domingo, 11 de agosto de 2013

Lógica de locos


Decía en otro post que algunos sitios tradicionalistas me parecen estar bajo una lógica de locos. Es fácil de percibir, pero difícil de definir qué es esto de una "lógica de locos". Los locos tienen en algunas épocas buena prensa, en el romanticismo era sinónimo de profundidad, y Nietzsche pone en boca de un loco uno de los fragmentos cumbre de su Zarathustra: la revelación de la muerte de Dios. Muchos siglos antes de ellos, ya Platón respetaba la "manía" como un estado proclive a la revelación divina, e incluso en muchas culturas la locura estuvo asociada a la manifestación viva de los dioses.
Locura y religión son parientes próximos, los dos someten al lenguaje a una torción extrema, al límite, digamos, por lo que la religión puede parecer a muchos "cosa de locos" y es a su vez terreno para que crezcan a su amparo, como hongos, locos de muchas especies.
En realidad quien quiera decir que la religión es una forma de locura lo tiene casi servido: efectivamente funciona en muchos casos al margen de la lógica racional, en una paralógica. Freud la consideró una "psicosis colectiva"1, caracterización bastante equívoca, del momento en que la psicosis, en la concepción freudiana, sumerje al yo en un lenguaje propio y exclusivo, por lo que es, por principio, refractaria a la colectivización; pero Freud odiaba profundamente el fenómeno religioso, como para andarse con miramientos lógicos en este punto.
Lo cierto es que la religión parece proclive a muchos de los mecanismos que normalmente asociamos a la locura: conspiraciones, poderes ocultos, validación puramente lingüística de la realidad, rechazo de la experiencia como criterio último de verdad, y otros. Cada uno de estos puntos puede y debe ser aclarado.
¿Qué hace que la religión no sea una locura? o preguntado de manera más existencial: ¿qué veo en la religión que, a pesar de considerarme medianamente cuerdo, adhiero a ella?

-A mi entender, el espíritu religioso tiene preferencia por la conservación, por la tradición, por la estabilidad, por la inmutabilidad, y es normal que sea así: del momento en que su objeto no está disponible en la experiencia sensible, lo único que puede asegurar la identidad es la permanencia de un conjunto de símbolos, de signos codificados, de rituales repetidos minuciosa y eficazmente. Como en el conocido fragmento de Kafka: «Leopardos irrumpen en el templo y beben hasta vaciar las copas sacrificiales; la escena se repite una y otra vez; finalmente puede predecirse, y deviene una parte de la ceremonia.» 2
Esta preferencia, necesaria a la identidad, puede ser confundida con "mero inmovilismo", y ciertamente atrae como moscas a la miel a aquellos que lo que buscan es el inmovilismo como forma de asegurarse su propia identidad personal en el caótico mar de mutaciones y éxodos que es la existencia del ser humano "normal".

-La vivencia del entramado metafísico de un Bien que se realiza en una lucha siempre en riesgo de perderse, simbolizado en el "plan de Dios" y el "plan del Maligno", puede ser confundida con una "mera conspiración", e incluso atraer a todos aquellos que buscan explicaciones seguras y no falsables a la relatividad y el cruce de opiniones que nos atenaza: siempre se puede explicar cada opinión divergente por algún "lobby" que la sustenta y promueve, en vez de reconocer lo más simple: que no todos verán las cosas del mismo modo, sobre todo si parten de principios distintos, y que vivimos en un mundo donde nadie está obligado a ver nada que no quiera ver, ni a asentir a nada que no desee asentir, y que en definitiva, el único medio con el que cada hombre cuenta para transmitir "la verdad" (es decir, lo que él percibe como verdadero) a los demás es la persuasión....

