquier no-ser yo mismo. No el no-ser del suicidio, por ejemplo (que más bien es lo contrario); no el no-ser del abandonarme a mí mismo entre los vaivenes del hado y la fortuna; el único no-ser adecuado a esta efectividad de Cristo en el mundo es el no-ser del amor: como el que ama no quiere nada de sí que no tenga su origen o su término en el amado, así en el creyente enamorado de Cristo se realiza, por la fuerza misma de ese amor, el no-ser suficiente para hacer presente la efectividad del no-poder de Cristo entre el poder del mundo. No se trata de ir a socorrer pobres "porque" le gusta a Cristo, como si el mandato de amor al prójimo fuera un mandato distinto del amar a Dios; se trata de estar tan vacío de sí que lo que ocurra sea que Cristo socorre, con los brazos y las piernas del creyente, a los débiles según el mundo.
Precisamente hoy san Agustín decía en la segunda lectura del Oficio de lecturas una frase que resume esto mismo que estoy tratando yo de balbucir: «Cristo toma forma en aquel que recibe la forma de Cristo, y recibe la forma de Cristo el que vive unido a él con un amor espiritual.» Dicho queda.
Pero volvamos a los dichos de Vidal: nos decía él que en la Iglesia hay mucho poder, es más, nos dice: «Primero uno es periodista y luego es creyente. Uno es antídoto del poder, y la Iglesia siempre es el poder.»
Es verdad que en el mundo los periodistas son un freno a los tres poderes del Estado: denunciando, sacando a la luz, investigando, rompen las cadenas del ocultamiento en el que trabajan silenciosamente los tres poderes; no en vano la profesión ha merecido el nombre de "cuarto poder". Pero precisamente la frase de Vidal suena un poco disparatada: si para denunciar el poder en la Iglesia (¡y hay que denunciarlo!) se debe actuar como periodista antes que como creyente, se trata de una denuncia mundana, de una denuncia que busca poder: no es la denuncia del no-poder, sino la denuncia de un poder frente a otro poder. Y en ese obtener poder frente aotro poder tiene ya su recompensa. Por muy justa y verdadera que sea la denuncia (algunas lo son, naturalmente, por la simple estadística de que la no-verdad absoluta no existe) no es una denuncia hecha desde el camino del no-poder, y por tanto no sirve en el camino del Reino de Cristo en este mundo.
Dicho de otra manera: si la denuncia del poder en la Iglesia que hace el creyente, del santo, triunfa, se manifiesta de una manera renovada la presencia de Cristo; si la denuncia del poder en la Iglesia que hace el periodista especializado en cuestiones religiosas triunfa, se suplanta un poder por otro poder, y es necesario, a su vez, denunciarlo.
Lo que plantea Vidal es enteramente mundano, de cabo a rabo, independientemente de que pueda él tener buena intención al plantearlo, e incluso que crea que sirve al Reino: muchos en la Iglesia actúan desde el poder, y en esa misma medida, son mundanos y no sirven al Reino. No sólo no sirven, claro, es que lo retrasan e incluso impiden.
De su persona no me ocuparé porque no soy quién. Pero hay algunas cuestiones que dice que, convertidas en principios, son habituales y dan que pensar. Dice, por ejemplo:
«Hay mucho de verdad en las 'intrigas vaticanas'. El Vaticano es una corte donde a veces falta aplicar el Evangelio». Cierto, aunque como "denuncia profética" llega un poco a destiempo, quiero decir que lo han dicho muchísimos antes:
«Yo vy allá en Roma, do es la santidat,Pero es verdad que debe ser denunciado una y otra vez, y siempre de nuevo; en definitiva Jesús no prometió una Iglesia impecable, sino una Iglesia que se vigilara como para no pecar: «No sea así entre vosotros...»
que todos al dinero fazianl' omilidat,
grand onrra le fazían con grand solenidat:
todos a él se omillan como a la magestat.» (Libro de Buen Amor)
Más que con el dinero (que también) la cuestión tiene que ver con el poder: las relaciones entre los hombres expresan poder en circulación; en definitiva, el signo del Pecado es el poder: la tierra puede sobre el hombre, y en la pareja uno de los dos domina sobre el otro, y con el demonio se lucha cuerpo a cuerpo, a vencer o morir (Gn 3,14-19). Pecado y poder van de la mano. Las relaciones en el mundo son poder, porque el mundo está bajo el dominio del Pecado.
No se puede decir que no tengan buena intención las utopías de tipo anarquista, pacifista, ecologista, etc. que lo que hacen es plantear el no-poder como solución. El no-poder es la solución, el no-poder es el signo de la salvación... la cuestión es si podemos llegar al no-poder por nosotros mismos.
