El obispo de Valencia lanzó por segundo año una misión por toda la diócesis, como parte de la «nueva evangelización». Se trata de tres días en los que viene un sacerdote de otra parroquia a predicar sendas charlas de una hora, aproximadamente, con un tema pautado cada día. El sentido de esas charlas viene resumido en una oración impresa para cada prédica en un folleto que se reparte al comenzar. Este año eran tres frases referidas a la Virgen: «Hágase en mí según tu palabra», «Haced lo que él os mande» y «Aquí tienes a tu Madre». Digamos que los tres títulos dan prácticamente hechas las tres prédicas. Hay una cuarta que la da el propio obispo, pero van las parroquias hacia un sitio de encuentro. En el caso de mi parroquia será esta noche.
La iglesia estaba llena, y el primer día, por completo, al punto de que no alcanzaron los folletos enviados por la diócesis. Desde el punto de vista numérico fue un éxito, había la misma cantidad de gente que en una misa bien concurrida.
La contracara de esto es que se podía tomar lista, es decir: todos los que estábamos conocíamos al de al lado. Toda gente de la parroquia. La sensación es como cuando los de la iglesia evangélica «Tal» llenan un estadio: lleno total, pero están todos los que son. También aquí, la misión parroquial consistió en reunir a todos los convencidos, y predicarles para convencerlos.
Eso es tomar la palabra «misión» en un sentido no inmediato. Este año no me sorprendió, pero -ingenuo de mí- el año pasado pensé que habíamos vuelto a los tiempos de san Vicente Ferrer, y vendría un cura a pararse en la Plaça del poble de mi pueblo, haría algunos milagros, y con su encendido verbo conseguiría hacer volver a muchos al redil. Pero esta nueva evangelización va a lo seguro, dentro del redil no hace falta milagros...
De todos modos, puesto que todos necesitamos convertirnos siempre, no está mal que vengan a convertir al hermano mayor. El problema fundamental es cuando el planteo de la predicación se dirige al hermano menor, y habla de los problemas del hermano menor, y uno se queda ahí escuchando de la importancia de ir a misa los domingos, cuando va todos los días, domingos incluidos.
No puedo decir nada malo del sacerdote que vino a predicarnos: tenía sus charlas preparadísimas, era afable, no dijo tonterías, y dentro de lo que cabe, y sin que consiguiera interesarme en el fondo, no aburría. Pero es el fondo el problema, el hecho de hacer una misión en el coto cerrado de una parroquia. Una señora de la parroquia me lo resumió a la salida de la primera noche en tres palabras (+ una interjección): «bah! siempre lo mismo».
¿Pero podría salir bien una «misión» así? Pienso que sí, si se parte de antemano que es una misión «ad intra», y no «ad gentes», y se incide en los problemas específicos del hermano mayor. ¿Cuáles son esos problemas? Varios, y todos necesitados de conversión: culto rutinario, acostumbramiento, sensación de superioridad respecto del mundo, confundir el saber bien el libreto con tener experiencia de Dios, hiperactivismo parroquial, exhibicionismo religioso... ¡si hay para convertir!
Solamente el tema de «sensación de superioridad respecto del mundo» sería un tono de fondo muy necesario para una misión así. En las charlas que se dieron nos hablaban de la escena de la anunciación cargando las tintas en el ejemplo de María, de lo dispuesta que está a hacer la voluntad del Señor; se supone que eso debía despertar en nosotros el deseo de hacer la voluntad del Señor. Pero ocurre que -aunque el infierno pueda estar empedrado de buenas intenciones- el que va a una parroquia y participa en su vida, ya tiene la intención de cumplir la voluntad del Señor, y cree estar en camino de ello, así que el ejemplo de María sólo nos confirma en lo guapos que somos.
Si lo que se quiere es «misionar», «convertir», provocar un giro en la conciencia religiosa del oyente, quizás lo que hay que cargar es en que María es una muchacha religiosa, creyente, practicante, al igual que todos los «hermanos mayores» que escuchamos la misión. María no se pone en camino de la voluntad del Señor cuando viene el ángel: más bien el ángel la descoloca, la obliga a dar al traste con lo que ella cree que es la voluntad de Dios, y le asigna una nueva tarea inesperada, y en cierta medida humillante (aunque el fondo sea glorioso). Y tras el ángel, el propio Jesús la obliga a replantearse su maternidad: «El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»; es decir que, cuando María ya se podía haber acomodado a admitir rutinariamente la novedad traída por el ángel, en medio del camino de su vida, Jesús la obliga a resignificar la palabra «madre» para poder seguir siendo su Madre.
Esa tarea de admitir la desestabilización que viene de Dios, la resignificación de todo lo que nos rodea y nos permite sentirnos seguros (pero a la vez nos expone a la superioridad y la vanidad) debería ser, creo yo, el contenido mismo de la vida de María visto desde el hermano mayor. No hay en ello lugar para regodearse en la mieles pasajeras de la retórica, hay mucha tarea por hacer, hay mucho que entender del mundo en el que vivimos, hay mucho que valorar, que aprender, que recibir como señales de Dios en él.