-La validación puramente lingüística de la realidad en la religión es evidente: las realidades de las que habla no tienen entidad sensible, sólo se accede a ellas con palabras, así que sólo en la palabra pueden ser del todo verdaderas. A una religión le es tan esencial un «credo» como a un pintor el color, o a un músico el sonido. Hasta en una religión dogmáticamente simple como el Islam se requiere la profesión de una fe lingüística (la unicidad de Alá, su grandeza y trascendencia) para pertenecer a ella.
No hay terreno donde una "lógica de locos" se pueda sentir más a gusto que en donde se discuten credos: dan la impresión de ser objetos puramente lingüísticos, que no sólo no referencian a experiencias, sino que tienen dominio sobre ellas: las pueden realizar con sólo enunciarlas. Recuerdo un ejemplo que me quedó particularmente grabado: estaba cursando (veintitantos años) Mariología en la facultad, y el profesor (ahora obispo), hombre muy serio, piadoso, y riguroso con el estudio, explicó sin sonrojarse que muchos -entre los que estaba de acuerdo, naturalmente- se movían para conseguir del Vaticano que declarara la virginidad de san José... ¡cómo si una declaración dogmática -unas palabras- de algo que nunca se ha creído en la Iglesia, de lo que no hay ninguna tradición ni referencia a ninguna creencia habida a lo largo del tiempo, pudiera fabricar ante nuestros ojos esa realidad! Es cosa simplemente de formular la realidad tal como debe ser, y ya eso la realiza... !!! Los rabinos dedican un apartado del Talmud a las "oraciones inútiles", entre ellas pedir por que el hijo nazca de tal o cual sexo, cuando ya se está en el embarazo... sano criterio religioso darse cuenta que las palabras no crean la realidad, la nombran, la penetran, la revelan, pero no la crean.

Hay un paso débil entre la inefabilidad del objeto de la religión, y el considerar que lo que es imposible de nombrar acabadamente lo estará mejor cuanto más estrambótica y absurda sea su formulación. Termino de momento en esto, que seguirá y se complicará al infinito.


1 Así, por ejemplo, al pasar, en la última de las Nuevas Lecciones de Introducción al Psicoanálisis, pero también en muchos otros pasajes, en especial recuerdo esta idea en «El porvenir de una ilusión», aunque no si allí usaba para la religión las específicas palabras de «psicosis colectiva»
2 Esta preciosa intuición está en sus Diarios (10 de noviembre de 1917), y carece de contexto, así que puede usarse para cualquier cosa, para fundamentar, como para mofarse de la religión. De hecho, la he leído citada en las más dispares elaboraciones.

jueves, 8 de agosto de 2013

De sitios tradicionalistas

Yo no soy un tradicionalista (en sentido eclesiástico, me refiero); es más, creo que lo que de auténtico contiene el nombre "tradicionalista", ya está contenido en la palabra "católico", y lo demás termina ideologizando la tradición, y no me interesa, por muchas verdades parciales que pueda contener. Sin embargo, ese es un motivo personal para no adoptar un tradicionalismo, pero no me impide comprender que hay cierta "sensibilidad tradicionalista" y que se expresa desde lamentables formas cismáticas, como la de Mons Lefebvre, hasta los intentos de vivir esa sensibilidad en plena comunión con la Iglesia.

Reconozco que eso último es muy difícil, y que la vía fácil del cisma es atrayente para cualquiera que esté en esa posición.
Es difícil ante todo por razones internas a la propia sensibilidad tradicionalista: el tradicionalismo siente que posee un acceso inmediato a la voluntad de Dios, en tanto esa voluntad se expresó de manera clara en determinados documentos pontificios, por tanto, nuestra "sensibilidad discutidora", el hecho de que los demás no veamos como claro e inmediato algo que ellos ven como claro e inmediato, resulta no sólo errado, sino incluso blasfemo. Por otra parte, si hay algo que rehúye nuestra sensibilidad actual, "a la moderna", es que alguien se atribuya hablar desde lo absoluto, así que también por nuestra parte hay dificultades en integrar la sensibilidad tradicionalista. Por los dos lados es muy difícil.

Para embarrar aun más el panorama, los que se muestran en el amplio mundo del web como representantes del tradicionalismo, dejan tanto que desear a nivel de testimonio religioso en esas webs, son tan flagrantes las críticas despiadadas, sin ningún viso de comprensión por el hermano (supuestamente) descarriado, que más que tradicionalistas parecen simplemente enajenados mentales, aferrados a la pobre certeza que les dan unos documentos, por el hecho de que son viejos.

Este es un juicio de valor muy general, por tanto muy injusto seguramente hacia individualidades concretas, pero es un juicio que se basa en mi experiencia, habla de lo que yo me topo permanentemente cuando leo sitios tradicionalistas. En general ni siquiera trato de discuitir en sitios así, porque creo que con el loco no se discute, se reza por él, que es todo lo que podemos hacer.

