domingo, 4 de enero de 2015

Buena apologética


La verdad es que no soy muy amigo de la apologética religiosa, y no porque no reconozca su utilidad, e incluso su necesidad, sino sobre todo porque se la ha bastardeado tanto, simplemente llevando y trayendo argumentos remanidos, y no pocas veces ridículos, que llega un momento en que el paladar se estraga, y termina rechazando incluso los alimentos más básicos.
Encontré, sin embargo, un video en internet de una defensa de la fe cristiana muy sólidamente expuesta, por el Profesor Dr. John Lennox, matemático de la Universidad de Oxford, donde están, a mi entender, los elementos fundamentales de una buena apologética.
Luego, la gracia en exponer los argumentos puede llegar más a uno que a otro, o incluso los presupuestos culturales pueden hacer que la mejor apologética del mundo no "toque" ni la mente ni el corazón del oyente, pero esos elementos fundamentales, sea como sea que se expongan, no deberían faltar nunca.
Esos elementos son, a mi juicio:

1- Exponer con tanta humildad como claridad el aspecto de la fe que se quiere defender: No basta con decir "creo en Dios", porque la palabra "dios" significa muchas cosas, y no todos entienden lo mismo cuando la pronuncian o la escuchan. En el video lo tenemos con toda concisión y a la vez transparentemente dicho:
"Creo en Dios. Creo en el Dios sobrenatural que creó los cielos y la tierra. Creo en un Dios que sostiene los cielos y la tierra en su existencia". Luego agregará más elementos a esa fe fundamental, en particular llegará a la cuestión del Dios personal, revelado en Cristo, pero es importante ponerse de acuerdo acerca de qué se está hablando.
Al dirigirse a un público culto, evita una formulación inadecuada y confusa como "Creo en el Dios que hizo los cielos y la tierra": ya habrá tiempo de hacer distinciones, pero el verbo "hacer" no es ya correcto para exponer la doctrina de la creación, y mucho menos cuando se va a confrontar racionalmente con doctrinas científicas; podría usarse en un sentido poético, y así puede entenderse cuando lo usa la Biblia, pero uno de los más grandes cuidados que debe tenerse en la apologética es el del lenguaje utilizado: que la necesidad de simplificar no nos lleve a la formulación errónea.
"Crear" tiene posiblemente un sentido distinto en el uso popular (donde se lo identifica con "hacer") que en el lenguaje teológico, por eso el Profesor acompaña la fórmula "el Dios sobrenatural que creó los cielos y la tierra" con "un Dios que sostiene los cielos y la tierra en su existencia", que resulta ser la explicación del verbo "crear". Podría aclararse más, y despejar equívocos con esa palabra, pero así como está es breve y absolutamente verdadera, ya vendrá luego la oportunidad de explayar.

2- Respetar a rajatabla el sitio en el que se está, la persona con la que se habla, y sus objeciones y creencias, aunque las consideremos erróneas. El objetivo de la apologética no es decir "mi verdad" para que me respeten a mí, ni convencer al otro para provocar en él una irreflexiva adhesión a mis argumentos. El objetivo de la apologética es, entiendo yo, remover en el otro los obstáculos intelectuales que le impiden considerar con total libertad la amplitud de la verdad. Pienso que (y esto lo veo muy bien expresado en el video) los creyentes tenemos una mirada mucho más amplia sobre las cosas que aquellos que no creen: se trata de ayudar a abrir ese campo, para muchos enteramente nuevo, si pudieran librarse de prejuicios culturales (a veces adquiridos gracias a nuestra negligencia, prepotencia e ignorancia, todo hay que decirlo).

3- Dentro de esa amplitud de mirada, un aspecto fundamental es que nuestra verdad incluye también lo de verdadero que hay en la postura del otro: la verdad, venga de donde venga, proviene del Espíritu Santo. En la apologética seria debe evitarse la confrontación futbolística. No se trata de equipos dialécticamente enfrentados, donde si el otro dice "blanco" yo quedo obligado a decir "negro". Por ejemplo, en ningún momento del video se dice que el evolucionismo sea un error, ¡porque no lo es! el evolucionismo no es lo contrario del creacionismo, aunque los fundamentalistas bíblicos norteamericanos -por falta de estudio y de muchas cosas más- así lo repitan. Hace 150 años los católicos mirábamos el evolucionismo con rechazo, luego estudiamos más a fondo, y pareció aceptable, luego, estudiada la cuestión más a fondo aun, se consiguió comprender la profunda compatibilidad entre la doctrina teológica de la creación, y la doctrina científica de la evolución. Hemos profundizado en la fe y ampliado la mirada, la apologética no tiene que caer de nuevo en la superficialidad de una dialéctica que no es nuestra: si los cientificistas ateos cren que hay que elegir entre evolución y creación, nuestra misión no es convencerlos de nada, sino ayudarlos a liberarse de ese prejuicio.

4- Evitar un innecesario biblicismo. La Biblia es el fundamento último de nuestra fe, puesto que se contiene en ella la Palabra de Dios; pero no es manjar fácil de digerir para quien no se mueve en un plano profundo del lenguaje de la fe. Una cita bíblica, en un público alejado de su ámbito, más puede oscurecer que aclarar, más puede cerrar la mente del otro, que ayudar a comprender. Eso no significa que la Biblia no deba estar presente, pero no es necesario -y puede ser contraproducente- pretender fundar explícitamente todo en ella.
El video es muy ilustrativo al respecto: citando el núcleo de su fe en la creación, citando las frases en los lemas de Oxford y Cambridge, en realidad ha citado la Biblia, pero lo ha hecho de manera indirecta, para reservar la mención directa de la Biblia para cuando sea oportuno hacerla (11 min) y en la referencia a una intensa experiencia personal.

5- El recurso a autoridades debe ser mesurado y pertinente, ceñido a las autoridades reconocibles por el otro. Que el Catecismo de la Iglesia Católica, o el Papa en tal encíclica diga esto o aquello puede ser mucha autoridad para mí, pero tiene valor cero para quien me escucha; son importantes, en cambio, los testimonios admisibles para el agonista. En el caso del video: Newton, Whitehead, Einstein, tienen mayor fuerza y peso que cualquier Padre de la Iglesia.