Dios no ha dejado de hablar con su mundo, somos nosotros, los «hermanos mayores» los que hemos dejado hace dos siglos de hablar con él, y ya no entendemos su lenguaje. Necesitamos el mazazo que nos despierte, no la caricia que nos complazca. No una palabra que nos cuente lo mal que está todo, tampoco una que pretenda endulzarlo, sino una mirada religiosa que ayude a comprenderlo. Cuando eso ocurra, quizás la palabra «misión», y la expresión «nueva evangelización» sean pertinentes.
Murió papá.
No era un tipo triste ni apesadumbrado en absoluto, al contrario, "El Doctor Della Costa" era divertidísimo, ya bailara en una fiesta con ese paso ridículo que tenía (idéntico para todas las canciones), o se sentara a comer, siempre tenía algo para contar, decir, alegrar. Había viajado tanto y visto tanto mundo, que era difícil que se quedara sin tema de conversación: la sobremesa con él era a la vez la preparación de la siguiente mesa.
Sin embargo el pensamiento de la muerte y del sentido de la vida, y sobre todo el sentido de la creación humana, de la obra humana, estaba presente en cada momento de su vida. Lo decía en poesías y obras musicales, en los poetas que elegía para traducir, en lo que leía, en lo que gustaba.
No sé si es posible articular un pensamiento que diera cuenta acabada, que fuera un "perfil espiritual" más o menos completo, y temo muchísimo quedarme con sólo alguna idea suelta. Pero por ejemplo, confiaba en el valor revelatorio de ciertos sueños; entiéndase, no en que los sueños trajeran mensajes del "más allá", ni mucho menos que nos pudieran hacer ganar la lotería, pero sí que los sueños no son carentes de sentido, ni se limitan a ser reflejo de nuestra vida psíquica, en el sentido freudiano; pertenecerían más bien a la dimensión de profundidad de la vida, quizás la dimensión que une lo divino y lo humano, y de donde proviene la creación artística.
Aunque en muchos se menciona esto, tres poemas hablan de ello o tienen relación con ello en especial. Uno es sobre la muerte de García Lorca, y lo avala una anécdota curiosa: habían quedado con mi tío Horacio en hacer uno de esos experimentos psíquicos que le gustan a mi tío; él iba a leer cada noche una página de una revista escogida al azar, durante tres noches, y a esa misma hora mi papá debía sentarse en su casa a escribir lo que le saliera, en escritura lo más automática posible.
Papá no tenía problema en prestarse a esos experimentos, pero lo usual era que luego se olvidara... y así pasó, naturalmente: escribió el primer día, el segundo, pero al tercero lo olvidó por completo. No obstante en el entresueño de esa noche se le ocurrió un poema sobre la muerte de García Lorca, y se levantó y lo escribió. Casi huelga agregar que lo que mi tío había leído en su revista a la hora señalada tenía que ver con la muerte del poeta. Sobre ese poema papá escribió muchos años más tarde una canción de la que lamentablemente no tengo registro grabado.
El primero que yo recuerdo que trató explícitamente sobre un sueño fue el poema "Ruinas". La anécdota y el poema sobre Lorca son muy anteriores, pero este es el primero con el que yo me anoticié de su especial relación con los sueños. Recuerdo con total claridad cuando me lo leyó por primera vez, debía ser hacia el '82:
Hoy desperté con un recuerdo de columnas descascaradas, todo el viento del Este arrollado en sus fustes rectilíneos, todo el vacío y el aire brotando juntos por el muñón abierto de sus capiteles rotos. Han vuelto, sí, han vuelto en su simpleza dórica llenas de la vacuidad del olvido. Sin nada que sostener, sino un cielo sin nubes; sin nada sobre qué asentarse, sino el limo de la playa. Erguidas, sin embargo, en ofrenda a aquellos dioses que ya se retiraron de todos los mármoles.
Sobre este también escribió una canción. Era una de sus predilectas. Quien la desee escuchar puede hacerlo de esta versión, grabada en el auditorio de Radio Nacional en 1995, con Silvia Sadoly, canto, Esteban E. Collado, piano, y D. Suárez, flauta. El sonido es directo, y de muy mala calidad, lo siento; a pesar de las veces que se ejecutó esta obra, no quedan registros buenos, o al menos aun no tengo yo ninguno bueno:
El tercer poema al que hacía referencia es quizás el que mejor expresa, no sólo su relación con el sueño, sino también su sentimiento general de la vida: «En la espera». A pesar de ser un hombre que daba fruto a cada paso y a cada minuto, creo que íntimamente lo perseguía la pregunta de si significaba algo todo eso que -en una actividad incansable de abogado, jurista, docente, músico, poeta y traductor- desplegaba. Cualquiera de esas seis vidas le hubiera granjeado el pedestal a cualquier otro, pero él las hacía todas a la vez, con el temor y temblor de la ausencia de sentido.