Toda esta reflexión viene a cuento de que encontré ¡por fin! en la red, un sitio tradicionalista que creo que es de verdad tradicionalista -es decir, exponente de una "sensibilidad tradicionalista"-, de verdad católico -es decir, ni solapada ni abiertamente cismático-, y que habla desde lo que su autor percibe como la verdad interna del tradicionalismo, y no desde la falsedad de los demás.

El sitio está en italiano, pero no tiene ninguna clase de dificultad su lectura, es un italiano muy sencillo. Los dejo con un par de post recomendados:

Respuesta a un lector que le cuestionó la utilidad de sitios tradicionalistas

Los tradicionalistas bergoglianos  (interesantísimo, sobre todo porque el adjetivo "bergogliano" le debe haber dado urticaria a más de un tradicionalista)

Cuando estaba por pegar este post, veo que en el sitio que comento acaba de aparecer un nuevo post, comentando ciertos ecos que tuvo su post de ayer sobre los "tradicionalistas bergoglianos". Este nuevo post me reafirma de lo dicho más aarriba, y aprovecho para extraer un párrafo, que expresa mejor que yo lo pude hacer, la diferencia entre sitios tradicionalistas enfermizos y auténticos:

«Termino desaconsejando vivamente frecuentar esos sitios de internet que, a pesar de declararse fieles a la Tradición, en realidad son nocivos para las almas, porque las alejan del Evangelio. Entre otras cosas, son a tal punto pesimistas, rabiosos y melancólicos, que se arriesgan a meter en depresión a los lectores incautos :-) No se trata de ser "optimistas", se trata de tener esperanza y fe en Jesucristo, el cual ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán jamás contra la Iglesia.»

jueves, 1 de agosto de 2013

«Alzóse Satán contra Israel, e incitó a David a hacer el censo del pueblo» (1Cro 21,1)

En Enlace Católico, un sitio católico "conservador" (no es que me interesen esas categorías, pero es importante para entender esto de lo que habla su post y sobre él el mío) están exultantes por lo favorables de las estadísticas de la cuestión religiosa en el mundo, en el período 1970-2020 (nada menos).

Resulta que "el centro más autorizado de estadística religiosa del mundo, el Center for the Study of Global Christianity de South Hamilton (Massachussetts)" (cito literal, y no me hago cargo de la veracidad de la valoración) ha dicho, números en mano, que la religión está creciendo en el mundo, excepto en Europa (por eso a mí no me lo parece).

Lo primero que tengo que agregar es que mi mala suerte es terrorífica: yo no soy europeo, sólo trasplantado, pero basta que yo me trasplante para que todo lo bueno ocurra fuera de mi maceta: desde la bonanza económica hasta el crecimiento de la religiosidad, en fin, serán cosas del karma (ay, perdón).

Volviendo a las encuestas, estamos llegando ya casi al techo de religiosidad: estamos en un 88% de personas que se declaran religiosas, y de seguir así, en el 2020, estaremos en un 90%. Me alegro que hayan parado la encuesta en 2020, no sea que lleguemos al 100%, y no quede nadie para culpar de los males del mundo.

Bueno, aunque llegáramos al 100% de religiosidad, para evangelizar siempre quedará, porque de toda esa apabullante cantidad de gente religiosa en el mundo, sólo poco menos del 30% es cristiano, aunque en 2020 seremos ya el 33,3% (los números con coma siempre son más creíbles en las encuestas, no sé exactamente por que). De todos modos, no lo estamos haciendo tan bien como parece: en el mismo período también crece la cantidad de musulmanes.... mal, muy mal.

Hasta aquí numeritos, creíbles o no, relevantes o no. Lo más importante del artículo es la interpretación de los hechos. ¿Por qué crees tú, lector, que crece la gente religiosa (y decrece, por tanto, la no religiosa)?
Sí, lo has adivinado: porque la gente religiosa tiene más hijos, y cuanto más religiosa, menos anticoncepivos y abortos, más hijos, ergo, más población religiosa.