6- La fe es, como muy bien la caracteriza Paul Ricoeur, una "experiencia vivida". Aunque el apologeta se dirija a la comprensión racional del otro, aunque despliegue argumentos con una excelente base lógica, la dimensión de experiencia personal debe estar en primer plano: si no comprendo, no llegaré a creer, pero nadie conseguirá que comprenda si no es a partir de testimoniar lo que él mismo cree. Por eso nuestro Señor privilegió la vía del testimonio y no la de la demostración para que propaguemos la fe. En el video aparece el testimonio personal en el minuto cero, del momento en que comienza con la palabra "creo"; pero aun podría ser una fórmula y no un testimonio. Sin embargo ya en el minuto 1:32 el testimonio personal toma toda su fuerza y, por decirlo así, asume el control del discurso: "no me avergüenzo de ser científico y cristiano".

7- No tomar a la ligera las objeciones del que no puede creer, en particular, no rechazar la gran pregunta por el mal y la negatividad: quien objeta tiene razones poderosas para objetar. Y en último término la respuesta que Dios dio no fue con palabras, sino con la cruz.


martes, 23 de diciembre de 2014

Pecado y pecador


«No odiar a los hombres por los vicios y no amar a los vicios por los hombres» (Ps 138,28), así define san Agustín lo que él llama el "odio perfecto", que nunca puede dirigirse a una persona, sino sólo a sus pecados. La sentencia se ha hecho famosa, e incluso el propio san Agustín la dice de diversas maneras: «odiar el pecado, amar al pecador» es el modo como suele citarse.
Me da la impresión de que después de 300 años de cristianismo, los creyentes habían desarrollado en época de Agustín el mismo vicio con el que continuamos: creer que eran superiores a los demás, al mundo, a los pecadores, al paganismo circundante, en algo. San Agustín, dirigiéndose a esa catolicidad ensoberbecida, pagada de sí misma y olvidada del don, no se pone en la acera de enfrente, pero predica una y otra vez lo mismo: la gracia. Por pura gracia estamos salvados; mío: nada; de Cristo: todo. ¿Quién soy yo para juzgar a quién?
Me encanta, por ejemplo, este pasaje:
«En fin, el mismo Señor intercedió ante los hombres para que no fuese apedreada la adúltera: de ese modo nos recomendó el oficio de intercesores. La diferencia está en que El hizo con el terror lo que nosotros hacemos con una petición. Es que El era el Señor, y nosotros somos los siervos. De todos modos, El sembró el terror para que todos debamos temer. Porque ¿quién de nosotros está sin pecado? Cuando dijo a los que le traían a la pecadora para que la castigase que quien fuese consciente de estar sin pecado arrojase primero la piedra contra ella, se rindió la crueldad por el temor de la conciencia; se desvaneció toda aquella reunión y dejaron sola a la mísera con la Misericordia. Ríndase la piedad cristiana a esta sentencia, a la que se rindió la impiedad de los judíos; ríndase a ella la humildad de los seguidores, pues se rindió la soberbia de los perseguidores; ríndase la confesión de los fieles, pues se rindió el disimulo del tentador. Perdona a los malos, hombre bueno. Sé tanto más benigno cuanto eres mejor. Hazte tanto más humilde cuanto más te encumbras por el poder.» (Carta 153,11)
Y como éste tiene el santo de Hipona muchísimos otros pasajes. Por todas partes aflora en su obra enseñar al creyente a desear para el otro la misma misericordia que obtuvimos nosotros mismos y por lo cual somos creyentes, y a interceder ante Dios para que esa misericordia llegue al hermano cuanto antes mejor.

Andando el tiempo, la sentencia de san Agustín se invirtió: el santo enseñaba el odio al pecado y el amor al pecador, para insistir con el amor al pecador, para enseñar cómo amar en medio de la inevitabilidad del odio, nosotros la enseñamos para insistir en el odio al pecado: enseñamos a odiar a pesar del mandato del amor. Veamos con qué matiz distinto aparece esta misma sentencia en el catecismo de la Iglesia Católica. Viene hablando de la convivencia en la sociedad, del deber del cristiano de mirar al otro como prójimo, y dice:
«Este mismo deber se extiende a los que piensan y actúan diversamente de nosotros. La enseñanza de Cristo exige incluso el perdón de las ofensas. Extiende el mandamiento del amor que es el de la nueva ley a todos los enemigos (cf Mt 5, 43-44). La liberación en el espíritu del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no con el odio al mal que hace en cuanto enemigo.» (nº 1933)
Me llamó la atención la fórmula, que no calza bien en el contexto -no está hablando del pecado sino del pecador- y que además manifiesta la intención contraria a la de la fórmula agustiniana: cómo encontrar el subterfugio para seguir odiando, a pesar del evangelio. Y no se crea que esta inversión es un defecto de la traducción al español, habitualmente tan descuidada y pobre; no: está así en la formulación latina: hablando del pecador y cómo debemos amarlo, cierra el pensamiento enseñándonos qué cosa debemos seguir odiando y cómo hacerlo sin violar el evangelio... Esa sentencia no tiene allí contexto, no se está hablando de ello, si se quería hacer el distingo entre pecador y pecado, entonces debía hacerse en un párrafo aparte.

Y vemos que en general los católicos encontramos en la sentencia agustiniana el parapeto ideal para seguir ejercitándonos en el odio: no odiamos pecadores sino pecados, así mantenemos el "tuning", nos mantenemos en forma, sin violar el evangelio, que por suerte sólo nos prohíbe un odio, no todos... con san Agustín en la mano, hemos conseguido enmendarle la plana al santo, y hacer que en vez de predicarnos para que aprendiéramos a amar, nos ayudara a poder seguir odiando.

Porque el odio no es cosa sólo del objeto. Ya sé yo que no se puede amar la idolatría, la perversión, el crimen, el pecado. Todo eso es odioso, y es natural que el hombre que pretende pertenecer al círculo de la bondad divina lo odie: Dios mismo no ama todo aquello, que es no ser, vacío y oscuridad. Pero el odio es también cosa de quien odia, y mientras odiamos, aunque odiemos con justicia, y cumplamos en ello con el evangelio, estamos alimentando un espíritu de mal dentro nuestro. Es inevitable que odiemos, pero de ninguna manera tenemos que tratar de odiar, aunque nuestro odio sea justo; y mucho menos aprender qué cosas podemos continuar odiando, a pesar del evangelio. El odio, como auténtico mal espíritu, se reviste de ángel de luz, y nos tienta, no mostrándonos cosas prohibidas, sino cómo podemos perpetuar el propio odio en el mundo haciendo cosas permitidas, sin violar ningún precepto evangélico.