Soy el sin frutos, el que en años lentos apenas carga el peso de sus hojas marchitas; de las cosas no espero ya nada nuevo ni respuesta a ninguno de mis enigmas; salvo de vez en cuando, en algún sueño. Como el árbol añoso, encuentro mi consuelo con mostrar sólo un fruto redondo y amarillo; y para madurarlo demoro tanto tiempo y extiendo mis raíces hasta tan lejos, pero él sigue pequeño, igual que en el principio. Sin embargo, sé que al fin ha de caer a la tierra y entregarle su germen algún día; por eso lo preparo para irradiar su fuerza, cuando la yema, libre de pesadas cortezas, surja del hondo sueño a nueva vida.
El último verso es recatadamente religioso, como lo era él con todo su ser, sin ningún aspaviento; simplemente la esperanza y el sentimiento de Dios formaban parte de su vida. La versión cantada fue registrada también en 1995, en el Auditorio Recoleta, con Augusto Morales en canto y María E. Barral en piano. La obra debe ser de ese año o poco antes.
Para terminar esta pequeña evocación, creo que ninguna de sus obras resume tanto su vida y su arte como la «Gran Zapada en Do Mayor», obra que él amaba de manera especial, creo que la consideraba de las más inspiradas suyas, aunque hay muchas que podrían aspirar a ese título: une el atonalismo que había aprendido de su maestro Ficher, con el efecto tonal que le daban las alusiones tangueras, y sobre todo realiza su forma de concebir el diálogo entre los instrumentos, completamente mozartiana. Tiene para mí un valor añadido y que es que me acuerdo del estreno (precisamente la versión que presento, de 1979, la obra es del '78), y de que fue la primera vez que entendía algo de lo que escribía papá, es decir, que "me gustaba", que entraba en su lenguaje. La obra se ejecutó muchas veces, pero era esta la versión que le gustaba a él, con Daniel Binelli en bandoneón, Sergio Polizzi en violín y Diego Sánchez en violoncello, en el auditorio de SADAIC:
Este es el copete que escribió para presentar la obra en un pequeño disco casero que habíamos hecho con algunas de sus obras: «Es una especie de “broma musical” sobre los efectos más característicos del lenguaje instrumental del tango moderno, que va presentando sucesivos momentos solísticos y dialogados, fraseos, cambios rítmicos y otros recursos propios de la “orquesta típica” porteña. Si bien la obra es más bien “atonal”, su inicio en una frase rotunda de Do Mayor-La Bemol Mayor- Do Mayor da la base “tonal” de la pieza. El título de “zapada” corresponde a una palabra de uso común ya desde los antiguos músicos de tango que indica una ejecución fatigosa y prolongada, por alusión al trabajo intenso de “zapar” la tierra.»
Gracias por todo, papá, por lo que hacías para dar fruto, y por lo que hacías sin pensar en ello, pero que daba fruto igualmente; esos que no te propusiste, pero plantaste en cada uno de nosotros, y siguen produciendo al ciento por uno, aunque ahora te hayas ido, «libre de pesadas cortezas».
* * *
Dr. Héctor Della Costa, abogado, músico, poeta, traductor de Virgilio y Dante, académico del tango, romanista, docente, padre, abuelo, buena persona, justo, alegre, buen amigo, sabio, mozartiano, tanguero. Ninguna palabra lo abarca del todo.
[Con ocasión del 258 cumpleaños de Mozart (27 de enero de 1756), rescato este post, publicado por primera vez en 2009, que me había quedado entre los que pasé a borrador. El link de descarga por Mega está vigente.]
Con ocasión del 130 aniversario de la muerte de Mozart, es decir, en 1921, se estrenó en la Semana Mozart de Salzburgo una producción fílmica especial: «Vida, amores y sufrimientos de Mozart» («Mozarts Leben, Lieden, Leiden»). La productora era la empresa cinematográfica vienesa Helios, cuyo joven director, Otto Kreisler (n.1894 - m.?), fue también el director de esta película.
Hay en internet muy pocos datos de este artista: en la IMDB, por ejemplo, figuran apenas cuatro títulos, entre 1920 y 1922, para reaparecer, luego de un larguísimo silencio, como productor de un film en Reino Unido, en 1953. No es difícil entender cómo se pudo perder la memoria de su nombre, teniendo en cuenta que era judío, y según parece vinculado al movimiento sionista nacido hacía apenas unas décadas, así que con la llegada del nazismo le llegó también, lamentablemente, el ocaso a su trabajo. En el repertorio on-line del Filmarchiv de Austria, institución que se encargó en 2006 de la restauración actual de esta película, hay un precioso documento introductorio, de donde tomo muchos de los datos que traigo aquí; por lo pronto, una aproximada filmografía, más completa que la de la IMDB, de Otto Kreisler:
«Mephisto, Mascarada de carnaval», comedia, 1919
«El espectro», sobre la obra de Ibsen, 1918
«La judía de Toledo», sobre la obra literaria homónima, 1919
«Theodor Herzl, estandarte del pueblo judío», documental sobre el fundador del sionismo, 1921
«Vida, amores y sufrimientos de Mozart», 1921
«Ludwig II», 1922
«Un vals de Strauss», 1925 (dirección de casting)
La película sobre Strauss es la última en la que aparece Helios como compañía productora cinematográfica y el nombre de O. Kreissler como director, hasta reaparecer ambos luego de la guerra: el director como productor en Reino Unido, y la empresa en Austria, de 1950 hasta su cierre en 1960.