Por si no lo sabías: las familias religiosas nunca dan hijos no religiosos, esos vienen de otra planta. Naturalmente, eso nos debería llevar a la pregunta por el verdadero clima de alarma que siembran las páginas religiosas acerca del futuro del mundo, siendo tan prometedor el horizonte, pero no parece que eso desvele a nuestros amigos de Enlace:

"Estos datos ofrecen un cuadro distinto al bombardeo mediático sobre la secularización y el declive de la religión, que intercambia la Europa Occidental con el mundo. Nos dicen también que la religión, como otras realidades sociales, está estrechamente relacionada con la demografía. Las religiones avanzan y las formas más conservadoras de la religión superan a las progresistas, por una serie compleja de motivos entre los que aparece el dato según el cual una pareja religiosa y conservadora tiende a tener más hijos. Las grandes agencias y poderes que promueven la secularización conocen perfectamente estas estadísticas." (el destacado en negrita es del original)

Y ahora viene la conclusión, de la que aun estoy tratando de entender cómo se deriva de las premisas:

"Es la razón por la que, aparte de dar mucho bombo en la cultura popular a novelas como “Inferno” de Dan Brown, insisten tanto en las políticas anti-natalistas. Porque saben que, a pesar de todas sus consideraciones triunfalistas sobre la secularización obligatoriamente vencedora – es para ellos una bomba de relojería que ya ha comenzado a funcionar. De diez niños que nacen en el mundo, nueve nacen en familias declaradamente religiosas, y seis nacen en un contexto que o se es cristiano o musulmán. Mientras que “los progresistas” y los fans del laicismo tienen cada vez menos hijos."

Pero entonces los secularistas, además de estar del lado equivocado, son verdaderamente idiotas (puesto que "conocen perfectamente estas estadísticas"): cada anticonceptivo que venden, es una palada más de tierra sobre su propia cabeza, no merecen ser considerados ni siquiera "enemigos", ¿quién puede todavía lamentarse con semejante perspectiva? Si yo fuera secularista, me dejaría de tonterías como vender anticonceptivos, y pasaría a dedicarme a una actividad más placentera (aunque también agotadora), como es tener más hijos: se supone que si los hijos de las familias religiosas son religiosos, será que los de las familias secularizadas son secularizadas, salvo episódicos trasvases por "lavado de cerebro" (siempre lavado de los secularizados a los religiosos, obvio).

Este profundo nivel de razonamiento socio-teo-demográfico me dejó sin palabras, pero tengo una pregunta, que a lo mejor alguien lector más asiduo de Enlace Católico que yo me puede despejar: ¿qué tiene que ver Dan Brown en todo esto?

jueves, 25 de julio de 2013

¡Cuánto cuidado hay que tener al comunicar!

Estaba en un sitio de práctica de inglés y me llamó la atención un artículo en el que aparecía la foto del Papa. Es raro, porque en esos sitios se trata de que todo sea lo más neutro ideológica-política-religiosa-sexual-eteceteramente posible. La cuestión es que el artículo decía literalmente lo siguiente:
«El papa Francisco se unió recientemente a Twitter. Quiere que los católicos lo sigan en el sitio web. El Vaticano dice a la gente que quien lo haga será recompensada con una estancia más corta en el purgatorio antes de entrar al cielo.»

Una verdadera animalada, al punto que pensé que se trataba de un chiste, pero resulta que no, cuando voy a las fuentes de estas frases, se trata de un artículo escrito en serio (cierto que con una gran dosis de mala leche...), acerca de las indulgencias concedidas por la Penitenciaría Vaticana a los que participen en la JMJ, extensivas a aquellos que por causas razonables lo hagan a través de los medios electrónicos disponibles en la actualidad.

Las indulgencias son difíciles de entender; lo eran en el siglo XVI y lo son más todavía ahora. Pero convengamos en que ni en el siglo XVI ni ahora parece hacerse demasiado esfuerzo por predicarlas bien. Esto decía la nota del Osservatore Romano del 10 de julio:
«El Papa Francisco ha decidido conceder la indulgencia plenaria y parcial a quienes participarán en la XXVIII Jornada mundial de la juventud, que se celebrará del 22 al 28 de julio en Río de Janeiro, Brasil. La Penitenciaría apostólica ha publicado hoy, en latín y en italiano, el relativo decreto, firmado por el cardenal Monteiro de Castro, penitenciario mayor, y por el regente monseñor Nykiel. La indulgencia se puede lucrar con las condiciones acostumbradas -confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa- también por cuantos no podrán estar en la ciudad carioca, pero se unirán espiritualmente a las celebraciones de la JMJ a través de los medios de comunicación»

"indulgencias" y "lucrar", las dos palabras claves: quien no sepa lo que es una indulgencia plenaria o parcial, no necesita más que esas dos palabras para imaginarse cualquier cosa... y ocurrió: al día siguiente, los medios habían imaginado cualquier cosa, y lo que es peor, la habían publicado. Ahora bien, yo me pregunto, ¿no hay nadie en la Penitenciaría Apostólica, o en el bar de la esquina del Vaticano que se dé cuenta que lo que iba a ocurrir era eso?