El mayor problema es que el consejo agustiniano nos viene muy bien, resuelve problemas concretos: sea una madre que tiene un hijo delincuente, ¿cómo continuar amando a ese hijo, sin ponerse del lado del delito? ama al pecador sin amar su pecado. Sea un mundo sumido en el mal obrar, ¿cómo continuar viviendo en él y amándolo lo suficiente como para desearle lo bueno? ama a cada uno de los pecadores que hay en él, sin amar su pecado. El consejo de Agustín no sólo es bueno, es que es necesario.

Pero en esos dos ejemplos se ve con claridad que cuando se ama al pecador sin amar su pecado una nota distingue al que ama: sufre por quien ama. La madre, por amar a su hijo y odiar el pecado de su hijo sufre, atrae sobre sí el dolor del pecado del hijo, y al hacerlo, de algún modo misterioso lo redime. Lo mismo puede decirse del pecado en el mundo: el mártir sufre por el mundo que lo está matando, y redime al mundo en la medida de su amor por el mundo (fruto misterioso de ese amor es la frecuente conversión de los perseguidores).
Lo que a mí me da la impresión (y esto sabrá cada uno, no puedo saberlo yo, es sólo una impresión) es que cuando en la vida corriente invocamos en la Iglesia el consejo agustiniano, no sufrimos por el pecador al que decimos amar; usamos la frase de san Agustín sólo como subterfugio. Vemos que, por ejemplo, en las páginas católicas se odia los pecados de esta época que nos tocó vivir, pero junto con ellos se odia también a los pecadores de esta época... ¿y cómo lo notamos? en que aunque nos reciten la frase agustiniana, no sufren con ellos ni por ellos (las páginas católicas son semejantes a las parroquias, pero más visibles, y en esa misma medida, más dañinas).

¿Pero debemos entonces integrar toda la lacra moderna en nuestra vida cristiana para mostrar que no odiamos a los pecadores? No, quizás el remedio sea simplemente dejar de ponernos en el lugar de Dios. Sea una familia, de la que somos el hermano "bueno", y sabemos que inevitablemente las obras del hermano "malo" llegarán a oídos del padre de la casa, ¿trataremos de que efectivamente lleguen? ¿trataremos de juzgar todo el tiempo a nuestro hermano, y proclamaremos en voz alta sus acciones cada día, para que sea claro quién es el malvado y cuán malvado es? ¿o si amamos realmente a nuestro hermano (aunque no a su maldad) trataremos de poner un "colchón" a sus acciones, para que el padre sufra lo menos posible, pero también el hijo malo permanezca en el círculo del amor del padre?
Cuando el episodio del becerro en Éxodo 32, Dios quiso destruir al pueblo pecador y contumaz, y ofreció a Moisés crearle un nuevo pueblo. Sin embargo Moisés (que estaba tan harto de los israelitas como el propio Dios) extremó los argumentos para obligar a Dios a reconsiderar su decisión:
«Entonces habló Yahveh a Moisés, y dijo: "¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, ha pecado. Bien pronto se han apartado el camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: 'Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.'"
Y dijo Yahveh a Moisés: "Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo."
Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios, diciendo: "¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a los cuales juraste por ti mismo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a vuestros descendientes, y ellos la poseerán como herencia para siempre."
Y Yahveh renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo.» (Ex 32,7-14, hay otras intercesiones similares en Números y Deutreronomio)

Dios no necesita una Iglesia de gente que se adelanta a los sentimientos divinos y pretende obrar como Dios, juzgar como Dios, y condenar con la legitimidad de Dios. Primero que nada porque no somos Dios, y no lo sabemos hacer, y en segundo lugar porque para eso está Dios. Si creó una Iglesia es para continuar su obra redentora: si necesitaba enviarse como Hijo para poder rescatar, si no podía rescatarnos del pecado como Padre, sino sólo como Hijo, tal vez es porque en el misterio del pecado los hermanos que ahora somos cumplimos una función única e irremplazable, ¡que no estamos cumpliendo! No reemplazar al Padre sino ser ese hermano que apacigua la justa cólera del Padre. Como el mismo Agustín lo decía en la cita inicial: «nos recomendó el oficio de intercesores».

En cambio de eso hay ejércitos de cristianos defendiendo la pureza de los derechos divinos, no les importa si los hermanos por los que deben interceder se quedan sin sacramentos, se quedan en las tinieblas del mundo, desesperan o se escandalizan de no ser recibidos ni escuchados. Nosotros estamos dedicados a odiar el pecado, en vez de a lo que toca: amar al pecador e interceder por él.

De cada hombre que desespera de poder alcanzar la gracia a causa de nuestros estúpidos distingos teológicos se nos pedirá cuenta.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Presunción o desesperación

Estaba leyendo en el blog Todo Era Bueno (TEB), como hago habitualmente, y un comentario de un lector me disparó una reflexión. El comentario decía:
«Yo un problema muy gordo que le veo al cristianismo que yo conozco es la cantidad de cristianos que creen que no necesitan sacramentos, sobre todo confesión. Porque, en lugar de considerarnos pecadores y sufridores de las consecuencias del pecado original y necesitar, por tanto, perdón de los pecados y reconciliación con Dios, pues consideramos que nuestro mal es fruto de las circunstancias sociales al más puro estilo del materialismo histórico. Como decía el bueno de Marx: "No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia." Y por eso vemos obispos diciendo que lo mejor es que los divorciados adúlteros comulguen y otros desastres. Y claro, si no necesitamos conversión sino subsidios, pues... el cristianismo no vale para mucho, la verdad.» (user: quebellassontustiendas)

A decir verdad, mi reflexión se disparó muy pronto de ese comentario, y no digamos del tema principal del post... sin embargo se me unió al diálogo el P. Javier Vicens, con quien frecuentemente tenemos intercambios allí mismo, a partir de puntos de vista bastante disímiles.
El tema se fue profundizando y ramificando, y me resultaba vergonzoso ya utilizarle el blog a TEB para responder, así que traigo aquí toda la conversación, agrego un paso más, y si quiere D. Javier (o quien lo desee), podemos continuar.