Lo cierto es que si no hubiera estado de por medio el nazismo, hoy nos sería mucho más familiar esta película sobre Mozart, celebrada en su momento como un acontecimiento artístico de primera magnitud, ya que se había trabajado en escenarios naturales, incluyendo en eso la primera filmación en el Palacio real de Viena. No sólo eso, también el vestuario denota una producción de primer orden, y no puede decirse menos de los actores, incluyendo las dos figuras infantiles.
Gracias a que «Mozarts...» fue una película apreciada en su momento, tenemos el gusto de poder verla aun hoy, ya que de las copias austríacas no quedó nada, pero sí de una de las copias vendidas en Italia, y redescubierta en Roma por el coleccionista y estudioso José Pantieri, en 1981. Se habían hecho copias para su alquiler no sólo en Italia, sino también en Hungría y Holanda. Si bien esas copias no se conservaron, muestran el amplio aliento con que se hizo este film, muy costoso en su producción, y de muchísimo detalle.
Lo que poseemos en la actualidad no es la película completa, sino una restauración de lo que se encontró, que llega a dar 40 minutos de película, con algo de laguna argumental. Se podrán ver dos o tres momentos en que se ha recurrido a fotogramas fijos, que en su original eran parte de escenas que se han perdido.
Según parece, en la producción inicial, un año antes (1920), el cameraman cometió un grave error al permitir que en los encuadres vieneses se viera el cartel del Hotel Bristol; eso motivó que este empleado fuera reemplazado por el que realizó las tomas que tenemos, Stefan Lorenz, también cameraman de la Helios (y prisionero nazi en la década del '30), fallecido en 1997 sin haber visto la restauración de la película de la que estaba convencido que no había quedado nada.
Según el Filmarchiv de Austria, el ojo aguzado puede aun hoy ver la sombra del tranvía en algunos fotogramas, sin embargo, aunque lo he intentado, no llega mi ojo a semejante detalle... En cambio, las tomas con el cartel del Hotel Bristol ya se habían eliminado en su época.
La restauración se hizo por procesos digitales, y se le añadió música de Mozart tomada de discos 78, para que la ambientación fuera más exacta. En la mayoría de los casos la música escogida es la históricamente adecuada: lo es, obviamente, en las alusiones operísticas, donde suena el fragmento que corresponde a lo que se ve, y lo es también en la entrada del Arzobispo Graf Colloredo, en la que suena la serenata que efectivamente Mozart compuso para la ocasión, y que es la que le entrega al Arzobispo en nombre de la Capilla.
Desde luego que para nuestro gusto actual, la presentación de la familia Mozart es enteramente ingenua, sin embargo quisiera hacer notar la expresividad de los actores, que se las ingenian para transmitir ideas y sentimientos con mucha exactitud, a pesar de la falta de palabras y los muy escasos intertítulos. Un momento que me parece de lo mejor es cuando Mozart se encuentra con Lessing y éste le pide lo ayude a crear un movimiento operístico específicamente alemán; la expresión de Mozart al reconocer a un personaje al que llevaba tiempo con deseos de serle presentado, no podía estar mejor actuada.
Si bien Constanza Weber aparece aniñada y un poco deslucida, esto era lo más habitual en las biografías mozartianas de la época, que se ceñían a la interpretación de Leopoldo acerca de su nuera; hoy todo eso es más discutible, pero al menos no cae esta película en el despropósito de presentar a Constanza no como una mujer aniñada sino verdaderamenete como una subnormal, como lo hace -con muy mal gusto y escaso conocimiento- la más moderna "Amadeus" (aunque en descargo de Peter Schaffer debe decirse que fue Milos Forman -¡cuando no!- el que extremó ese aspecto del guión original, ya que en la obra de teatro no era así).
Otro aspecto a resaltar es la certera caracterización, en pocas pinceladas cada uno, del arzobispo "bueno" y del "malo", y la actuación de los dos niños que hacen de los hermanitos Mozart.
Sobre el archivo:
Yo lo bajé vía Emule, de http://www.mundosilente.com.ar/, estupendo sitio sobre el cine mudo; traduje, con mi rudimentario alemán, los intertítulos (si alguien quiere proponer una más perfecta traducción, tanto mejor) y los sincronicé; y volví a subir la peli para que pueda ser descargada en descarga directa, como todas las que subo al blog.
Doy aquí, entonces, tres direcciones:
-para descargarse la película por Mega: (4 archivos de 100 Mb y 1 de 20 Mb, incluye los subs)
-Como alternativa, los que prefieran Emule o si me denuncian el link de Megaupload (aunque aclaro que a mí me tardó meses en bajar, por indisponibilidad de fuentes): ed2k://fileMozarts%20leben-O.Kreisler%201921.avi420557442284B7C763B1BB001F83C0C516F76E7D9h=FW5ZMAATQMCHMSDAKPNNOKQOPMGOHAKH/
-una linda presentación de la película (que recoge los datos del mismo documento que yo): www.3sat.de
Hay editados en la actualidad algunos de los títulos, para quien le interese la compra. En el sitio del Filmarchiv (http://www.filmarchiv.at/) tienen carro de compras, incluyendo la venta de la de Mozart que estoy reseñando, junto con otros títulos muy interesantes, y a precios acomodados. En http://www.ihffilm.com/22943.html se consigue la de Th. Herzl también a precio razonable.