Naturalmente, el día 17 de julio, ante las notas periodísticas que ya habían difundido viralmente que el Papa perdonaba via twitter (literalmente), News.va sacó un artículo donde por fin explicaba con claridad la cosa, y pedía dar al asunto la mayor difusión:
«Aclaramos que la indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia” (Catecismo de la Iglesia Católica). Es decir, CON LA INDULGENCIA NO SE PERDONAN LOS PECADOS: LOS PECADOS SE PERDONAN EN EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN. Pero aunque los pecados sean perdonados en este sacramento, queda aún la llamada “pena temporal”. Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida. La indulgencia es un perdón gratuito de estas penas temporales.»

Yo creo que ahora sí, por fin, aunque siete días después quedó todo claro... ¿o no?

Yo no sé si ante el riesgo cierto y probable de que se entienda todo mal es mejor descartar las indulgencias, o si hay que mejorar la comunicación pero mantener la predicación de indulgencias. No tengo una respuesta inequívoca; a veces me da la impresión de que nos obstinamos en ellas como un bastión de identidad, más que como un vehículo de gracia, quizás por ello nos importa tan poco que el mundo entienda realmente de qué estamos hablando: sentir que somos incomprendidos es una de las taras de nuestra identidad, en definitiva.

miércoles, 17 de julio de 2013

Una apologética mundana

Siguiendo en el círculo de cuestiones del "Espíritu del Tiempo", leía hoy una noticia en Religión en Libertad, que se titula «¿Qué beneficios deja la JMJ a un país? A España le dejó 354 millones de euros y frutos espirituales». Si el sitio se llamara «Economía en Libertad», el título sería estupendo, completamente pertinente, y además aportaría una auténtica suma de datos interesantes; pero para un blog que se llama «Religión en Libertad», el título no puede ser más desafortunado: ¡toda una cesión de lenguaje al Espíritu del Tiempo!, más lamentable cuanto más el sitio cree estar haciendo apología "de la buena".

A principio del siglo XX (y hélas! aun hoy en algunos webs) se usaba justificar la prohibición del cerdo entre los semitas por el riesgo de triquinosis, la circuncisión por motivos higiénicos, etc... ¡La peor "defensa" de la religión es quitar de ella la motivación religiosa!

Se da por descontado que cualquier evento donde se mueve masas de personas tiene impacto económico, y que ese impacto es positivo... ah, ¿que no se da por descontado? ¿que eso nos lo cuestionan? entonces cuando surge la cuestión, boli en mano, sacar las cuentas y demostrar que los números no están bien calculados.

Aprendamos de quienes mejor se llevan con los criterios de nuestra época: ¿vieron a alguien defender el "gay pride" con argumentos economicistas, porque "deja mucho dinero en turismo"? ¡y deja! Pero quienes defienden el "gay pride" saben perfectamente que el día que eso que deja en turismo se convierte en "argumento apologético", en ese mismo momento han rebajado el valor del evento.

Pero a los nuestros les parece una ingeniosa defensa de la JMJ llamar "beneficios de la JMJ" a los números... es verdad que al menos se acordaron que además deja "frutos espirituales", que quizás también se puedan cuantificar, por ejemplo: "se rezaron 342.000 rosarios, se realizaron 624.000 confesiones, se consumieron 8.000.000 de hostias consagradas...", y así terminamos de arruinar lo poco decente que quedaba en el título... ¡ah, no, si es que de hecho el artículo lo hace!: "un 81% declara que mejoró su relación personal con Dios" (no saben lo contento que está Dios, tiene el 13% más de sonrisa en la cara, y hay 324.000 ángeles más que festejaron desde la anterior JMJ, en la que sólo bailó el 32% de la jerarquía angélica).

El problema fundamental no es que esté mal sacar cuentas (para algunas cosas, realmente lo está, como para los "frutos espirituales"), sino que no cualquier lugar y momento es adecuado para esas cuentas, ni cualquier modo de presentarlo es bueno. Si vas al médico y cuando le preguntas "¿Está Ud. capacitado para operar a mi padre?" te responde "Dios quiera que sí...", te buscarás con rapidez otro médico, y no porque la respuesta no pueda ser religiosamente cierta: dice el salmo "Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles", en definitiva es siempre cierto que estamos en manos de Dios, y aunque alguien sea muy experto en algo, todo depende de la voluntad de Dios. Pero eso, que es cierto, dicho en un contexto inadecuado resulta chabacano y risible.