Jesús predicó un evangelio que es todo un programa del no-poder, y lo garantizó con su muerte en la cruz, pero al revés de las utopías, no empezó por diseñar el objetivo, sino por la cuestión de la efectividad: "esto se ha cumplido hoy", "hoy ha llegado la salvación a esta casa", "El que cree en el Hijo tiene [ya] vida eterna". En él está el no-poder y la posibilidad del no-poder.
Todo esto es catecismo básico, ya lo sé, pero me gusta recordármelo.
Efectividad: es posible el no-poder, puesto que lo realiza Cristo en el mundo, él mismo o entre los suyos y a través de ellos.
Programa: la presencia del no-poder (que es Cristo en la cruz) hace reales, en vez de utópicas, las acciones del no-poder.
Realidad: "no es el discípulo más que el Maestro" y si Cristo pasó por la cruz, la vida del cristiano tiene que pasar por la cruz, si no no se manifiesta la vida que de antemano está dada.
¿Cómo se llega, sin embargo, a hacerse uno con la efectividad del no-poder? No en el programa. Comenzando con el programa del no-poder se llega a la utopía, no a la realidad; es necesario comenzar más atrás: en la disposición total y completa a la acción de Cristo en el mundo: ser simplemente un canal a través del cual pase la gracia hacia el mundo; siquiera un canal, un tubo, abierto por los dos extremos: recibe gracia, mana gracia. En suma: la efectividad inicial para realizar adecuadamente la presencia del no-poder de Cristo entre el poder del mundo la alcanza el no-ser yo mismo.
Pero no cualquier no-ser yo mismo. No el no-ser del suicidio, por ejemplo (que más bien es lo contrario); no el no-ser del abandonarme a mí mismo entre los vaivenes del hado y la fortuna; el único no-ser adecuado a esta efectividad de Cristo en el mundo es el no-ser del amor: como el que ama no quiere nada de sí que no tenga su origen o su término en el amado, así en el creyente enamorado de Cristo se realiza, por la fuerza misma de ese amor, el no-ser suficiente para hacer presente la efectividad del no-poder de Cristo entre el poder del mundo. No se trata de ir a socorrer pobres "porque" le gusta a Cristo, como si el mandato de amor al prójimo fuera un mandato distinto del amar a Dios; se trata de estar tan vacío de sí que lo que ocurra sea que Cristo socorre, con los brazos y las piernas del creyente, a los débiles según el mundo.
Precisamente hoy san Agustín decía en la segunda lectura del Oficio de lecturas una frase que resume esto mismo que estoy tratando yo de balbucir: «Cristo toma forma en aquel que recibe la forma de Cristo, y recibe la forma de Cristo el que vive unido a él con un amor espiritual.» Dicho queda.
Pero volvamos a los dichos de Vidal: nos decía él que en la Iglesia hay mucho poder, es más, nos dice: «Primero uno es periodista y luego es creyente. Uno es antídoto del poder, y la Iglesia siempre es el poder.»
Es verdad que en el mundo los periodistas son un freno a los tres poderes del Estado: denunciando, sacando a la luz, investigando, rompen las cadenas del ocultamiento en el que trabajan silenciosamente los tres poderes; no en vano la profesión ha merecido el nombre de "cuarto poder". Pero precisamente la frase de Vidal suena un poco disparatada: si para denunciar el poder en la Iglesia (¡y hay que denunciarlo!) se debe actuar como periodista antes que como creyente, se trata de una denuncia mundana, de una denuncia que busca poder: no es la denuncia del no-poder, sino la denuncia de un poder frente a otro poder. Y en ese obtener poder frente aotro poder tiene ya su recompensa. Por muy justa y verdadera que sea la denuncia (algunas lo son, naturalmente, por la simple estadística de que la no-verdad absoluta no existe) no es una denuncia hecha desde el camino del no-poder, y por tanto no sirve en el camino del Reino de Cristo en este mundo.
Dicho de otra manera: si la denuncia del poder en la Iglesia que hace el creyente, del santo, triunfa, se manifiesta de una manera renovada la presencia de Cristo; si la denuncia del poder en la Iglesia que hace el periodista especializado en cuestiones religiosas triunfa, se suplanta un poder por otro poder, y es necesario, a su vez, denunciarlo.