«Este dato fue revelado en una investigación realizada por la Universidad de Carolina del Norte. ¿Se puede tener un hijo sin tener sexo? La verdad detrás del misterio de las vírgenes madres.»
Así dicen, literalmente, el título y el copete de la noticia publicada por Clarín en su blog «Entre mujeres». Con semejante título y promesa de desvelamiento de una verdad con tantas ramificaciones, ¿quién no lo leería? Pues, a leerlo. Copio:
Una de cada doscientas jóvenes estadounidenses declara haber quedado embarazada a pesar de ser aún virgen, según un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ).La investigación fue realizada por la Universidad de Carolina del Norte y, sobre un total de 7.870 mujeres que participaron en un estudio a nivel nacional de larga duración (1995-2009) y confidencial, 45 de ellas (el 0,5%,) asegura haber concebido sin el menor contacto sexual ni penetración vaginal.Además, ninguna señaló haber recurrido a algún tipo de asistencia médica para la procreación, esto es, inseminación artificial o fecundación “in vitro”.Casi un tercio de estás mujeres que afirman haber quedado embarazadas antes de su estreno sexual hicieron voto de castidad antes del matrimonio (31%), algo muy común entre los cristianos conservadores.Los resultados se apoyan en las respuestas a una serie de preguntas sobre el historial de sus embarazos y los comienzos de sus relaciones sexuales, aunque no se les preguntó directamente a las participantes si eran vírgenes en el momento de quedar encintas.A pesar de todas las precauciones tomadas por los encuestadores, no se descarta una posible falta de comprensión de las preguntas en algunos casos, admiten los autores del estudio.Por otra parte, "hace algunas semanas intentamos verificar si este fenómeno se limita sólo a las mujeres", indicó Amy Herring, docente de la universidad y líder de este trabajo. "Encontramos también algunos padres 'vírgenes', algo que es aún más difícil de comprender", dijo con una sonrisa.“Estos resultados sacan a luz algunas cuestiones relativas a la educación sexual pero, sobre todo, hablan de la dificultad para obtener datos precisos sobre la vida sexual de los jóvenes”, concluyó la experta.
y si la experta lo dice... ahora bien, podrían ahorrarnos la sandez de título, que casi da vergüenza ajena.
Algún día (espero que no muy lejano), en la Iglesia se descubrirá, o se redescubrirá, el inmenso valor y la perentoria necesidad de una divulgación bíblica de calidad entre los fieles y hacia el mundo; se estudiará en las facultades teológicas la "Iniciación a la divulgación bíblica" como hoy se estudian asignaturas "pastorales", impensables hace 50 años.
La tarea no es nueva, la realizaron grandes espíritus religiosos a lo largo de la historia cristiana, en particular san Agustín, que explicaba al pueblo en sus sermones y en obras donde intentaba ser claro sin perder sutileza, los más profundos problemas que pueden encontrarse en la Biblia, usando de todos los métodos y marcos de referencia que su época le podía dar.
Muchas de esas respuestas fueron tan bien comprendidas y recibidas, que formaron al pueblo cristiano para un conocimiento de la Biblia por unos catorce siglos después. Incluso aunque se haya escamoteado la lectura bíblica, y se leyeran en la liturgia preconciliar mucho menos de los textos que exuberantemente presenta la liturgia actual, y en un idioma que no era ya comprendido, el pueblo conocía su Biblia, porque la divulgación había sido efectiva.
El conocimiento del mundo ha, sin embargo, cambiado mucho, la "imagen del mundo" que nos hacemos nosotros hoy es enteramente distinta de aquella que podía hacerse san Agustín, o que acompañó a los hombres por tantos siglos. Hay posiblemente más semejanza de mentalidad -y sobre todo en cuestiones religiosas- entre un hombre de hace tres siglos y uno de hace quince, que entre uno de hace tres siglos y nosotros.
A la vista de esto hay dos actitudes inútiles, y por lo tanto nocivas (en cuanto que lo que en la fe no construye, casi se puede asegurar que destruye): la de aquel que llora por los rincones la muerte de una conciencia del mundo a la que por tantos siglos estuvimos acostumbrados, y aguarda que de alguna manera, incluso por un milagro divino, se restaure esas condiciones, y la del que repite las respuestas bíblicas que valieron durante catorce siglos, porque si fueron verdad entonces, lo tienen que seguir siendo ahora.