Creo yo que las cuentas, en este tipo de cosas, sólo se deben sacar "bajo demanda" y siempre en contexto de responder a alguien que cuestiona, de modo que el contexto mismo deje claro que los números no añaden ni quitan nada a la cuestión de fondo, es decir, la significación espiritual de la JMJ, en este caso.

martes, 16 de julio de 2013

¿Qué es la tolerancia?


La tolerancia es una palabra camaleón. Puede asumir una gama entera de colores. Puede sugerir laxitud, relajamiento, cinismo, indiferencia, diversión, cierto grado de desprecio, una variación aceptable de normas. El sentido en que la usamos aquí es el más primitivo: capacidad para llevar el peso de la flaqueza humana, para ajustarse a ella, para aceptarla sin rencor y con una intención reparadora. La tolerancia en este sentido es un aspecto de la caridad cristiana. Es una afirmación de la naturaleza familiar de la Asamblea, de todo el hogar humano. "Hijos míos, amaos los unos a los otros... ¡ayudaos los unos a los otros!"
Tolerancia significa no sólo una resistencia pasiva, sino una actividad, un conjunto de recursos mediante los cuales puede ser suavizada la carga de la existencia. El buen samaritano es el prototipo nazareno del que ayuda activamente a su próximo.
Así, cuando hablamos de tolerancia de la Iglesia primitiva, no nos referimos a prácticas laxas de compromisos dudosos, sino a las medidas activas que la Asamblea de otros tiempos tomaba para ayudar a sus miembros a sobrevivir las tragedias de la vida y permanecer siempre centrados en Cristo y dirigidos hacia él.
La tolerancia de la Iglesia primitiva reconoce simultáneamente la perfección del ideal cristiano y la imperfección de los que luchan por alcanzarlo. Requiere el arrepentimiento y la reforma, pero provee los medios para ambos. Reconoce la Gracia divina por lo que es, no algo vago discutido por teólogos y casuistas, sino un don eficaz de los medios para la salvación, en, a través de y por la asamblea cristiana, la cual instituyó Cristo para perpetuar su propia misión salvadora. Cuando se deroga o niega esta tolerancia, se niega también una porción de la Gracia Salvadora. Y en el mundo confuso y desconcertante de la actualidad, donde el impacto de cualquier acontecimiento es sentido por todo organismo humano, no podemos soportar tal privación.
Palabras de Morris West (sí, el novelista) en uno de sus pocos libros de no ficción, «Escándalo en la asamblea», un interesante alegato en favor de solucionar tolerantemente la cuestión de las rupturas matrimoniales en la Iglesia.
Como concepto de tolerancia no esta nada mal, verdad?

lunes, 15 de julio de 2013

«Contra el Espíritu del tiempo no se lucha»

Pues sí, así de largo, eso pasa por hacerme cuestionamientos difíciles:
Escribí en Espíritu del tiempo que «contra el Espíritu del tiempo no se lucha, se transforma desde adentro, o se queda uno afuera, gimoteando en su frustración y desengaño», y me invita Hernán a aclarar-desarrollar esa idea:


"contra el Espíritu del tiempo no se lucha" 

¿Por qué no? ¿Porque es todopoderoso, porque es bueno, porque es... inevitable? ¿No implica esto una especie de rendición o colaboracionismo inaceptable? ¿El espíritu del tiempo no puede ser, al menos en ciertos tiempos, identificado con "el mundo" en el peor sentido de la palabra, o con "la ciudad del hombre"? Si el espiritu del tiempo resulta ser a-cristiano (o anti cristiano) ¿no hay que luchar contra el para que sobrevenga un "espíritu del tiempo" cristiano? ¿Qué diferencia hay entre "luchar contra" y "transformar desde adentro"?


Dicho entre el menú de opciones y para entrar rápido al tema: el Espíritu del Tiempo es inevitable, así que luchar contra él es inevitablemente... frustrante. En realidad diría aun más: aunque uno crea estar luchando contra el Espíritu del Tiempo, lo más probable es que esté ya inmerso en él, y que la lucha sea solo aparente; como nos percibimos luchando, estamos tranquilos de "estar haciendo algo" cuando en realidad no estamos haciendo propiamente nada, por lo que la frustración es doble: las cosas no cambian, y nuestra lucha parece contra gigantes.