Abel:
Ese que dijo que "los publicanos y prostitutas os precederán en el Reino", sin aclarar si tenían que dejar de serlo para preceder, seguramente era un populista, qué fácil es prometer utopías para ganarse al pueblito: "liberación a los cautivos...", "Yo os aliviaré..." ¡demagogo! 
Afortunadamente al Demagogo populista lo crucificaron, si no, no sé a dónde hubiéramos llegado... tras lo cual la paciente obra del Gran Inquisidor (en distintas versiones, pero idéntica pasión por la Verdad), año tras años ha conseguido poner un poco de orden en tanto revuelto que casi amenazaba con acabar con nuestra religión.
Lo importante ahora sería completar la obra, sacar del medio a toda la antiiglesia, a todos los pecadores que no consiguen dejar de serlo, a todos los manchados cuya mancha no se puede tapar ni dejar a cero; que se vayan, así no habrá salvación ni alegría de redimidos, ni segundas oportunidades, pero al menos sabremos quién es quién.

Javier:
Si Nuestro Señor, tan amable siempre, le dijo a la amable adultera que no pecase mas, me extrañaría que hubiera propuesto a las prostitutas como ejemplo a seguir sin hacer mención de su arrepentimiento. Herodes escuchaba con gusto a Juan -el bautizador- pero no se arrepentía de estar con la amable mujer de su hermano. Si Herodes se hubiera arrepentido, Jesus -Nuestro Señor- nos habría dicho: "hasta el mismo Herodes os precederá en en el Reino". 
Y perdonen las faltas de acentuación. Es que mi tablet -como los teólogos modernos- pone los acentos no según las reglas de acentuación sino siguiendo los impulsos de su noble corazón o, por decirlo al modo antiguo, a su albur.

Abel:
Lo interesante del relato de la adúltera es que muestra que Jesús daba con mucha facilidad y liberalidad cheques en blanco: "en adelante no peques más"... y nosotros convertimos esa afirmación en su contraria: "Jesús la perdonó A CONDICIÓN de que no pecara más". En realidad nadie sabe si la adúltera siguió pecando o no; ni siquiera es exactamente una condición, bien puede ser un consejo, o un deseo; y a la vista de nuestra naturaleza humana, podemos casi asegurar el resultado. 
Pero mientras tanto salió de la arena feliz con su cheque en blanco, y nadie le pudo quitar ese perdón ya dado de antemano, sin condiciones, sin racionalizaciones, y sin proporciones. 
Jesús predicó y enseñó cosas muy contrastantes, sobre la puerta angosta, pero también con la mano ancha, y cuando dijo el apotegma del camello por el ojo de la aguja y los discípulos sacaron la consecuencia lógica: "entonces ningún rico se puede salvar", les salió por la tangente: "no hay nada imposible para Dios". 
La verdad es que no termino de entender de dónde sacamos y justificamos este agobiante racionalismo que convierte una fe auténticamente liberadora en una religión como todas las demás, "y si no te gusta, vete". 
Luego al propio TEB le contraría un tanto que el Papa aparezca mencionado entre "los demás líderes religiosos"

Javier:
Más que dar cheques en blanco, tal como lo veo yo, Jesus pedía y pide cheques en blanco. Nunca -que yo sepa- dijo: "poned lo que queráis y yo lo firmo y os lo pago" Esa era la actitud de Herodes cuando había bebido más de la cuenta y se emocionaba con el baile de Salomé: "pídeme lo que quieras, la mitad de mi reino o la cabeza del bautizador, tan amable". Nuestro Señor no es Herodes. Lo que vino a decir y dice es, mas bien, "Firmadme un cheque en blanco y dejad que yo ponga la cantidad que me debéis. Todos me debéis mas de lo que podeis pagar pero no os preocupéis. Cualquier deuda reconocida será perdonada porque no he venido al mundo para cobrar deudas sino para perdonar deudas reconocidas".
El "yo confieso" es un cheque en blanco que firmamos en cada Misa confiando en Nuestro Señor Jesucristo que no pondrá ni mas ni menos de lo que le debemos. Una sola gota de su sangre puede librar al mundo entero de todos sus crímenes. Pero el mundo debe firmar algo así como un cheque en blanco o algo así como un reconocimiento de sus crímenes.

Abel:
Ya que estamos en el "tal como lo veo yo", te diría que estoy completamente de acuerdo con lo que dices excepto en un punto: puedo firmar el cheque en blanco, porque Él me lo firmó primero. 
Tú pones el acento en lo que el mundo (la comunidad, el individuo) DEBE hacer primero; lo que yo pienso es que lo bueno y saludable, lo mejor para el mundo y para cada hombre es llegar en algún momento, en esta vida o en la otra (que para algo creemos en el purgatorio) a reconocer los crímenes. Pero eso, que es lo bueno, lo saludable y la salvación, aunque quizás DEBERÍA reconocerlo primero, no PUEDE reconocerlo primero (yo no puedo, y por solidaridad de naturaleza, me atrevo a pensar que tú tampoco); así que se nos da un cheque en blanco, un perdón gratuito de manera absoluta, no relativa, sino absoluta, y gracias a ese perdón, y en la medida en que vamos penetrando en él, que vamos interiorizando ese perdón, que se van curando las heridas de nuestro corazón, nos vamos haciendo capaces (no nosotros a nosotros mismos, sino que ese perdón nos hace capaces) de salir de nuestro pecado. 
Eso tarda en unos lo que una confesión, en otros toda una vida, y otros necesitan un vida terrena + un plus de purgatorio... 
Por racionalizar esto y tomar el efecto como causa, es que convertimos nuestra fe en una máquina de desesperar pecadores: tú no vengas, tú no te acerques, tú no estás limpio, tú no crees lo suficientemente bien, tú no comprendes, tú no ves, tú no sabes, tú no vives, tú no alcanzas la contrición necesaria, tú no pones los medios para dejar de pecar... 
Pero en fin, es "como lo veo yo", así que no hace falta que me hagas más caso que el justito.

Javier:
Conste que sus puntos de vista me interesan muchísimo y que disfruto de lo lindo -y aprendo- leyendo su blog. No discuto la verdad -misteriosa- del perdón de Dios que precede a nuestro arrepentimiento: perdónalos, no saben lo que hacen. Y si, en efecto, nuestro arrepentimiento no es condición para su perdón, si (acento) que lo es para que su perdón nos salve: Dios que te creo (no sale el acento) sin ti, no te salvara (acento) sin ti. Tenemos ante los ojos a Uno que da su Vida por nosotros. Tenemos una vida para reconocer ese Amor. Se nos dice que no desesperemos y que -pase lo que pase- confiemos en ese Amor que siempre perdona. Pero también se nos dice: no tentaras (acento) al Señor. Y se nos advierte así tanto contra la desesperación como contra la presunción. Cierto que la Ley sin gracia es una carga que ni nuestros padres pudieron llevar ni podemos llevar nosotros. Pero no en vano el anuncio del Evangelio va unido a la llamada a la conversión. Podemos convertir nuestra fe en una maquina de desesperar o en una máquina de fabricar presunción. De todo se ha dado en la historia del cristianismo. Gracias por su atención.