Recórrase las páginas católicas en internet, y junto a una impronta de sincera devoción y de sincero amor a Dios, se llegará a la triste constatación de que la gran mayoría de sitios se divide entre aquellas dos actitudes. Tampoco ayuda mucho el mundo académico, donde ejemplos como el de Raymond Brown -uno de los mayores exégetas del siglo XX y a la vez un excelente divulgador- no se repiten seguido, ni el mundo de los maestros en la fe -en particular de los obispos- que, si es que han hecho algún curso de actualización bíblica, no lo demuestran en el magisterio público, donde no se los oye casi nunca explicar la Biblia en términos actuales.
No quisiera que esta nota suene a puro lamento. La divulgación bíblica es buena y es posible, sólo falta que se forme un tsunami de deseo de conocer la Biblia entre los creyentes de a pie, los únicos que pueden cambiar de raíz la modorra que padecemos sobre este tema en la Iglesia.
Algunos libros de divulgación buenos. No todos actuales, pero todos de primera calidad, y en todo caso útiles en distintos niveles de formación:
-101 Preguntas y respuestas sobre la Biblia, de Raymond Brown
-Para que tengáis vida, también de R. Brown, sobre el evangelio de Juan
-Las iglesias que los apóstoles nos dejaron, del mismo autor, sobre los distintos "modelos" de Iglesia que se detectan en el NT.
Todas estas obras (y más) se pueden encontrar linkeadas aquí
De introducción general a la problemática bíblica con una breve historia del estudio crítico, el magistral
-Visión nueva de la Biblia, de Grollenberg
Del mismo autor hay una geografía bíblica que puede ser de mucha utilidad, se pueden encontrar aquí
Una "historia bíblica" que es de lo mejor que he leído en cuanto a reflexión sobre el modo como narra la Biblia:
-La tradición biblica, de Georges Auzou
La navidad, como fiesta religiosa de gran arraigo en la cultura occidental -y expandida a través de algunos de sus símbolos secundarios, como Papa Nöel o los regalos- a todo el mundo, está llena de símbolos de valor propio.
Los símbolos siempre hablan de cómo una comunidad concreta, particular, se apropia de realidades inefables. Es necesario símbolos para la navidad, como lo es para el amor a la patria o al equipo de fútbol, sin pretender, desde luego, comparar la trascendencia de uno y otro amor, sólo el hecho de que son amores inefables.
Los símbolos son siempre algo particular y casi arbitrario, suelen tener valor diferenciador (yo tengo esta bandera, que equivale a que aquella otra no es mi bandera), y hablan al corazón de manera directa.
En España es común que las familias cristianas aclaren que son "más de reyes que de Papa Nöel", como si eso significara que son más cristianas, lejanas al "neopaganismo papanoélico", o "más de belén que de arbolito". Belén (pesebre o nacimiento), Papá Noël (Santa Klaus, San Nicolás, o simplemente Santa), el arbolito y los Reyes Magos providentes son símbolos navideños todos ellos. En estos tiempos de interacción rápida entre las culturas, es posible que muchos sientan algunos de esos símbolos -especialmente "Santa"- como una invasión en el propio espacio cristiano. Pero es un espejismo: el "espacio cristiano" no es la propia cultura, sino la propia fe cristiana, y esta no tiene unos simbolos privilegiados por sobre otros, también cristianos. En particular, es tan hermoso -y tan cristiano- el símbolo de Papa Nöel trayendo regalos a los niños en atención al nacimiento de Jesús como el mismo símbolo encarnado por los Reyes, o por el Arbolito.
El árbol providente, aunque aparece también en el Nuevo Testamento (Apocalipsis 22,2.14), es religiosamente un símbolo muy propio del Antiguo Testamento, que hunde su significación en el árbol de la vida de Gn 2-3, pero también es el hombre mismo, engrandecido por Dios (Ez 31). El nacimiento y sus pequeños signos conexos (buey y mula, establo, etc) es una representación devenida símbolo (es decir, que deja de ser una mera copia realista de la escena, para hablar directo al corazón), al igual que los "Reyes Magos", aunque en este último caso bastante alejados de como los representa el Nuevo Testamento. Papa Nöel es bien sabido que es una deformación del nombre de San Nicolás, el obispo de Mira en el siglo III, una de cuyas anécdotas habla de que su caridad le llevaba a hacer regalos a escondidas a los pobres.
Por supuesto, como ocurre con todos estos símbolos, ninguno deja de tner su correlato en la cultura pagana: los árboles son objetos de culto mágico desde los orígenes de la humanidad, ¡el mismo nacimiento fue ubicado por el cristianismo en esta fecha en "diálogo" con el culto pagano al Sol Invicto! El hecho de que los símbolos de navidad tengan un correlato pagano, no los hace paganos, así como el hecho de que mucha gente que no cree en Cristo celebre la navidad no desnaturaliza en absoluto nuestra fiesta cristiana, al contrario, yo diría que es la ocasión para agradecer a Dios que su plan providente de salvación se cumpla, incluso a pesar de la nula disposición de los shoppings a dar testimonio del Dios vivo y verdadero...
«Revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador, donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos.» (Col 3,10-11)
¿Donde se cumple mejor esta palabra sino en una fecha en al que el mundo entero se viste de Cristo, incluso aunque no lo sepa?