Lo que plantea Vidal es enteramente mundano, de cabo a rabo, independientemente de que pueda él tener buena intención al plantearlo, e incluso que crea que sirve al Reino: muchos en la Iglesia actúan desde el poder, y en esa misma medida, son mundanos y no sirven al Reino. No sólo no sirven, claro, es que lo retrasan e incluso impiden.
sábado, 10 de enero de 2015
¿Yo soy Charlie?
Junto al estupor, el miedo, y la sensación de indefensión que más o menos todos estamos sintiendo estos días, circula con toda fuerza, especialmente desde blogs católicos, el debate por lo que significa este lema "yo soy Charlie". Un verdadero problema:
-"Yo no soy Charlie" significa rechazar cierto abuso de la libertad de expresión, significa mantener la dignidad de católico, o simplemente de creyente religioso (porque las blasfemias de las portadas de Charlie Hebdo excede al cristianismo), frente a un medio que, en nombre de la libertad de expresión, nos ofende de manera continua y "privilegiada" (menudo privilegio).
-"Yo soy Charlie" significa sentirse atacado, en la persona de estas víctimas, en el corazón mismo de las libertades occidentales, de nuestro modo de ser, de sentir y de vivir.
Claro que uno y otro tienen también su contracara: "yo soy Charlie", junto a la sensibilidad frente a nuestro estilo vital atacado, implica un poco admitir que todo eso tan caro a nuestra fe: ¡Dios mismo! (esta gente no se anda con vueltas en la blasfemia) vale menos que un "derecho" recientemente adquirido, la libertad casi absoluta de expresión, y que aun deberíamos debatir si es un "valor supremo". ¿Y acaso "yo no soy Charlie", aunque se haga en nombre de la indignación religiosa, no es un primer peldaño hacia la justificación del atentado?
Me apresuro a aclarar que no he leído en medios católicos ninguna justificación del atentado, pero sí críticas a la "libertad de expresión" como si el extremismo que lleva a estos atentados se hubiera podido evitar censurando a Charlie Hebdo. En suma, como si la "libertad de expresión" no tuviera que constituir un valor tan alto como lo es en nuestras legislaciones occidentales, tal como hasta hace poco era habitual culpar al largo de la falda por la violación.
Descartemos una primera cuestión: recién oía por la radio a un cura periodista afirmando que "a ningún católico se le ocurriría oponerse violentamente a las blasfemias de Charlie Hebdo". Aunque la yihda sea ahora únicamente patrimonio del islam, la yihda es un tema tan coránico como bíblico, y tuvo su aplicación en toda nuestra bimilenaria historia. Y no me refiero a hace 5 o 10 siglos; los católicos no estamos tan lejos de los tiempos en se quemaba algún teatro, se apedreaba algún cine, se golpeaba a algún artista, por películas o espectáculos como Jesucristo Superstar, La última tentación de Cristo o Jesús de Montreal. Y los cristianos (y representándonos, los obispos) no salían a condenar, sino que miraban para otro lado, a lo sumo los consideraban "unos muchachos locos, exaltados"... Es verdad que eran grupos muy minoritarios, no eran "todo el catolicismo", ni eran representativos salvo en un punto: había un continuum entre esos yihadistas y el sentir del católico integrado.
Gracias a las burlas, a las descalificaciones que nos han hecho, a la vergüenza por la que hemos pasado de saber que estábamos cerca de todo eso, hemos ido cambiando, y hoy a ningún católico se le ocurre defender la yihda cristiana: nos han hecho madurar a garrotazos.
Es algo que le debemos a nuestros contrarios, se lo debemos a medios revulsivos (y a menudo repulsivos) como Charlie Hebdo. Por supuesto, ellos no lo hacían por amor a nosotros, pero objetivamente nos han ayudado. Siquiera por ello, yo soy Charlie.
Además, es verdad que hasta hace poco se usaba la expresión "occidental y cristiano" en un sentido integrista, cercano a las formas del nacionalcatolicismo; pero esa frase dice algo literalmente cierto: todos los cristianos de Occidente somos "occidentales y cristianos"; y con esto quiero hacer notar no la obviedad de que como individuos nacimos en Occidente, sino que Occidente es en parte desarrollo nuestro, no sólo de los dorios, los aqueos, los germanos y las tribus del Lacio. Este Occidente de las libertades es también (no en todo, pero sí en mucha parte) herencia nuestra: porta nuestras bellezas y nuestras taras. La exaltación de la libertad como valor supremo es constitutiva de nuestra fe, aunque el mundo secular, al secularizar los ideales cristianos del Reino de Dios, nos haya sobrepujado en la búsqueda aquí y ahora de unas libertades que nosotros quizás sólo concebimos en la vida futura. Pero son ideales que nosotros también llevamos. Como cristianos podemos entender esa pasión por la libertad absoluta; y como occidentales podemos participar también de su búsqueda. En definitiva los occidentales somos caóticos, individualistas, libertarios, irrespetuosos, y eso es nuestro, también de los cristianos. Por eso también, y a pesar de todo, yo soy Charlie.