Hasta aquí lo ya habido, en comentarios agregaré mi respuesta a esto último, y queda abierto para continuar.

martes, 30 de septiembre de 2014

La carta de Reig Plá, el «gaymonio» y otras cuestiones que dan que pensar...

Con el traído y llevado asunto de la abortada ley Gallardón, hubo en la red opiniones de toda clase. La ley parecía hecha a la medida de las exigencias provida católicas (a la medida de mínimos, ya sé, porque somos inconformables), pero como los provida en España somos una auténtica minoría, la ley cayó antes de levantarse.
El PP había prometido vagamente revisar la Ley Aído, una ley del aborto hiperpermisiva, es más: de activa promoción del aborto. Se le encargó a Gallardón la revisión de la Ley, e hizo una que gustaba a esta minoría (como digo: gustaba de mínimos, pero gustaba).
Con una mano en el corazón: Gallardón no hizo lo que el gobierno le pidió, que era revisar un poco a la baja la Ley Aído, lo que hizo fue contraponer a la Ley Aído otra Ley que partía de otro principio, no del principio mayoritariamente aceptado por la sociedad del "derecho al aborto", así que el gobierno hizo lo que le toca a un gobierno en una democracia: preservar su base de votantes.
Porque aunque ahora los provida lloren y pataleen, la verdad es que no son la base de votantes del PP, que es un partido liberal, «informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e “infectado”, como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada “gobernanza global” al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista» (jolines con el Obispo! si es que parece un panfleto de izquierda de los 70!). Bueno, de paso acabo de presentarla: es un párrafo de la carta de Mons. Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares, a propósito de la retirada del proyecto de Ley Gallardón.
Los provida están que trinan (aquí ya no uso la primera del plural, porque mi postura provida no tiene que ver con las "leyes del aborto" que son otras cosas que el aborto), por un lado se quieren comer crudo a Rajoy, por el otro, el hecho de que ellos y sólo ellos pataleen les muestra bien a las claras que no son la base de votantes del PP, y no tienen ninguna otra fuerza política con posibilidades de gobierno; así que el mismo pataleo demuestra que el gobierno actuó como era previsible que actuara, y que esto no es sentido -ni por el gobierno ni por su base electoral- como una traición a sus promesas electorales, por mucho que los provida lo quieran presentar así. Es más, en el acto por el cual Rajoy daba una patada a la ley y a Gallardón juntos (cuya hora había llegado hacía ya un tiempo), se leyeron esas mismas promesas electorales, signo de que el gobierno no considera que las haya incumplido, sino que "todavía" (y los tiempos de Rajoy son más inescrutables que los de Dios) no ha comenzado a hacerlo.

Presentada la cuestión, de lo que quería hablar es, como tantas veces, del modo de insertarnos los católicos, con nuestras exigencias, nuestras ideas, nuestra cosmovisión, etc. en un mundo que gira para otro lado, que ve las cosas distintas, y en el que tenemos que contar con que la inmensa mayoría de los que van a misa no están en desacuerdo con el aborto (aunque no tengan quizás una teoría al respecto), no están en contra del matrimonio del mismo sexo "si se aman", no ven mal que las parejas convivan años antes de casarse, la señora de la casa compra los preservativos para todos los varoncitos del hogar, "por si salen el fin de semana, para que tengan cuidado, porque estos chicos de hoy...", y no ven mal del todo que los matrimonios se separen "cuando se acabó el amor".
No estoy hablando de las teorías de género, del "derecho a la posesión de mi cuerpo", ni de todo eso tan teórico, sino de percepciones completamente palpables, primitivas, a flor de piel, hechas por fuera de toda consideración teórica: intuiciones del pueblo fiel.
Hace un par de generaciones todavía se representaba en colegios católicos el «Entremés del mancebo que casó con mujer brava», de Alejandro Casona, que es un sátira, pero que resulta también una horrible apología de la violencia de género. La razón es que eso, tan profundamente anticristiano, era aceptado por la gente piadosa: "una buena sacudida [del esposo a la esposa, se entiende] ayuda a mantener el matrimonio como Dios manda", escuché yo mismo hace unos años a una señora mayor en la cola de Mercadona. El santoral católico está bastante nutrido de mujeres maltratadas -pobrecillas ellas y bien santas que fueron, heroicamente-, que los hagiógrafos aprovechaban para poner de ejemplo a las casadas, para que supieran aguantar.
Los horripilantes crímenes pederastas cometidos por eclesiásticos no se pudieron destapar hasta que no entró en la conciencia del pueblo fiel (de ese que va silenciosamente a misa), que no era piadoso guardar silencio ante ello.
Este "sensus fidelium" (sentido cristiano de los fieles) tiene sus tiempos, y no es manipulable, ni reductible a códigos. A veces da gracia cómo los "conscientes de la fe" apelan al "sensus fidelium": cuando concuerda con lo que la doctrina oficial dice, viva el sensus fidelium, cuando no concuerda, "le ha han lavado el cerebro al pueblo cristiano".
Pero resulta que posiblemente el sensus fidelium (que no es infalible) se mueva por un cierto "olor a pastos", y lo interprete a su manera, en parte bien, en parte mal. No creo que haya que casarse con las interpretaciones de la fe y la moral que hacen las viejas al salir de misa, pero estoy seguro de que hay que, al menos, escucharlas un poco más. Y si ellas dicen que "bueno, mejor que se separen si no hay amor", o "si se aman, qué tiene de malo que vivan juntos?", deberíamos saber que allí hay, en la representación de una cáscara cultural que terminará cambiando, un núcleo de verdad que el Espíritu está hablando a nuestra fe.
Por muy cierta que pudiera ser la doctrina oficial sobre el aborto, la anticoncepción, la homosexualidad, la indisolubilidad matrimonial, las relaciones prematrimoniales, etc. hay -y creo que el Espíritu está golpenado la puerta de su Casa a ver si le abrimos- demasiados seres humanos que dejamos fuera, demasiada misericordia que estamos guardando en el cajón para mejores tiempos, demasiados abrazos del Padre que no somos capaces de repartir.