La exigencia cristiana, más que pretender la exclusividad de los símbolos, debería ser ocupar la avanzadilla del mundo en cuanto al versículo que sigue a este himno de Colosenses:
«Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro.» (Col 3,12-13)
Ese es, creo yo, el diferencial cristiano, más que si uno es de Santa o de Reyes, o de arbolito o belén.
El tema de por sí interesante del laicismo recibió un impulso inesperado con los aportes de Francisco, Jorge y Hernán. Todo el conjunto de la discusión puede seguirse en los comentarios de ellos tres, y alguno mío, al post Laicismo II. Imposible resumir todas las aristas de la cuestión tal como cada uno la va planteando -y que no ha terminado-, pero quisiera tomar como punto de partida aquí un mensaje de Hernán que resume en tres posiciones las posibilidades de la interacción entre las exigencias absolutas de Jesús (no devolver mal por mal, poner la otra mejilla, no juzgar, ¿y no caben aquí el adulterio con el sólo pensamiento, la indisolubilidad absoluta del matrimonio, el llamado a vender todo y dárselo a los pobres, etc?) y la relatividad de nuestra vida "en el mundo". Dice Hernán (quito un par de frases, la lectura completa en los comentarios mencionados):
Algunas explicaciones sencillas sobre tales exigencias serían:
1. (la, digamos, anarquista/fundamentalista): obligan, a la letra, a los cristianos, sin más, y que en tanto no las seguimos a la letra estamos faltando a la voluntad de Dios; el resto son excusas que inventa la mediocridad humana para "no ser perfectos como el Padre es perfecto" ; esta mediocridad será comprensible, pero esto no es seguir el mensaje de Cristo; y a los reparos de los que objetan "así la cilivización no podría subsistir", hay que responder: me ne frega la civilización, el cristianismo no tiene nada que ver con eso, a Cristo la promoción de la sociedad no le importa en lo más mínimo (es cosa "del César"), no sabemos si la civilización tolera la perfección cristiana, si no la tolera, peor para ella [...] En suma: Tolstoi tenía razón.
2. (la, digamos, dualista/conservadora) no deben tomarse al pie de la letra, pues su cumplimiento es incompatible con la civilización humana. Jesús (y la Iglesia) conocen las limitaciones del hombre, su naturaleza redimida-pero-caída, y quieren su bien social; las exigencias se refieren al Reino de Dios, que no es de este mundo; pero estamos en el mundo, y procurar su bien es también cumplir la voluntad de Cristo. No debemos pues aplicarnos esas exigencias, ni pretender endilgárselas a nuestro prójimo cristiano (ni siquiera al mismo Jesús: que no ofreció su otra mejilla cuando el guardia lo abofeteó, sino que intentó hacerlo entrar en justicia), ni tomarlas como una especie de programa social. ¿Y qué hacemos con ellas? Por un lado, son para los cristianos una especie de referencia ideal, de cómo deberían ser las cosas, y de cómo en alguna forma serán (pero definitivamente NO en este mundo); por otro lado, son en alguna medida exigencias, pero no para todos los cristianos sino para determinados "imitadores", los que eligen libremente un especial "estado de perfección", y cuyo seguimiento (heroico) resulta inspiración, denuncia y bendición para la cristiandad.
3. (la, digamos, dualista/progresista) sólo son posibles de cumplir en el marco del Reino de Dios, el cual no es de este mundo, pero al cual tendemos, en una especie de convergencia; vivimos en el mundo, y determinadas exigencias evangélicas son socialmente inviables; pero en ese caso los cristianos deben hacerse cargo del déficit, y asumir la otra exigencia: la de crecer y hacer la civilización humana mediante el fermento cristiano, de manera que aquellas exigencias evangélicas sean menos imposibles (en un tiempo los cristianos pensaban que la tortura y la pena de muerte eran males necesarios para la supervivencia de la civilización). Las exigencias, pues, actúan como puntos de atracción, para todos los cristianos. [...]
Por mi parte, no consigo entender las tres como opuestas. Ya sé que desde un punto de vista lógico lo son, pero creo que las tres están en el "logos" de la cuestión, en su núcleo de sentido, y por tanto las tres contienen verdad. Otra cosa es si las podemos combinar en cada vida, en todo momento.
Apuntaba Jorge que es necesario ver las exigencias absolutas en el plano de la Biblia en conjunto, no como frases aisladas. Eso es fundamental. Ahora bien, el plano de la Biblia en conjunto sufre una ruptura del Antiguo al Nuevo Testamento: en el Antiguo era posible cierta ambigüedad entre la trascendencia del reinado de Dios, y la aspiración a la efectiva teocracia en este mundo. Jesús, en cambio, parece haber sido muy claro en su exigencia de aceptar la trascendencia absoluta del Reino. Tan claro que aunque cada evangelista lo formuló con su peculiar lenguaje, todos de alguna manera llegaron a decir eso que Juan pone en una fórmula perfecta: "Mi reino no es de este mundo". Nótese que esto está ya en san Pablo (que escribió no menos de 10 (y aun 20 y 30) años antes que los cuatro evangelistas: "El Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rom 14,17), otra fórmula perfecta.