Creo que la cuestión decisiva en esto es suponer que el Espíritu del Tiempo es un conjunto de afirmaciones, una toma de partido ideológica; pero en realidad el Espíritu del Tiempo está más atrás que eso: las afirmaciones ideológicas y las tomas de posición surgen de él, pero no son lo mismo.

Tomemos como ejemplo el "derecho a la vida". Un defensor del "derecho a la vida" y un defensor del "aborto libre" son dos personas que piensan algo no sólo distinto, sino opuesto. Sin embargo, desde el punto de vista del Espíritu del Tiempo, las dos están diciendo lo mismo: del momento en que uno y otro afirman la vida como un derecho (del nasciturus uno, de la madre el otro). La concepción de los "derechos" como lo más evidente, comprensible de suyo y raigal, la percepción de que no hay nada anterior a un "derecho", y que cuando algo es un "derecho" es lo más grande e importante e inalienable que puede llegar a ser, eso es lo propio del Tiempo que nos ha tocado. Combinado con una percepción del individuo como sujeto natural de cada uno de los derechos.

Se podría pensar que es una "mera cuestión de palabras", ¿qué más da? lo importante es que nosotros defendemos la vida y ellos la muerte, ¡y hasta los papas hablan de "derecho a la vida"!
Pero no es una mera cuestión de palabras: nosotros estamos inmersos en la civilización de los derechos individuales, y aceptamos el "derecho a la vida" como expresión adecuada de la inalienabilidad de la vida. Pero lo que decimos con "inalienabilidad de la vida" no es lo mismo que decimos con "derecho a la vida". "Derecho a la vida" es incluso una jitanjáfora, suena bien pero no significa absolutamente nada, porque nadie puede tener un derecho antes de ser, y puesto que la vida es el primer acto de un ser que se define como viviente (casi parezco tomista), su supuesto "derecho" no tiene quién lo ejerza. El nasciturus tiene "derecho a la vida" sólo mientras vive; cuando ya lo han matado, no tiene ningún derecho a la vida, porque ya no es nadie, así que el derecho ese, o es abstracto, o su formulación es inútil.
A nadie se le ocurrió nunca basar la maldad del asesinato en que la víctima tenía "derecho a la vida": la maldad está en el acto, no en una cualidad de la víctima.

El movimiento "provida" se dejó arrastrar al terreno de los "derechos", donde inevitablemente tiene todo para perder, y nada para ganar. Naturalmente, lo pierde todo y no gana nada. No se dejó arrastrar porque fueran idiotas, sino porque no reconocieron la diferencia entre el Espíritu del Tiempo y la dialéctica de las ideologías, entonces pelean al mismo tiempo contra una y otra realidad, que son de muy distinto calibre, y al aceptar positivamente en su lenguaje las bases del lenguaje del individuo cargado de derechos, quedan inermes luchando con las armas de una ideología acuñada en otra época, que respondía a un lenguaje anterior.

¿Qué podía hacerse en lugar de esto? ¿qué puede aun hacerse? Obviamente, no tengo la receta, pero creo que hay algunos pasos completamente necesarios, que pueden asegurar un trabajo más fino que el realizado hasta ahora, y preparar las bases para remontar el reconocimiento del nasciturus.

-Lo primero de todo es reconocer la inadecuación del lenguaje "provida" a su objeto: reconocer que la civilización de los individuos cargados de derechos exige un uso cuidadoso de palabras como "individuo", "persona" y "derecho"; no usar imprudente ni tontamente esas palabras (sí, las encíclicas también caen en un uso pueril de todo ese lenguaje). Es preferible no hablar nunca de "derecho a la vida" antes que enfrentar un "derecho del nasciturus" con un "derecho de la madre".
A mi entender, resistir desde dentro, fermentar la masa, implica comprender muy bien de qué trata la época, y aceptar que tiene su razón de ser, que no llegamos a la civilización de los individuos cargados de derechos porque sí, por tanto ese lenguaje no es un chiste, ni un divertimento para parecer modernos cuando hablamos, es algo serio, que debe ser utilizado con la mayor prudencia. Algo nuevo de a poco puede ser que nazca en este lenguaje que se está poniendo ahora en circulación, del nasciturus como "one of us", mucho más real que un sujeto del "derecho a la vida", pero veremos si la inciativa no termina empastada.