Bueno, ¿y qué hacer entonces? ¿simplemente cambiar 2000 años de convicciones "para que un par de degenerados que igual no vendrán a misa estén contentos"? (la frase es literal de un blog católico). Me parece reductivo ese planteo, pero quizás se trate de algo de eso. En la misa de hoy se leyó el fragmento de Lucas 9,51-56, que en su versión litúrgica dice así:
«Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
-Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos?
El se volvió y les regañó, y dijo:
-No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos.»
Aclaro que eso dice la versión litúrgica, porque la última frase: "no sabéis...a salvarlos", no figura en muchos manuscritos antiguos, y la crítica bíblica tiene sobradas sospechas de la autenticidad lucana, así que en la mayoría de las biblias no figura. Sin embargo la liturgia la lee, mira por dónde, quizás para azote de la Iglesia, ya que ayuda a tomar conciencia de que lo nuestro no es el juicio ni el fuego del cielo, sino llevar salvación, llevar jaris -gracia, alegría-, "misericordiando" entre los hombres.

Al nivel del lenguaje y de la predicación tenemos mucho para hacer:
-Recibir al mundo con buena voluntad, con voluntad de encontrar en él lo que tenga de verdadero, y eso no se hace sin buena voluntad.
A veces esto se entiende así: yo tengo ya de antemano lo que es verdadero, en lo que el mundo coincide, lo puedo aceptar. No se trata de eso, sino de estar dispuesto a encontrar en el mundo vestigios de verdad que nosotros perdimos, o que nunca tuvimos.
-Nosotros no somos el mundo ni del mundo: aceptar del mundo el lenguaje con el que él habla de la realidad, tal como el mundo la percibe; sólo así podremos transformarla, si es que realmente queremos transformarla por amor a los hombres y deseo de su salvación, y no por mera vanagloria, y para demostrar que teníamos razón.
Sobre esto hay muchos ejemplos, me detengo en uno particularmente lacerante: algún ingenioso bautizó "gaymonio" al matrimonio entre personas del mismo sexo, y en general a lo que es la actual doctrina civil sobre el matrimonio en los países más desarrollados. Cuando un blog habla de "gaymonio", ya sabemos que estamos entre amigos, mientras que si dice "matrimonio homosexual", "matrimonio gay", o "matrimonio entre personas del mismo sexo", es un progre, y si es cristiano, es un "miope" y "le han lavado el cerebro". A mí me han reconvenido varias veces por hablar de "matrimonio homosexual" y no de "gaymonio": "eso no es matrimonio", me han dicho.
Pues permítanme que lo diga con todas las letras: eso es un cristiano irrespetuoso, soberbio, y que le interesa un pito la salvación del mundo, puesto que no está siquiera dispuesto a empezar por aceptarlo tal cual es, primer paso para desear transformarlo.
No se trata de "respetos humanos" (en el mal sentido), sino de auténtica humanidad, una humanidad de la que cada uno de nosotros participamos, y de convicciones que posiblemente sustentaríamos nosotros mismos si Cristo no nos hubiera enseñado el misterio profundo del matrimonio, la matrimonialidad del mundo. Somos privilegiados por haber accedido al secreto sentido de muchas realidades, de muchas instituciones humanas; y resulta entonces un gesto de soberbia hacer de nuestro privilegio la medida de la verdad.
Si queremos transformar el mundo, aceptemos lo verdadero del mundo: sus definiciones de matrimonio, sus definiciones de vida humana, sus definiciones numéricas de la verdad. Aceptando la legitimidad de esas verdades, aceptando que el mundo tiene derecho a plantearse a sí mismo como mejor le parezca, estaremos en el primer peldaño de una escala que en su último paso es la transformación de esos criterios.
Conozco la objeción: "pero el mundo no me acepta mis criterios, me llaman fascista, retrógrado, conserva, me insultan... por qué tendría yo que aceptar esos criterios torcidos y encima sonreír?"
¿Quieres una razón sobrenatural? porque Cristo lo aceptó todo, y partió de allí a proponer algo nuevo, y a los que les propuso y aceptaron, los "sacó del mundo"
¿Quieres una razón civil? porque tu postura representa sólo el 2% de una sociedad que gobierna para el 100%, y se maneja con votos y mayorías, que es una convención, pero es mejor que otras convenciones, al menos es la que mejor funciona de las últimas que hemos probado.
Si quieres que tu postura sea respetada, comienza por aceptar la verdad del mundo, que es que "la verdad" es aquello que consiga el 51% de los votos.
Una vez aceptado esto, sigue por ganar voluntades, entender lo que le ocurre al 98% que no te quiere, corregir lo que es soberbio en tu postura, lo que la hace repelente aunque pudiera ser verdadera. Gana conciencias, no aplastes discursivamente, se trata de transformar la mirada del otro, y no violentándolo, no "lavándole el cerebro", sino ampliándole su campo de mirada.
Una vez comenzado esto, ten mucha paciencia, los procesos históricos no se realizan de un día para el otro. Ahora estamos con el impulso de la absoluta autonomía de la mónada humana. Es un proceso, un proceso que captó algo verdadero y olvidado en el mundo anterior, y está persigueindo esa verdad a la manera humana: a los tumbos. Si no somos capaces de acompañar el proceso de la autonomía, si nos limitamos a ensalzar las partes buenas de la verdad anterior, y nos olvidamos que traía también mucho dolor, muchos excluidos concretos, no conseguiremos ayudar a "optimizar el proceso", y evitar los excluidos del mundo actual.

La carta de Reig Plá, que puertas adentro gustó mucho y que podemos tomar como paradigma de las soluciones católicas a los problemas del mundo, realiza uno a uno lo contrario de todo esto:
-Deslegitima la democracia formal (la única existente hoy).
-No sabe leer el programa electoral tal como fue lanzado a -y recibido por- su mayoría de votantes.
-No entiende ni le interesa entender las cuestiones de lenguaje implicadas en "derecho de la mujer".
-Manda una serie de insultos -o pretendidos insultos- encadenados, como el berrinche de un chico: liberal, marxista, lobby, capitalista, LGTBQ, individualista... una colección de términos destinados a quienes se sienten fuera de todos ellos, y por tanto no a quienes estaba dirigido (supuestamente Monseñor quiere persuadir al Gobierno a que reconsidere), y que juntos no quieren decir absolutamente nada.