Pero también desde un punto de vista estrictamente cristiano merece una atención especial esta cuestión: al morir Saúl, David se alza con el poder total, primero en las tribus del sur, y siete años más tarde, en todo Israel, aunque no sin grandes resistencia. Ante la rebelión de su hijo Absalón, y antes de tener consolidado su reinado, David llegó a huir de Jerusalén junto con su corte. Yendo de camino... pero no, no lo cuento, porque mejor lo cuenta la propia Biblia:
Pero una vida en Cristo es una gracia, y si aun no se le ha dado esa gracia a Charlie Hebdo, a sus miembros, a la sociedad en la que toda esa blasfemia es una expresión de humor, ¿quién soy yo para decir "por qué haces esto"?
En cuanto al deseo de gracia, a la inmersión en la profundidad de la desesperación humana, que se refleja en la blasfemia y el pavoneo autosuficiente de Charlie Hebdo, en cuanto al prometeismo de Occidente, tan cercano al deseo de Dios, también yo soy Charlie.
Nota: no me gusta reproducir blasfemias, pero para quienes quieran ver portadas de Charlie Hebdo, el blog "Todo era bueno" ha reproducido unas cuantas de la serie anticristiana.
-"Yo no soy Charlie" significa rechazar cierto abuso de la libertad de expresión, significa mantener la dignidad de católico, o simplemente de creyente religioso (porque las blasfemias de las portadas de Charlie Hebdo excede al cristianismo), frente a un medio que, en nombre de la libertad de expresión, nos ofende de manera continua y "privilegiada" (menudo privilegio).
-"Yo soy Charlie" significa sentirse atacado, en la persona de estas víctimas, en el corazón mismo de las libertades occidentales, de nuestro modo de ser, de sentir y de vivir.
Claro que uno y otro tienen también su contracara: "yo soy Charlie", junto a la sensibilidad frente a nuestro estilo vital atacado, implica un poco admitir que todo eso tan caro a nuestra fe: ¡Dios mismo! (esta gente no se anda con vueltas en la blasfemia) vale menos que un "derecho" recientemente adquirido, la libertad casi absoluta de expresión, y que aun deberíamos debatir si es un "valor supremo". ¿Y acaso "yo no soy Charlie", aunque se haga en nombre de la indignación religiosa, no es un primer peldaño hacia la justificación del atentado?
Me apresuro a aclarar que no he leído en medios católicos ninguna justificación del atentado, pero sí críticas a la "libertad de expresión" como si el extremismo que lleva a estos atentados se hubiera podido evitar censurando a Charlie Hebdo. En suma, como si la "libertad de expresión" no tuviera que constituir un valor tan alto como lo es en nuestras legislaciones occidentales, tal como hasta hace poco era habitual culpar al largo de la falda por la violación.
Descartemos una primera cuestión: recién oía por la radio a un cura periodista afirmando que "a ningún católico se le ocurriría oponerse violentamente a las blasfemias de Charlie Hebdo". Aunque la yihda sea ahora únicamente patrimonio del islam, la yihda es un tema tan coránico como bíblico, y tuvo su aplicación en toda nuestra bimilenaria historia. Y no me refiero a hace 5 o 10 siglos; los católicos no estamos tan lejos de los tiempos en se quemaba algún teatro, se apedreaba algún cine, se golpeaba a algún artista, por películas o espectáculos como Jesucristo Superstar, La última tentación de Cristo o Jesús de Montreal. Y los cristianos (y representándonos, los obispos) no salían a condenar, sino que miraban para otro lado, a lo sumo los consideraban "unos muchachos locos, exaltados"... Es verdad que eran grupos muy minoritarios, no eran "todo el catolicismo", ni eran representativos salvo en un punto: había un continuum entre esos yihadistas y el sentir del católico integrado.
Gracias a las burlas, a las descalificaciones que nos han hecho, a la vergüenza por la que hemos pasado de saber que estábamos cerca de todo eso, hemos ido cambiando, y hoy a ningún católico se le ocurre defender la yihda cristiana: nos han hecho madurar a garrotazos.
Es algo que le debemos a nuestros contrarios, se lo debemos a medios revulsivos (y a menudo repulsivos) como Charlie Hebdo. Por supuesto, ellos no lo hacían por amor a nosotros, pero objetivamente nos han ayudado. Siquiera por ello, yo soy Charlie.