La trascendencia del Reino es tan cierta y tan nuclear al conjunto de la Biblia (incluso al Antiguo leído desde el Nuevo), que eso no debemos perderlo bajo ningún concepto, y justifica llamar verdaderos a los caminos 2 y 3 de Hernán, que tienen en esa trascendencia su punto de anclaje. Quien pretenda una instauración del Reino en este mundo, antes o al margen de la instauración trascendente por el propio Cristo (la "segunda venida"), está sencillamente carnalizando (y banalizando) el Reino.
Incluso una tendencia religiosa muy extendida, y que parece hasta apoyada por la literalidad del Apocalipsis (cap. 20) como es el "milenarismo" (la idea de una instauración mundana del Reino antes de la definitiva segunda venida), es explícitamente rechazada por la doctrina de la Iglesia, aun a despecho de que algunos Padres de la Iglesia parece que sí tuvieron ideas semejantes.
Sea como sea que entendamos la realización de la doctrina de Jesús en este mundo -como "preceptos", como "perfección", o de cualquier manera- no podemos tener confusiones al respecto: este mundo no es el Reino, ni lo va a ser nunca.
Dicho lo cual, pareciera que confinarlo al mundo de la lisa y llana "utopía" es rebajar la auténtica fuerza y el raigal significado de ese mensaje. Ricoeur (como ya dije, su teoría de la interacción entre fe y mundo en una productiva laicicidad es para mí la más atractiva de las que he leído) utiliza el término "utopía", pero no sin salvedades: "Si el término no fuera equívoco o ambiguo, yo diría que la comunidad confesante está cargada de utopía..."
La utopía obra en principio de manera ejemplar: nos muestra un ejemplo ideal a imitar que nos lleva a realizar un esfuerzo mayor que el que haríamos si el ejemplo no fuera extremo. No se distingue, en último término, de la eficacia de cualquier ideología, en tanto estamos imbuidos de ella. Dudo mucho que Jesús hubiera pretendido ese encuadre para sus enseñanzas, ¿realmente pretendía con la exigencia al joven rico plantear un ejemplo extremo para que todos nos esforcemos a "un poco más"?
Mejor solución parece la noción de la postura 3 de Hernán, de que la utopía cristiana obra "por atracción", sin embargo, no deja de ser una representación ideológica, dotada de cierta eficacia, pero sólo en el plano de las ideas.
Lo que a mi entender distingue la "utopía" cristiana de la utopía ideológica, es que el punto de referencia nuestro no es la idea, sino la persona de Jesús, su actuación, sus exigencias, y su cumplimiento: "tened los mismos sentimientos de Cristo", dice san Pablo a los Filipenses, y añade para aclarar el concepto: "el cual, siendo de condición divina, no retuvo para sí ávidamente esa condición, al contrario, se anonadó a sí mismo..." (Flp 2,5ss)
El problema de las palabras es que se van tan fácilmente a la ideología.... recuerdo una discusión de foro en la que un dialogante quería convencernos de que (a pesar de lo que dice el evangelio) san José jamás tuvo la menor intención de romper su compromiso matrimonial con la Virgen, porque como era "justo" (lo dice el mismo evangelio), es imposible siquiera que hubiera concebido una idea tan injusta... en suma: la palabra "justo" incluía para él toda la representación cristiana de la justicia. No importaba si estábamos hablando de un premosaico como Noé, de un judío como José, o de un cristiano como nosotros. Las palabras son objetos peligrosos de manipular, cada una debería traer dibujada una calavera.
Jesús enseñó, pero lo que seguimos los cristianos no son las enseñanzas de Jesús, sino la persona de Jesús, de tal modo que es su persona nuestra inspiración, y también nuestro límite. Lo que quiera decir "poner la otra mejilla" no debe juzgarse según las palabras nudas, sino según la actuación de Jesús.
No digo que no pueda alguien pretender como programa de vida la "doctrina" de "poner la otra mejilla", pero realmente ya no está siguiendo a Jesús, ya no está de discípulo sino de maestro. Pues bien, si consigue quién le siga, bienvenido sea para él, pero el creyente en Cristo es aquel que tiene -o que busca tener- "los mismos sentimientos que Cristo Jesús".
La respuesta 1 tiene razón en su radicalismo: el seguimiento de Jesús no admite negociaciones, pero esa respuesta falla en su objeto, no es la doctrina lo que no admite negociaciones, sino la persona de Jesús.
A mi entender una de las cosas que me llaman la atención de Jesús, que me convocan y me provocan, es que nunca rompió con su entorno, nunca se desarraigó, ni llevó a sus discípulos a desarraigarse: era un judío, y siguió siéndolo toda su vida, y murió como judío. No fundó nada nuevo (la Iglesia se fundó en él, a partir de lo cual podemos proyectar teológicamente que la fundó él, pero eso es una teologización), no desechó su cultura, los límites de su tierra, e incluso las tensiones que esos límites provocaban.
En la relación fe-mundo, quien no ame a este mundo nuestro, con todas sus contradicciones y caídas, ¿realmente está basándose en la fe de Jesús?