No cito la Carta para mofarme de ella, pienso que está escrita con pasión y sinceridad, pero es un modelo de cómo nos movemos los católicos con el mundo, y un muestrario de todos nuestros fallos.

domingo, 31 de agosto de 2014

«cuentas católicas»


Un chico al que sigo en twitter, seminarista chileno, que a veces trae algunas citas interesantes de lo que ve por internet, retuiteaba uno de @Arguments con las «20 cuentas católicas imprescindibles en Twitter.»: http://www.arguments.es/comunicarlafe/20-cuentas-catolicas-twitter/
Inmediatamente salto mi alarma, esa que me hace dar traspiés con amistades, y en mi propia familia, la leche hervida de tano que no puede frenar la lengua: «¿cuentas católicas? qué horror!!!!! el solo concepto me da repeluz (y viendo cuáles son, se me confirma, salvando un par)».
Como en twitter peso menos que una mosca (debo ser el tuitero menos seguido y menos retuiteado de la corta historia de esta red), no creo que este chico me pida justificación de mi exabrupto. De todos modos no veo que pudiera hacerlo en 140 caracteres, así que me he venido aquí a ver si yo mismo me puedo explicar por qué me da repeluz esto de las "cuentas católicas".

El concepto de "sitio católico", "cuenta católica", me incomoda bastante... ¡pero cómo! -me dirán- ¿es que no llevas tú mismo un "sitio catolico" cuyo nombre es "El Testigo Fiel - portal católico"? Sí, efectivamente, contradicciones de uno: me da repeluz lo de "... católico" pero no he encontrado la manera de decir eso mismo en el título de mi sitio. De hecho me incomoda, y desde hace 11 años que trato de ver cómo se puede evitar ponerle de nombre "portal católico".
La justificación en mi caso es que la expresión "el testigo fiel", aunque es completamente bíblica y cristocéntrica, hace pensar en los "Testigos de Jehová" (de hecho, en algunas búsquedas aparece el portal entre links de los Testigos), así que para mí era casi una exigencia de programa que figurara la palabra "católico" en el título. Pero aquí aparece la primera cuestión: no por la identidad del sitio, sino para no engañar a nadie, para que el que buscara cosas de los Testigos de Jehová no se empantanara en algo que no está pensado para él. Si un testigo de Jehová quiere venir a leer cosas de católicos, bienvenido sea, pero que no venga engañado, que no venga creyendo que es de los suyos. No me gustan las páginas evangélicas con pinta de católicas, las páginas católicas que imitan a evangélicos, las páginas provida que hacen pensar que es proaborto, las páginas creyentes que hacen pensar que son ateas, etc.... no me gusta engañar (ni ser engañado).
Cuando el otro busque una página católica, tiene que saber que tiene esta y aquella, pero no que se le imponga una página católica si no la buscaba, y con engaño. Si yo quitara el epígrafe "portal católico" a El Testigo Fiel, sería difícil reconocer rápidamente la identidad católica del sitio. Se podría, desde luego, pero habría un rato en que el lector estaría desorientado/engañado.
Pero entonces -me dirán- hay una identidad católica en los sitios, e incluso puede ser bueno -o al menos necesario- explicitarla, ¿cuál es el problema con las «20 cuentas católicas imprescindibles»? ¡Claro que hay una «identidad católica» en los sitios! eso es sencillamente innegable. El problema, creo yo es doble: si esa identidad es un punto de partida o de llegada, y para qué queremos esa identidad.

Pienso que la identidad tiene que ser un punto de llegada: puesto que quienes hacen el sitio son católicos, y puesto que los contenidos pretenden expresar, reflejar, debatir, la cuestión católica, resulta que el sitio es un sitio católico.
Nos damos cuenta cuando la identidad se ha tomado como punto de partida y no de llegada, porque enseguida el sitio/institución se cree idéntico con la fe católica. Por ejemplo, hay un sitio relativamente nuevo llamado "Infovaticana", no es un sitio oficial ni mucho menos, sin embargo utilizan en el logo el escudo papal como si lo fueran, y no parece que les dé ningún reparo en ello. Estoy seguro que no quieren (subjetivamente) engañar a nadie, pero de hecho se sienten "tan católicos", tan "del riñón" que ¿por qué no habrían de usar el escudo papal? y así de hecho engañan (por ejemplo a mi Sra. que me dijo el otro día que tal noticia la había publicado "La Iglesia"..., pues no, la publicaron unos señores católicos, de un sitio privado llamado infovaticana, buenos o malos católicos, como yo).
Idealmente el nombre de católico no debería figurar en ninguna parte, debería ser algo que los demás descubren, que se nos reconociera por el "hacer católico", no por la etiqueta o el logo.

Pero el problema mayor, creo yo, y es lo que me parece que hace que lo de los "20 sitios..." me dé repeluz, es que cuando partimos de la identidad católica terminamos, querámoslo o no, en un catolicismo de corralito... Me acuerdo de haber ido de joven a algunas manifestaciones políticas en Argentina; naturalmente se mezclaban allí gente de toda clase de sudores, pero los partidos de más a la izquierda (PI, PO, etc) iban envueltos en una soga: el corralito identitario. Soy de izquierda, que no me pierda...
Algo así pasa con los "sitios católicos" que toman el catolicismo como punto de partida, que de tanto creerse "punto de referencia para católicos" en la red, terminan privilegiando la identidad abstracta, pensada (y a menudo meramente imaginada) por sobre la identidad real, es decir, el hecho de que el catolicismo son los creyentes, los buenos creyentes y los malos creyentes, las manos, los pies y los glúteos del Cuerpo de Cristo, Cabeza de su Iglesia.
De allí a juez de la catolicidad de los demás católicos hay un solo paso, y me temo que la mayoría de los "20 sitios..." de la lista han dado ese paso más de una vez, algunos lo dan de manera habitual, alguno hace de dar ese paso una nota de orgullo e identidad.

viernes, 29 de agosto de 2014

Una cosa que me gusta de Francisco...