Además, es verdad que hasta hace poco se usaba la expresión "occidental y cristiano" en un sentido integrista, cercano a las formas del nacionalcatolicismo; pero esa frase dice algo literalmente cierto: todos los cristianos de Occidente somos "occidentales y cristianos"; y con esto quiero hacer notar no la obviedad de que como individuos nacimos en Occidente, sino que Occidente es en parte desarrollo nuestro, no sólo de los dorios, los aqueos, los germanos y las tribus del Lacio. Este Occidente de las libertades es también (no en todo, pero sí en mucha parte) herencia nuestra: porta nuestras bellezas y nuestras taras. La exaltación de la libertad como valor supremo es constitutiva de nuestra fe, aunque el mundo secular, al secularizar los ideales cristianos del Reino de Dios, nos haya sobrepujado en la búsqueda aquí y ahora de unas libertades que nosotros quizás sólo concebimos en la vida futura. Pero son ideales que nosotros también llevamos. Como cristianos podemos entender esa pasión por la libertad absoluta; y como occidentales podemos participar también de su búsqueda. En definitiva los occidentales somos caóticos, individualistas, libertarios, irrespetuosos, y eso es nuestro, también de los cristianos. Por eso también, y a pesar de todo, yo soy Charlie.
Pero también desde un punto de vista estrictamente cristiano merece una atención especial esta cuestión: al morir Saúl, David se alza con el poder total, primero en las tribus del sur, y siete años más tarde, en todo Israel, aunque no sin grandes resistencia. Ante la rebelión de su hijo Absalón, y antes de tener consolidado su reinado, David llegó a huir de Jerusalén junto con su corte. Yendo de camino... pero no, no lo cuento, porque mejor lo cuenta la propia Biblia:
«Cuando el rey David llegó a Bajurim salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba maldiciendo mientras avanzaba. Tiraba piedras a David y a todos los servidores del rey, mientras toda la gente y todos los servidores se colocaban a derecha e izquierda. Semeí decía maldiciendo: "Vete, vete, hombre sanguinario y malvado. Yahveh te devuelva toda la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino usurpaste. Así Yahveh ha entregado tu reino en manos de Absalón tu hijo. Has caído en tu propia maldad, porque eres un hombre sanguinario."Charlie Hebdo es también un instrumento de Dios para corrección nuestra, y si ocasionalmente no necesitamos la corrección, para cruz, que es lo que Cristo nos predijo. Yo desearía que nadie nos maldijera, desearía que supieran todos la maravilla que significa ser cristiano, la grandeza de nuestra fe, que ninguna de nuestras maldades empaña, sino que por el contrario, cuando no pecamos glorificamos a Cristo al reflejarlo, y cuando pecamos lo glorificamos, al obligarlo a su misericordia. Una vida sin la cercanía de Cristo la considero, para mí, irrespirable, y quisiera que todos tuvieran esa experiencia.
Abisay, hijo de Sarvia, dijo al rey: "¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Voy ahora mismo y le corto la cabeza."
Respondió el rey: "¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Deja que maldiga, pues si Yahveh le ha dicho: "Maldice a David" ¿quién le puede decir: "Por qué haces esto?"
Y añadió David a Abisay y a todos sus siervos: "Mirad, mi hijo, salido de mis entrañas, busca mi muerte, pues ¿cuánto más ahora un benjaminita? Dejadle que maldiga, pues se lo ha mandado Yahveh. Acaso Yahveh mire mi aflicción y me devuelva Yahveh bien por las maldiciones de este día."
Y David y sus hombres prosiguieron su camino, mientras Semeí marchaba por el flanco de la montaña, paralelo a él; iba maldiciendo, tirando piedras y arrojando polvo.» (1Samuel 16,5-13)
Pero una vida en Cristo es una gracia, y si aun no se le ha dado esa gracia a Charlie Hebdo, a sus miembros, a la sociedad en la que toda esa blasfemia es una expresión de humor, ¿quién soy yo para decir "por qué haces esto"?
En cuanto al deseo de gracia, a la inmersión en la profundidad de la desesperación humana, que se refleja en la blasfemia y el pavoneo autosuficiente de Charlie Hebdo, en cuanto al prometeismo de Occidente, tan cercano al deseo de Dios, también yo soy Charlie.
Nota: no me gusta reproducir blasfemias, pero para quienes quieran ver portadas de Charlie Hebdo, el blog "Todo era bueno" ha reproducido unas cuantas de la serie anticristiana.
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