-Una vez depurado el lenguaje fundamental, encontrar dónde se inscribe realmente el problema del nasciturus, que tiene que ver con otro aspecto del Espíritu del Tiempo: la prospectiva.

  • un nuevo ser humano va a venir a una humanidad que no cree ser "corona de la creación", ni que el planeta esté a su disposición, ni que sea el viviente "más perfecto"; por el contrario, un ser humano va a venir y quizás -como dice el movimiento por la extinción voluntaria de ser humano- es como tirar una bomba con forma de bebé al planeta. La sostenibilidad del planeta exige las actuaciones menos caóticas concebibles, y convengamos en que los seres humanos somos especialistas en introducir caos.
  • un nuevo ser humano va a venir, y va a desestabilizar todo el plan de vida de una mujer, eventualmente quizás también del varón, pero fundamentalmente de la mujer. En una civilización de la prospectiva, desestabilizar un plan de vida es casi un crimen de lesa humanidad, así que el nasciturus nace con una culpa doble: la de Adán y la de romper expectativas con la sola idea de su existencia. Quizás se piense que es egoísta esto, pero la prospectiva es esencial a nuestra época, contratamos seguros, queremos saber si mañana va a llover, pagamos la jubilación para cobrar más tarde la jubilación. La prospectiva nos es esencial, ¿por qué no le va a ser esencial a una mujer cualquiera de cualquier parte, que de repente queda embarazada y tiene que rehacer un plan diseñado a lo mejor para años?
  • un nuevo ser humano va a venir, y por lo mismo que amenaza los proyectos maternos, amenaza el equilibrio demográfico. Eso es cierto, nos guste o no, por lo mismo que, no sólo individualmente sino también colectivamente pertenecemos a la civilización del proyecto y el plan de actuación, que exige variables lo más conocidas posible.

Son solo tres aspectos de los que deberá enfrentar el nasciturus si quiere llegar a semoviente. Se me dirá que los seres humanos en vías de nacer siempre enfrentaron esas cuestiones... en abstracto sí, pero en concreto, sólo ahora nos interesa el cálculo y el proyecto del futuro con todo detalle. Y no conozco ni un solo provida que haya renunciado a su jubilación, su seguro médico, sus seguros del hogar, sus plazos fijos, y todos los mecanismos de expresión de la prospectiva. Todos estamos inmersos en la prospectiva, y tenemos que pensar los problemas desde esa realidad.

Se enfoca la lucha provida como si se tratara de pelear contra el egoísmo de las madres que no quieren serlo, como una cuestión de moral personal, pero el problema es a la vez distinto y mayor. Vaya por delante que el egoísmo existe, pero también existe en el provida, y en Juan y en Pedro: el egoísmo no es la variable esencial de este problema.

Dejé para el final la cuestión del "Espíritu del Tiempo" cristiano. Pensar que unos valores epocales son más compatibles con el cristianismo que otros, es persistir en entender el Espíritu del Tiempo en sentido ideológico y/o moral. Una civilización de la prospectiva no es esencialmente menos cristianizable que una caótica. Una civilización que viviera sólo en su puro presente, sin plantearse el futuro de ninguna manera (lo contrario de la prospectiva) sería tan difícil de bautizar como la nuestra. El hombre es difícil de cristianizar. El cristianismo, dicho a grandes rasgos, implica la perdida de control sobre sí mismo, la donación voluntaria del control al otro y a Otro. No está cómodo con ningún juego establecido de valores, y a la vez puede revolverlos todos, y hacerlos llegar más allá de sí mismos, para que den por sí mismos fruto.
-Como cristiano, es eso lo único que me interesa, no la realización de tal o cual plan quinquenal de moralidad colectiva. Si todo el mundo fuera aparentemente cristiano, fuera  a misa los domingos y no abortara, me sentiría tan cristianamente frustrado como ahora, o posiblemente más.
-Como ser humano, me interesa que nuestra civilización del proyecto no nos ahogue, y que nuestra civilización de individuos no nos haga perder "la comunicación, como se da una flor, más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma", para decirlo en la especial expresión de Juanele. No se arregla cambiándole el Espíritu a nuestro tiempo, se arregla explorando a fondo las posibilidades de trascendencia del que tenemos, y si eso implica que cambie, ya nos lo hará saber, sin que se lo preguntemos.