...es que hable tan sencillo, que tenga bien definido a qué público quiere hablar y sepa cómo hacerlo. Dice cosas mucho menos "rompedoras" que lo que los medios le atribuyen, pero incluso eso, el hecho de que los medios lo vean como un papa "rompedor" es algo muy bueno, ayuda a llamar la atención sobre sus palabras, y a que gente que normalente no se detendría a escuchar al papa, lo haga... ¡y le entienda!
Cuando el papa Benedicto XVI en su encíclica "Deus Caritas est" (nn. 3ss) puso al "agape" en serie con el "eros", mostrando que no hay una total ruptura, sino una continuidad dialéctica, fue mucho más "rompedor" que cualquier catequesis de Francisco... y es curioso que los medios críticos con el papado no le hayan sacado chispas. Pero de lo que sí podemos estar seguros es de que muy pocos entendieron en el momento de qué estaba hablando.
Por supuesto, no significa que una palabra es "más buena" cuando llega inmediatamente, y es "menos buena" si es intelectual, difícil o alambicada... ¡justo yo, incapaz de hablar en sencillo, no diría eso nunca! Una palabra es buena en la medida en que es verdadera, independientemente de si es sencilla o complicada, rompedora o tradicional. A salvo eso, lo de Benedicto tardará mucho en llegar, se habrá perdido la memoria de su pontificado y los teólogos seguirán "haciendo descender" la doctrina de la continuidad tensa entre eros y agape a formulaciones más elementales y "prácticas", mientras que lo que dice Francisco provoca otra clase de efecto, más inmediato, y tan necesario como el "efecto teológico".

Todos necesitamos que se nos hable personalmente, no basta con que nos digan que Dios dijo tal o cual cosa, necesitamos más bien sentir que Dios se dirige a nosotros, y para eso estableció él mismo las mediaciones sensibles. Si nunca sentimos que la Iglesia es ella misma el Dios que habla a cada uno en su lenguaje, entonces la Iglesia no sirve para nada.
Le tocó el turno al lenguaje sencillo, al que no le toca casi nunca, al lenguaje poco "técnico", que parece incluso "descuidado", pero también al lenguaje de problemas religiosos de todos los días, el chismerío, el arribismo, el parroquialismo cerrado... Jesús ha querido ahora pasar de la casa del fariseo cultivado, con quien discute en lenguaje de teólogos, a la casa de Zaqueo, a quien le dice "hoy ha llegado la salvación a esta casa", y esa palabra le perfora el corazón.
Una frase marginal de la entrevista en el avión al regreso de Corea no parece haber llamado mucho la atención de los blogs católicos, pero es toda una novedad: "Yo no soy teólogo". Y no se limita a decirlo: en el curso de la entrevista, frente a una pregunta sobre Mons. Romero, dice que la cuestión en sí debe ser estudiada por los teólogos, pero "piensa que..."; incluso sin ninguna clase de problemas reconoce que "su" próxima encíclica la están redactando gente competente en ello, precisamente porque no es la charlita del avión, sino un texto de Magisterio. Francisco siente (creo yo) muy hondamente que él no es teólogo, y actúa como tal.
Eso es magnífico: ¡hemos sobrecargado a lo largo de la historia al papado con tantas cosas! entre ellas con la responsabilidad de ser teólogo, y es más: de ser un gran teólogo. Y así como en otras ocasiones el papado se desprendió de la tiara, de la silla gestatoria, etc.... ahora se desprendió de algo que tampoco es bueno que le siga pegado: el papa no es, por ser papa, un teólogo, ni mucho menos un gran teólogo, lección que a lo mejor -Dios lo permita- le hace cosquillas a algunos obispos.
Para teólogos están los teólogos, para exégetas, los exégetas, para comunicadores sociales los comunicadores sociales, y para pastores los pastores. Pedro está para ser ícono de la unidad de la iglesia, lo que incluye ser ícono visible del Dios que se acerca, en Jesucristo, a cada uno. En el lenguaje y modo que cada uno requiere. Ese es su modo de ser pastor y maestro.

domingo, 10 de agosto de 2014

Sonatina «Horacio Dantur»


Cuando murió mi papá, el 18 de marzo de este año, escribí una noticia sobre él en este mismo blog, donde, con toda la tristeza del momento, presentaba su figura, en especial en relación a su música.
Unos días más tarde, el 12 de abril, moría también en Buenos Aires el Sr. Horacio Dantur, compañero de secundaria en el Nacional Buenos Aires y amigo de mi papá. Yo no lo conocía, pero su hija, la Sra. Alejandra Dantur, buscando información sobre mi padre en el web, llegó hasta mi post. Por los libros que escribió y su vida pública (aunque opacada en los últimos años), googleando "Hector Della Costa" salen varias entradas, pero Alejandra vino a mi post, de lo que tengo que agradecer a Dios.
Resultó ser que a los 17 años mi papá escribió una sonatina para violín y piano, que dedicó a su amigo por su cumpleaños, reservando la parte de violín para Horacio, y la de piano para un tal Agüero -seguramente como ellos compañero del Buenos Aires-. La partitura la guardó Horacio como un tesoro, y llegó así a manos de su hija, cuyos hija e hijo a su vez estudian piano y violín, respectivamente.
Con gran generosidad, entre los tres pasaron la partitura manuscrita a una edición electrónica en Finale (¡en el endiablado Finale!), y ya es escuchable electrónicamente; mientras tanto, según creo, la preparan para ejecutar humanamente. ¡Y todavía Alejandra me pide disculpas por mail por haber tardado "tanto"!
Es una partitura compleja, evidentemente papá quería mostrar todo lo que sabía en composición, así que no se ahorró notaciones extrañas ni disonancias curiosas. Pero es a la vez fresca, y contiene ya en germen lo que será luego su música de compositor maduro: el oyente no se da cuenta de que está escuchando algo muy difícil, a él le suena natural y sencillo. Es la estela de los artistas que templan su espíritu en Mozart: no necesitan decir "miren qué complicado soy".
Por el dominio de la escritura es evidente que no es su primera obra, aunque sí es la primera y más antigua que tengo de él. De hecho yo estaba convencido de que, aunque sabía leer música desde joven (gracias a lo cual tuvo su primer empleo en SADAIC), había comenzado a componer de mayor; no tenía idea de que lo hiciera ya tan tempranamente.
Me uno por completo al juicio que me hizo Alejandra por email y que me permito transcribir:
«para mí es una obra muy bella, singularísima, llena de disonancias y armonías no convencionales. Me emociona escucharla; se percibe claramente que es el trabajo de una mente joven y, sin duda, genial.»


Sonatina Horacio Dantur by ejecución midi on Grooveshark

Hay que recalcar que es ejecución electrónica (automática), y ni el violín ni el piano suenan con calidad (por ser los sintetizados en un ordenador normal), ni con la calidez que le da la interpretación humana. Pero sirve para hacerse una idea.

Las imágenes que acompañan son el escaneo de la primera página del original (con la caligrafía musical tan característica que acompañó a papá toda su vida), y la misma, tipeada. Muchísimas gracias, Alejandra e hijos, un trabajo emocionante y absolutamente impagable.